jueves 30 de abril de 2009

Casi secuestrado


¿A quién no le han robado en la hermosa Lima? A mí varias. Las enumero:

A los quince años. Caminaba a pleno sol con un amigo del colegio cuando, de súbito, dos rufianes nos tomaron de los cuellos. Nos llevaron hasta un parque cercano al Ministerio de Trabajo, a unas cuadritas de la transitada avenida Salaverry. Al llegar al parque, nos quitaron la plata( dejando unas moneditas para que pudiéramos regresar pronto a nuestros hogares con la mala nueva del asalto). Pero mi amigo fue quien llevó la peorísima parte: le "intercambiaron" sus Adidas nuevecitas por unas "Vanz" bambas y casi descuartizadas.

A los veintidós años. Esperaba el micro en La Marina, bordeando las doce de la noche cuando, de pronto, una pandilla irrumpió de no sé dónde. Uno de estos granujas me tomó por detrás y otro( supongo) me quitó veinte soles del bolsillo. El único dinero con el que contaba para vivir. Al día siguiente, tras recolectar todas las monedas que hallé en mi cuarto( daban un total de 3 soles cincuenta) comí por primera vez en el mercado de Lince y fui caminando en busca de mi hermana, quien me prestó unas luquitas para que pudiera ir a mi clase de inglés en transporte público.

A los veintitrés años. El año pasado. Frisaban las diez de la noche. Antes de cruzar un oscurísimo puente que pasaba sobre la Vía Expresa, un Tico morado se estacionó a mi lado. Bajaron dos tipejos que se dirigieron hacia mí. Yo intenté huir, pero, debido a mi pesada mochila, fui alcanzado sin problemas por este par de desgraciados que me encantaría destruir. Uno me tomó de las piernas; otro, del cuello. Pataleé, me resistí, luché por zafarme, pero nada. Al ver mi reciedumbre, mi terquedad, uno de ellos le dijo al otro: "Saca punta, nomás". Entonces, me acobardé y me rendí. Lo que ellos querían era subirme al Tico. Mejor dicho, secuestrarme al paso. Pero solo me tumbaron en el pasto y me quitaron todo lo que tenía en los bolsillos: mi llave, mi celular viejo y barato, mi billetera con mis carnets. Antes de largarse dejándome tirado en pleno jardín de Peugot, al borde de la furiosa Vía Expresa, uno de estos imbéciles me propinó un manazo en la cabeza, para que no pudiera pararme al instante. Mientras veía el escape del Tico, en el cual se iban mis pertenencias, sentí humedad en mis pantalones: me había orinado.

martes 28 de abril de 2009

EL bravo es él


Con este no se juega. La prosa de Juan Carlos Onetti es áspera para los inconstantes, deliciosa para los obcecados. Todo mi 2008 fue suyo. Releí Juntacadáveres; leí El astillero, El pozo, algunos cuentos, Los adioses, La cara de la desgracia, Para una tumba sin nombre, Cuando ya no importe y La vida breve.
Ahora, en el 2009, leí varios de sus cuentos: Mascarada, El infierno tan temido, Un sueño realizado. En estos días, me encuentro enfrascado en la difícil lectura de Dejemos hablar al viento. Quiero leer toda su obra, completita. Falta regular todavía. Un buen puñado de novelas, de las cuales algunas no aparecen en las librerías limeñas, y jamás aparecerán. Le pediré a la profesora Fraga, mi asesora de tesis, compatriota de Onetti, que me preste aquellas obras. Ella las tiene todas. Le pediré ese favor.
Onetti es el escritor que más admiro. Cada frase suya es perfección. Es un fabulador maravilloso, un gran compañero de largos silencios. Ante él mi supuesta prosa de saco y corbata naufraga, se acobarda. Nunca seré tan bueno como él. Eso está escrito. Pero el éxito vital no está en llegar al objetivo, sino en buscarlo. No seré Onetti jamás, pero seré el mejor Anticona del que sea capaz. El mejor. Lo juro.

lunes 27 de abril de 2009

La prosa de saco y corbata


Ayer fue la ceremonia de graduación de mi hermana mayor, egresada de Medicina de la Cayetano Heredia. La foto que está arriba corresponde a dicho evento. Mi hermana menor, fanática de la fotografía, fue quien tomó la imagen. Colocarla en el blog, en la parte de datos personales, es parte de los arreglos que le pretendo hacer a este portal individual de desahogo. Por ello, también he colocado un subtítulo al encabezado de la página.

