domingo 19 de febrero de 2012

La prosa difícil de António Lobo Antunes

Encuentro un placer particular en leer libros difíciles. No lo hago a menudo, pero, cuando me interno en esa farragosa tarea, un tufillo de heroicidad insufla ese acto de desciframiento y entonces campea un orgullo silencioso. Casi nunca termino esos intricados monumentos de palabras. Los abandono por cansacio una vez que ha pasado el retemblor de admiración inicial.

Abandoné Paradiso, Los pasos perdidos, El pez de oro, Adán Buenosayres...Pero esta vez quiero cambiar. Estoy enfrascado en El orden natural de las cosas del portugués António Lobo Antunes, un libro de la estirpe de los difíciles. Se trata de una novela coral que altera la sintaxis y la puntuación para retratar los fluidos mentales de las voces, las cuales se sumergen en los vericuetos de sus recuerdos y dan cuenta de sus visiones del mundo con un lirismo contundente. Todos estos ingredientes producen que el texto sea difícil de seguir. Empero, la sabiduría que destilan las frases le dan un gran vuelo a este objeto artístico de diégesis enrarecida. Por algo Lobo Antunes es un asiduo candidato al Premio Nobel, así su obra carezca de un potencial masivo. Cuando, en unos días, me desocupe de mis quehaceres académicos, regresaré a las páginas de El orden natural de las cosas con el ánimo de culminar su lectura. De esa manera habré evolucionado como lector.

miércoles 15 de febrero de 2012

AFTERDARK de Haruki Murakami

De espaldas al barullo amical y sus irritantes actividades, me sumerjo en la lectura literaria en mis ratos de solaz. Solo así siento que capto la esencia de las cosas. Me niego a ser un monigote más de juergas playeras, arrumacos que fatiguen mi herniado cuerpo y cevichitos grupales rociados de veloces litros de chela. La lectura es lo único que me permite ser un hombre que piensa.

El último objeto consumido en ese ejercicio placentero es la novela Afterdark de Haruki Murakami. La historia narra, en una suerte de tiempo real manifestado en los relojes que aparecen al inicio de cada capítulo, el encuentro casual entre dos habitantes de Tokio: una chica solitaria y un joven músico. Este punto de partida abrirá la trama hacia potentes niveles de emoción. Los sucesos acaecidos en un hostal, donde una prostituta china ha sido vejada por su cliente de turno, imprimen a la historia un hálito de novela negra que robustece el producto, pues lo torna más atractivo.
Afterdark, narrada como si de una película se tratase, es una novela ligera y entretenida, ideal para devorar en medio de los bullicios del transporte público, como lo hice yo en dilatados trayectos por la infernal Javier Prado. Esperaba, eso sí, un final de la novela más redondo, menos gaseoso.

domingo 12 de febrero de 2012

J. EDGAR, el filme más reciente de Clint Eastwood

J. Edgar es la película más reciente del gran Clint Eastwood, la cual repasa varias décadas de vida del director del FBI cuyo nombre da título al filme. Un Leonardo di Caprio más maduro y cuajado da vida al protagonista, desde la etapa germinal de su trabajo en la Agencia hasta los momentos finales, donde el actor tuvo que pasar por un largo proceso de caracterización en pro de la verosimilitud. Al ver al treintón Di Caprio maquillado como un anciano recordé, de súbito, al gran Orson Wells de El ciudadano Kane, quien hizo algo similar cuando tan solo era un veinteañero.