¿Y por qué colocar una foto en la que aparezco con terno? Como símbolo de la elegancia- tan criticada- de mi prosa. En la realidad, en la cotidianeidad, soy un ser vulgar, altamente lisuriento, locuaz, egoísta y venenoso, casi siempre insoportable. Mucha gente me quiere golpear luego de oírme. Hay uno que me odia a muerte- me pegó el año pasado- porque una ex amiga suya( a la que él "amaba" en angustioso silencio) ahora va de la mano conmigo. Asimismo, un desconocido me golpeó en la nariz en una discoteca. Otro granuja me asestó un puñetazo en un pómulo hace mucho. Mi procacidad me vuelve un ser tóxicamente vulgar , hiriente e insoportable. Pero, cuando toca sentarse a escribir, me coloco el terno, la corbata, y entonces principia un derrame de palabras engarzadas en un espíritu barroco, exquisitamente rítmico. Cuando escribo me pongo terno. Cuando escribo, soy pura elegancia. Cuando escribo, soy otro yo, un mejor yo. Un yo que prescinde de las lisuras y la ansiedad. Un yo calmado, reflexivo, elegante, enternado.

Un yo mejor que el que camina por las veredas limeñas, temeroso de que lo asalten, o de que alguien cobre venganza de algo que hizo y que para él fue solo una broma. Un mejor yo que el que usa siempre short y medias rayadas. Un mejor yo que esa lacra vanidosa y defensiva en sus últimos días de autor inédito.

¿Temblor?

Hace poco más de quince años, jugaba con mis hermanas en el cuarto. Manipulábamos juguetes, reíamos, retozábamos. De súbito, una fuerza invisible comenzó a acercase en la ventana. Era como un puño transparente que se aproximaba a una velocidad brutal. El vidrio retembló unos segundos. MIs hermanas y yo quedamos perplejos, inmóviles. Mientras la vibración daba sus últimos remezones, Verónica, la empleada de la casa, ingresó al cuarto y, aterrada, nos abrazó.
Yo no supe qué pensar. ¿Temblor? Luego, supuse, con suma naturalidad, que era un cochebomba. En esa época convivíamos con ellos, también con los apagones. Pero nunca lo había vivido de tan cerca. Sendero nos había alcanzado. Minutos después, vimos por televisión que el cochebomba se había producido en la Embajada de Japón, en la avenida San Felipe, a escasas cinco cuadras. Hubo dos muertos y una veintena de heridos. Al salir a la calle, me topé con un alboroto de vidrios rotos, de llantos y sustos. ¿Cuándo iría a acabar todo esto? Yo no sentía angustia por ello. Era mi hábitat. Pero los adultos, medrosos, cuchicheaban mientras miraban las ventanas rotas, las casas descuartizadas por la explosión.
Recuerdo que, días después, les confesé a mis padres que yo amaba a todos los seres del mundo, a todos, sin excepción.
-Hasta a Abimael Guzmán- dije desde la inocencia de mis siete años.
Mis padres sonrieron complacientes, pero temerosos, demasiado temerosos.