Eastwood ha resuelto bien, pienso yo, el difícil reto de abarcar varias décadas en la historia de Estados Unidos desde el caso particular de J. Edgar, a quien presenta desde la intimidad para humanizarlo con destreza ante los ojos del espectador. Interesantes las relaciones del protagonista con tres personajes: su secretaria, su segundo en la institución y su madre. Acertada, creo yo en contra de algunos comentaristas españoles, es la estrategia temporal basada en paralelismos claros, cimentados en el binomio J. Edgar joven/ J. Edgar anciano.Asimismo, y tal como lo hizo Eastwood en Banderas de nuestros padres, me gustaron las preguntas que se imponen al final de la película: ¿es la historia que conocemos la real?, ¿qué mentiras se anidan en la historia oficial de un país?
El octogenario Eastwood ha construido una película digna, interesante y sustanciosa. Desde hace buen tiempo, el cineasta estadounidense nos viene entregando filmes de buena factura. He procurado ver todos los que se han proyectado en las salas limeñas. Recuerdo que, aún escolar, fui a ver Crimen verdadero con mi padre y quedé estremecido por ese actor de voz rasposa y mirada certera. Luego, he visto, en familia y solo a veces, la mayoría de sus películas: Río Místico, One million dollar baby, Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, Gran Torino, Más allá de la vida y J. Edgar.

La perseverancia



Publicar, el sueño de tantos. Pero, un vez que se alcanzó ese sueñecito, ¿qué hacer?

La pluma debe escribir el segundo libro, desde cero. Debes encarar la misma lucha con las palabras, acopiar el mismo sudor en tu cuerpo, la misma intranquilidad, los mismos fantasmas. Y el proceso se repite. Tu segundo libro sale del horno y le encuentras mil defectos, como también hiciste con el primero. Y no solo tú. Allí siguen los lectores para juzgar la obra. Tal vez la gente te ubique un poco más. Tal vez los que compraron el primer libro también compren el segundo. Entonces, comienzas a competir contigo mismo, que es la peor de las competencias. ¿Qué libro es mejor? ¿El primero o el segundo? ¿Cuál obtuvo mejores críticas? ¿Cuál te gusta más?

Y, cuando el fárrago de la publicación ha pasado y los ejemplares se diseminan en decenas- ojalá centenas- de manos, se impone el proyecto del tercer libro. Y hay que comenzar de cero una vez más. Tal vez mi síntesis del proceso no sea real, pues hay muchas plumas que escriben libros en simultáneo y ya llevan avanzando uno nuevo cuando acaban de publicar uno que demoró demasiado en la editorial y la imprenta. Pero la idea es continuar. Seguir como sea, en el tiempo que sea. Y apostar por la historia que ya ha crecido en tu cabeza, así sientas que está coja. Toda historia estará siempre coja, pero hay que hacerla caminar.

Y luego del tercer libro, ¿qué? Pues el cuarto y el quinto y el sexto... El asunto es escribir como quien sube una escalera interminable. Solo de esa forma se es escritor. Con la perseverancia.

viernes 10 de febrero de 2012

Huérfano de mujer de Carlos Eduardo Zavaleta

Cuando Alfaguara publicó Huérfano de mujer en el año 2008, me interesé de inmediato en esa novela por varias razones. En primer lugar, se trataba del ingreso de un autor célebre como Carlos Eduardo Zavaleta al mundo de las editoriales grandes. En segundo lugar, el título resonó en mi cabeza.

Recién ayer pude cumplir el deseo de leer esta novela. Como el libro cuenta apenas con 109 páginas, solo me tomó un par de días terminarlo. Antes de leer, le di una googleada al título y encontré un comentario de Javier Ágreda. Al leerlo, me di con la sorpresa de que Huérfano de mujer no se trataba de una novela poderosa y desgarradora, como yo sospechaba, sino de un relato irregular que daba cuenta de la pérdida de rigor del escritor ancashino, quien, dicho sea de paso, murió hace poco.

Pues bien, Ágreda da en el clavo al mencionar varias falencias. Una de ellas es el descuido en el uso de la primera persona y la tercera, pues, en varios tramos, irrumpe una voz distinta que provoca cierta perplejidad en el lector. Otras falencias son el uso del lenguaje en los diálogos, pues por ratos suena pasado de moda; el uso exagerado de signos de admiración; y la abundancia de conversaciones que llegan a ser un poco tediosas por el tinte frívolo. Por otro lado, he sentido que el autor ha resumido demasiadas partes y ha recurrido a la elipsis a diestra y siniestra.

Pero no escribo este post para denostar a un grande como Zavaleta, quien posee títulos importantes, superiores al texto comentado aquí. Hay que mencionar que he encontrado, en Huérfano de mujer, algunas páginas-sobre todos las finales- donde el escritor hace gala de un lirismo cuajado, con frases a la altura de los sentimientos que envuelven a un viudo reciente. Algunas frases me hicieron sentir, a mí también, un huérfano de mujer. No le puedo reclamar a Zavaleta falta de emotividad. Para nada. Ese nervio es un buen aliciente para perdonar los descuidos estilísticos.

lunes 6 de febrero de 2012

Patrimonio( Una historia verdadera)- Philip Roth

Patrimonio( una historia verdadera) es una obra de Philip Roth que marca la diferencia por su tinte autobiográfico. Aunque, si queremos ser precisos, habría que aclarar que se trata, más bien, de un minucioso retrato del padre, personaje que se yergue poderoso, sólidamente verosímil. El paso del tiempo, materializado en las enfermedades seniles, deja cada vez más huellas en el cuerpo del progenitor, un hombre pragmático, silvestre, henchido de matices interesantes, y a veces jocosos, que transforman las simplezas cotidianas del hombre en sabia lírica.

El gran Philip Roth, a quien comienzo a admirar y querer, se muestra con descarnada sinceridad, como debe ser un novelista de raza. Roth, con su personalidad de hombre fuerte, es una muestra de lo que es un escritor y no alguien que escribe un libro, quizás dos o tres. Roth, el luchador de las palabras, una pluma incansable, un artista a quien el Nobel debería llegar lo más pronto posible.


Patrimonio( una historia verdadera)

Roth, Philip
Seix Barral, 2003
239 páginas

sábado 4 de febrero de 2012

Destino de silencio

La vida social es Facebook, ese mal necesario de nuestro tiempo que ayuda cuando de contactar mujeres se trata. La vida social es intercambiar bromas, dar clases, espectar clases, asistir a capacitaciones y rajar del mundo mientras se toman unos tragos con los íntimos. Vida social es estudiar una carrera y reunirse en grupo con un puñado de chicos. Posiblemente, algunos de ellos se conviertan en compinches y algunas de ellas hasta en amantes para citas relámpago. En la vida social está el periodismo y su maravillosa forma de contar la vida.

No obstante, si la vida se limitara a eso, vivir sería miserable. Felizmente existe el arte. Felizmente existe la literatura para permitirnos soñar, escapar, estallar de placer y crear. Sin los libros de ficción, la soledad sería una vacuidad. Literatura es también revancha, desahogo, venganza, una trinchera. Desde ella podemos armar un mundo paralelo que se parezca mucho al mundo en que sobrevivimos.

Cuanto más me veo obligado a interactuar con personas, más siento la necesidad de entregarme a la literatura. Ella me limpia, me hace sentir especial, me permite respirar vientos de sinceridad. Cuando tengo un libro entre manos, me siento feliz y poderoso. Y cuando tengo en mis dedos la misión de escribir una historia, imperfecta como todas las que invento, siento que solo así se valida mi existencia. Y siento orgullo, no del objeto que estoy creando, sino de mis ganas, el punche que motivó ese momento, así el resultado sea residual, incipiente. Me maravilla que, en medio de un mundo signado por lo efímero y el mero significante, existan pulsiones tan poderosas como el instinto de crear. Cambiará el mundo, pero yo no, parafraseo al Borges de El aleph, sonriente e irónico. Y continúo, consciente de mi total derrota, continúo. Ese es el destino de silencio que me ha escogido cuando la vida social hace una pausa.

No existiría vida, al menos la mía, sin literatura.