Las urgencias del arte

Hay muchos consumidores creativos del arte y muy pocos artistas. Hay muchos lectores de libros literarios y muy pocos devoradores de líneas bellas aquejados por el escalofrío de la inmensidad, el lapso de perfección. Pocos asumen los compromisos de la soledad. La mayoría se aturde en bullicios sociales( trabajo, amor, pasatiempos en grupo).
La mayoría de autores que publican libros luchan para que la realidad los recompense con dinero y fama, "reconocimiento", cuando exigir esas exquisiteces es una huachafería en nuestro lindo país. Concursos, coloquios, currículum, seminario, joven promesa, secreto mejor guardado. Términos que caen en la grosería de la realidad.
El talento auténtico no se avergüenza de sus obras, de sus futuras obras, de su potencial. El que no está seguro, pues no nació para esto. Quien se sabe expresar tiene el poder. El respeto. No el dinero. Pero no importa. Una cosa es redactar bien y otra escribir bien. Ser mago de vacuos divertimentos resonará entre amigos, entre no especialistas. El mago de la fábula retumba en todos los espíritus que lo leen, por más supinos, presurosos o intoxicados. Si te gusta escribir de cuando en cuando, pero no te nace la urgencia de escribir y tener bajo la manga una obrita digna, por más humilde e imperfecta que sea, pues entonces tampoco naciste para esto. Esa urgencia es vocación. Lo demás es bullanga social, bazofias de luces y complacencias epidérmicas. Esa urgencia es vocación, esa ansiedad ese dolor esa taquicardia ese temblor constante esa obsesión que nada puede paliar esa lagartija carcomiendo el tiempo el espíritu. Esa urgencia es la vida misma del artista. No figurar: existir, regalarle un puñadito de uno mismo al alma del Arte, lo que nos hace felices. Esa urgencia es vocación, lo demás es consumismo, zumbido externo, chabacanería de cafetín, de autógrafo, de conferencia, de feria. Si no hay vocación, si no hay esencia, se es solo un fantonche mediático, un oportunista con talento. Gente con talento hay mucha, muchísima. El arte es talento más dedicación sinceridad grandeza de espíritu. Sin esa urgencia, ¿qué sería estar vivo? Despertarse- trabajar- comer-cagar-amar-dejar de amar-volver a amar. Aquello es insuficiente. Aquello es un insulto para la vocación. Sin esa urgencia nada hay. Solo estropicios de la realidad. Placeres de cerdo en lodazal. Vivir para el resto, para adquirir el respeto del otro. Si importa mucho lo Otro, entonces se está perdido, se divaga, se puede caer en corrupción, en latrocinios vulgares, en doble moral en doble cara en dobleces de personalidad que todo ser inteligente capta y desprecia, entre risas.
Sin esa urgencia bendita no habría nada. Me urge esto...para siempre.

Oda al Zorrito Wilmer Aguirre


Contudente cual ceviche
el Zorrito entró a la cancha
gordo como una avalancha
fue un zarpazo pal Mansiche.
En el área fue un metiche
zigzagueó sin más gambeta
y logró horadar la meta
a pesar de ser suplente
su patada contudente
venció al cuadro del poeta.

viernes 24 de abril de 2009

Escueto fragmento

"Las luces de Larcomar bordeaban el abismo que se derrama hacia las playas de la Costa Verde. Una fila de respiradores, suerte de chimeneas acrílicas, señoreaban sobre lo que, en otro tiempo, fue el parque Salazar. La noche, en etapa de madurez, empezaba a decaer en coloraciones púrpuras, marrones. Ya la negrura de la nocturnidad joven se había diluido. La gente era un vendaval de andanzas de colores y risas; una marabunta de felicidad, estupidez y suavísimos tratos que lo poseía todo. Belleza, animosidad, la palabra exacta impregnándose en salivas espontáneas. Poseían el beso, la carne ajena, la tibieza de los fluidos, el desenfado de los tópicos del amor. En cambio, Mircia únicamente poseía, ahora y solo ahora, la frialdad del cálculo, la sobriedad aparente que confiere el odio, la amargura de todo observador inteligente que es incapaz de tocar, asimilarse, convivir con naturalidad y espíritu libre. Odiaba, pero al menos estaba insertada en la experiencia, en la esencia vital que provoca el olvido de la muerte".




jueves 23 de abril de 2009

Pasemos a otro tema

Ya el tema de la publicación- PROYECTO ALTAMENTE INDIVIDUAL- es solo una cuestión de tiempo. Esperar un poco para que se haga realidad. Por ello, espero con tranquilidad, en bendita soledad, sin ganas de manoseos del exterior.
La publicación ya dejó de ser una obsesión. Ya está hecho. Cuando hayan cosas más concretas lo anotaré aquí. Por ahora no. Por ahora pasemos a otro tema.

martes 21 de abril de 2009

Un lobo en Matute


Alegraste mi domingo
como un sueño de Estambul,
artillero blanquiazul,
nos salvaste, gran vikingo.
Eres macho, grone gringo,
no haces caso al vituperio
pese a no ser color serio,
te metiste una pirueta
que logró tocar la meta:
diste el gol en nuestro imperio.



lunes 20 de abril de 2009

Vivo

Mañana me reuniré con el director de Rayuela en Miraflores.
Ya se acerca el momento.
Al fin he dejado de esperar.
Mi debut literario no será más postergado, ya no más.
Me siento vivo, más vivo que nunca.
Hoy, tras veinticuatro años de vida, recién me considero vivo.

domingo 19 de abril de 2009

El graduado


Si no me equivoco, lectores confidentes de este blog, el miércoles 29 es la ceremonia de graduación de mi facultad. Supuestamente, yo debería vestirme de toga y birrete y aguantar la tortuosa ceremonia de graduación de Letras y Ciencias Humanas. Pero no quiero y no puedo ir. A la hora del evento debo enseñar. Por otro lado, odiaría disfrazarme y brindar con mis familiares. Me incomodaría demasiado. No lo soportaría. Sé que a los padres les encantan esas ceremonias. Y es lo normal. Visitar el lugar donde tu hijo ha estudiado tantos años. El lugar que lo ha forjado como profesional. Sé que a mis padres les gustaría ir. Pero tendrán que perdonarme. Ir me haría infeliz. Además, no quiero que me paguen dos horas menos.

Lo que haré sí o sí es esperar a mis compañeros graduados- ahora colegas- al final de la ceremonia y acudir junto con ellos a mi clásico recinto de la ebriedad.

Elo's.

Solaz

La semana que pasó me prodigó algunos momentos de solaz. Pude distraerme un poco de la obsesión editorial que me aqueja desde hace tanto. El jueves nocturno fui, junto con Cinthya, a ver a Sabor y Control en el Dragón de Barranco. El viernes visité el jirón Quilca( con ella también) y caminamos hasta la Plaza San Martín, donde, entre cigarros, presenciamos la morosidad del ocaso y el advenimiento de la negritud. Ayer, luego de dictar mis seis horas, jugué fulbito con mis amigos de Literatura; después fuimos al Elo's para alcoholizarnos y celebrar el cumpleaños de Javier. Bebimos varias horas, entre bromas y risotadas. Todos se reían de que yo estuviera con camisa y short deportivo. Retorné en taxi con mi amigo Jaime; conversamos sobre poesía y narrativa. Me bajé en el cruce de Rivera Navarrete y Javier Prado. Azuzado por el hambre, caminé hasta el grifo de Paseo Parodi y me compré un endeble sánguche de pollo. Caminé hacia la casa de mi abuelo fustigado por el cansancio del fulbito y el licor. Cuando me metí en mi cama a las tres de la mañana, azuzado por la ebriedad, pude oír, vía hilo telefónico, antes de caer en el páramo del sueño, la voz incondicional que siempre me apacigua.

viernes 17 de abril de 2009

Garganta rotunda

Me duele mucho la garganta. Creo que no me he recuperado totalmente de mi malestar. Hoy estuve dictando asesorías durante tres horas y media ininterrumpidas, junto con mi amigo Angello. Atendimos a diecisiete alumnos. Fue una vorágine de temas y palabras. Cada alumno requería ser asesorado en distintos asuntos: esquemas, tildación, puntuación... Los temas eran variados y debí dividir mi cerebro en varias partes para poder atender a todos. Creo que salió bien. Pero el problema es que terminé con picazón en la garganta. Lo malo es que mañana tengo que dictar de 9 a 3. Espero resistir. Pese a estos inconvenientes, cumplo con agrado mi trabajo. Cada hora más de labor aumenta mis fondos para lo que ustedes ya saben, el tema con el cual los tengo podridos desde hace un buen tiempo.
Mi primera novela.

El Palacio de la Soledad

No hay que poseer una masa encefálica extraordinaria para darse cuenta de que este blog es para mí una suerte de diario, un compendido de mis días, un desahogo, un escape, un respirador en medio de las trampas agobiantes de la realidad. No solo me encanta escribir, sino que necesito con urgencia hacerlo todos los días, a todo momento. Jamás conversar con la gente ha significado para mí un ámbito de sinceridad y espontaneidad. La gente me perturba, me aburre, me da cólera. El ruido del mundo me vuelve infeliz. La realidad es sucia. Todo ya ha sido tocado. Todo es impuro. El aire, los cuerpos, la memoria. Todo está infamado por la impureza. Por eso no me gusta. Prefiero el silencio, aunque no lo crean por mi personalidad hablantina. Solo me hace feliz el palacio de mi soledad, donde ninguna pieza es conocida por nadie. El escondite donde vivo con mis secretos, donde escribo esas historias que pretendo mostrar al mundo. Nadie sabe de ese palacio y nadie nunca lo conocerá. Bueno, sí es posible conocerlo, pero solo por medio de lo que escribo. La palabra oral es indigna de cobijar esos contenidos. Solo escribiendo soy feliz. Porque soy Dios, porque soy dueño del mundo, porque con mis palabras creo otra realidad más intensa, tal vez más trágica, pero mucho más hermosa. Cada post de este blog es un escape, una afrenta más contra la impureza del mundo. Solo aquí, solo escribiendo, puedo ser yo. Lo demás no importa, jamás importó.

jueves 16 de abril de 2009

El difícil arte de matar


Mi sueño es llegar a escribir una extraordinaria novela policial. Mi novela Lima Norte, la que pretendo publicar, posee guiños detectivescos, pero no es lo principal. Uno de los protagonistas es un ex soldado enloquecido que porta un arma. Pero queda allí. Queda como algo marginal.

La novela que estoy escribiendo actualmente se llama Los olvidos, y posee ribetes policiales con mayor claridad. Hay varios asesinatos que signan la trama. Hay preparación de crímenes. Hay crímenes consumados. Pero, del mismo modo que en Lima Norte, no es lo medular de la obra. Me parece que lo principal de ambas obras es el tema idiosincrático, un acercamiento a la esencia de ser peruano. Ese es mi campo. Pero lo bueno es que, poco a poco, me voy acercando más a ese sueño de novela policial. Crear un auténtico thriller poblado de mujeres fatales, detectives viciosos y mujeriegos, ancianos millonarios. Creo que voy por buen camino, porque en mis historias nunca falta un arma, una prostituta, una escena de espionaje. En Los olvidos habrá mucho de eso. Planeo acabar de escribirla en un par de meses. Ya llevo 57 páginas escritas. Me parece mejor que Lima Norte, por eso mi apuro de publicar. Para no embarrar más a la obra de mis veintidós años en los torrentes de mis juicios de valor y desecharla por pudor y odio. Para no acribillarla en cualquier esquina sigilosa.

Como un asesino chapucero, trataré de dejar mucha huella con esta víctima del tiempo y la sempiterna paciencia.

Lezama...Lima, Onetti

He adquirido la costumbre de leer literatura luego de mi clase de inglés. Lo hago en la sala de estudio del Icpna, en el noveno piso, rodeado por ventanales que permiten regocijarse con la estampa viva de mi querida Lima. La orilla del mar avanzando aviesa hacia La Punta. La isla El Frontón como un largo promontorio. La cúpula de Magdalena como una pieza fantasmal. Los edificios de Miraflores y San Isidro. El cerro San Cristóbal. Al otro lado, las fábricas humeantes del Callao, el chubasco abigarrado de las casas. Las serpientes de las avenidas, el vendaval de letreros, la colorinesca vida de los limeños.
Pues ahí, ante esa visión de panóptico, me siento para leer, lanzando ojeadas, en el intervalo entre párrafo y párrafo, a algún trozo de la ciudad.
Ayer leí un capítulo de Paradiso de Lezama Lima. Fue intrincado, pero fructífero. Aprendí muchas palabras nuevas. Por ratos me perdía, pero el disfrute se alzaba imbatible, rutilante, ajeno a la marea de voces que me circundaba.
Hoy leí un capítulo de Dejemos hablar al viento de Onetti. Pese a que este uruguayo posee una prosa difícil, comparada con el barroco Lezama Lima se hace dócil al entendimiento. Gran capítulo. El personaje Medina-detective- y la prostituta Frieda se emborracharon recibiendo el año nuevo. Bienaventurados ellos, que viven en Santa María, en Lavanda, lugares donde la inmundicia es virtud. Aquí solo tengo a mi ciudad cucufata e hipócrita, tan amada, entre cuyas murallas naceré como escritor.

miércoles 15 de abril de 2009

Se acerca mi navidad personal

Terminando de dictar mi clase de hoy, rodeado de oscuridad y ambarinos lustres, me crucé con el muchacho de Rayuela, mi inminente editor. Me dijo que mañana en la noche me escribiría para explicarme cómo vamos a hacer para la publicación. Espero que no haya sido una frase insincera, producto del compromiso. Espero, de corazón, que sea verdad y que el proceso de la publicación se inicie de una vez. El lunes me pagan. Ya no habría más esperas. Si me manda ese mail, ya todo estaría encaminado. Ojalá. Si pierdo esa oportunidad estaré casi en cero. Ya quiero deshacerme de esa novela juvenil. Quiero publicarla antes de que la rompa a pedazos en un momento de rabia, que no son pocos. Quiero escupirla, arrojarla al exterior. Quiero librarme de ella. La amo tanto que casi la odio. La odio con todo mi amor de padre. Hijo querido, primogénito, sal del útero de una vez. No quiero abortarte, feto juvenil. No quiero arrojarte al desagüe de la cobardía. Sal de una vez y déjame vivir. Déjame ver el futuro. Quédate atrás y críate solo. A mí solo me corresponderá parirte con un quejido furioso, orgulloso, valiente. Ya no me desangres más, hijo mío. Sin embargo, te amo tanto, demasiado. Tanto que me gusta odiarte. Pero tú no me odies. Eso está prohibido. Te caerá tu tas tas en el culo pelado, en la carátula pelada. Suelta al mundo de una vez tus balbuceos y no me jodas más con tus llantos. Lárgate de mi, por favor. Prometo ponerte en bonitas páginas pañalonas. Bebé con pasta. Bebé cocido, encuadernado. No me quites más mi dinero. Con un mes de mi sueldo está bien, maldito feto del carajo. No seas malo. También debo vivir. No me quites más de un mes de sueldo. Ya me has quitado muchas horas de sueño, muchas amarguras, ansiedades, muchos dolores de cráneo y espíritu. Pese a todo, te hice completito. No te faltan brazos ni piernas, ni una maldita oreja. Te he dejado completito y limpio. Ya puedes aterrizar en el mundo. Es un mundo estúpido, en el que tal vez no serás valorado. Serás, posiblemente, latigueado, escupido, insultado y hasta crucificado. Pero resucitarás en algunos corazones, sobre todo en el mío. Existirás. Serás un pequeño Dios. No postergues más la navidad. Ya bastante me he podrido. Por favor. Nace, mierda. Nace, carajo. Quiero más hijos, muchos más, tantos que me harán olvidarte. Pero siempre serás el primero, como un primogénito, como un desvirgador, como un primer orgasmo de semen negro, con cuyas gotas se imprimirá mi basura, mi bella y postergada basura.

martes 14 de abril de 2009

Disculpas públicas

He borrado algunos posts, pues, tras volver a leerlos, me parecieron inmaduros, fruto de la ansiedad y mi frustración, de un soterrado resentimiento. La hostilidad de cada día me carcome el cerebro y ordena a mis dedos a escribir procelosos textos atestados de furia. ¿Qué culpa tienen aquellas personas de las que hablé tan mal de mis fracasos? No tengo ningún derecho de hablar mal de otros. Mi madre me recomienda siempre que conserve la calma, que evite ganarme enemistades. Pero casi siempre fracaso en ello y vuelco mi odio contra todos, especialmente contra los más débiles o los ausentes( como en este caso). Pido disculpas a todos por tanta destrucción. Prometo desde ahora textos sosegados. Volveré a las crónicas de mis paseos y a mis décimas. Mi lado enfermizo, renegón y resentido( el cual tanto critican mis padres) no volverá a aparecer por estos terrenos virtuales. Es una promesa de caballero. Aunque no lo sea.

El músico sin amor

Esas canciones que he colgado en mi Myspace corresponden a una época vacía de experiencias, sin amor. Andaba amargado, cabizbajo. Había perdido mi seguridad como seductor. Recuerdo que grabé mi primera canción el 29 de octubre del 2003. Dos días después, asistí a una fiesta de Halloween en la casa de una amiga de la universidad. Andaba desmoralizado, sin afanes de conquista, junto a mi mochila que cobijaba un cd con mi primera canción. Recuerdo, también, que apareció una chica que me gustó mucho. Envuelto en mi triste cobardía, la consideré inaccesible y no intenté nada. Además, descubrí que era hermana de uno de los chicos de la fiesta, así que, con mayor motivo, me quedé podrido en mi rincón.
El tiempo ha pasado, lleno de experiencias buenas y malas. Sin embargo, he progresado mucho. Antes consideraba que mi arte no debía ser conocido por nadie, que era incomprendido, etcétera. Como cualquier tipejo que aùn no sale de la adolescencia. Qué tonto parece todo eso ahora. En la actualidad, alzo la voz sin temor, tengo un trabajo y estoy orgulloso de mis proyectos. Me expreso con naturalidad. Estoy un poco más cómodo en el mundo.
Y esa chica que me gustó aquella vez ahora es mía.

lunes 13 de abril de 2009

Más tranquilo

Ya hablé por Messenger con mi amigo de la embrionaria editorial Rayuela. Me dijo que me iba a avisar esta semana. Así que ya estoy un poco más tranquilo.
Por otro lado, debo corregir once exámenes. Tengo hasta las ocho de la noche. Luego, debo corregir un texto que mi padre( psiquiatra) va a publicar bajo el sello de un laboratorio médico. Como fin de fiesta, quiero leer aunque sea un par de paginitas de Paradiso. De esa forma podré respirar, sobrevivir un poquito más a esta vorágine de esperas y torpes valentías.

domingo 12 de abril de 2009

Semana Santa

Sin novedad discurrieron estos días de Semana Santa. Anclado en mi ciudad natal, aquejado aún por los vestigios de un proceso gripal, no he recibido ningún correo electrónico de ninguna editorial. Ni Hormiga ni Altazor ni Rayuela han respondido. Necesito algo concreto ya mismo, pues el próximo lunes cobro mi primer sueldo del año y tendré gran parte del dinero para publicar. Necesito respuestas, una propuesta buena, un contrato ya firmado, algo que me despoje de esta ansiedad que me carcome el cerebro desde la lejana fecha veraniega en que decidí dar a luz mi primer librillo.

viernes 10 de abril de 2009

HISTORIAS DE VERDUGOS


Me falta tan solo un cuento para terminar de leer el libro de cuentos Historias de verdugos del peruano Carlos Calderón Fajardo. Como siempre, su ficción es muy buena, versátil y atractiva. Algunos cuentos son mejores que otros, pero, en general, es un buen libro.


Lo compré en la librería de la Pucp por dos razones: porque quería comprarme un libro de dicho autor desde hace mucho y porque estaba publicado por el sello Santo Oficio, que, como recordarán, ofreció publicarme a cambio de mil doscientos dólares.


Lo compré y, primero, lo ausculté como objeto. Estaba pegoteado de una forma no tan sólida( no cocido) y sus páginas eran de un papel blanco bond ordinario. Asimismo, sus márgenes eran muy estrechos y las sangrías agujereaban demasiado.


Al momento de leerlo, mientras gozaba de la buena prosa del escritor peruano, noté algunas erratas, inicialmente, veniales. Una tilde que faltaba; una comita que tal vez pudo estar y no estaba. Pero al llegar al cuento "Los sueños dorados", noté dos erratas en una sola página( 76), lo cual me pareció alarmante. Faltaba la tilde en la o a la palabra gritó y, más abajo, qué escándalo aparecía "melta" en vez de maleta. Esto es demasiado, me dije. El colmo de la dejadez.


Más adelante, en el cuento policial "La hermandad del cuchillo", noté que faltaba una "de" entre palabras y que el término "asecho"( asechanza significa engaño o artificio para dañar a alguien), por contexto, debió ser "acecho".


Entiendo que es humano que un texto contenga errores. Es casi una ley editorial. No está mal. Es natural que todo libro cobije un par de errores. Pero el número nutrido de erratas de este libro habla muy mal del editor, el cual pudo ser el mío. Hay que tener mucho cuidado. A veces los editores solo buscan dinero, valiéndose de la credibilidad de su sello, como en el caso de Santo Oficio. Buenos y respetables autores como Rocío Silva Santisteban, Carlos Herrera y Jorge Eslava han publicado en dicha editorial. Creo que era más por la importancia del sello, debido a su inventario de escritores publicados, que por la calidad que me podía ofrecer el editor lo que motivó la inflada suma de mil doscientos dólares. Me iban a estafar. Así de simple. Me iban a publicar un texto mediocre, tal vez poblado de esas erratas que el autor, por más que lea y relea su texto, no alcanza a ver. Me salvé. Menos mal. Para publicar, aparte de tener un talento digno, hay que ser mal intencionado, suspicaz, un pendejo que no le suelta su dinero a cualquiera. Porque esa plata cuesta esfuerzo, cuesta mucho. Pregúntenle a mi garganta.

No licenciado

Estoy postergando un tema muy importante para mi vida externa, la real, la que fluye fuera de mi cabeza ansiosa: sustentar mi tesis. Ya tengo la tesis acabada. Solo falta darle una revisada estilística y listo. Antes de enviarla a evaluación, mi asesora debe aprobarla. Luego tengo que pagar como novecientos soles( qué platal) para pedir una fecha de sustentación. Entonces tendría que refrescar toda la temática críptica y densa de mi lado académico, mi profesión. Porque, a pesar de que yo enarbole para mí mismo la identidad de escritor en ciernes, la realidad dice que soy un bachiller en Literatura Hispánica. Mi profesión: crítico literario. Por ello, debo completar mi vida universitaria sustentando mi tesis. Da un poco de miedo. A pesar de que sé que si le meto ganas sacaré una buena calificación, igual da miedo. A todos les da miedo. Ayer, sin ánimos de leer mi tesis para corregir- acto que postergo y postergo hasta el infinito de la cobardía y vagancia académica- decidí escribir la dedicatoria que pienso estampillar en la primera hoja de mi trabajo culminante:

Dedico este trabajo a tres personas: a mis padres, par de seres imbatibles que se preocupan por mi bienestar y celebran mi vocación literaria, y a mi asesora Rosario Fraga, compatriota de Onetti y observadora pertinaz, de verbo directo y fuerzas intactas, mujer que jamás caerá en mis olvidos.

Para este año tengo dos objetivos primordiales, los cuales signan mi tiempo: publicar mi novela Lima Norte y sustentar mi tesis para ser licenciado, para que puedan llamarme licenciado.

jueves 9 de abril de 2009

La ironía de Rayuela

Ayer, tras dictar mi clase, acudí al Hueco Verde a beber con unos colegas amigos. Nos unimos a una mesa donde estaban el profesor que me había enseñado Latín y Alex Salas, un compañero de Literatura, dos años mayor que yo, quien, además, estudió en mi colegio. Entre gélidos vasos de chela salió de mi boca el inevitable tema: mi deseo de publicar. Entonces este muchacho me comunicó que está armando una nueva editorial y me ofreció sus servicios. Yo le advertí que no gastaría más de dos mil soles y él no se hizo problemas. Entonces, he ahí la posibilidad más inmediata hasta el momento. Acabo de enviarle mi manuscrito a su correo. Vamos a ver qué pasa.
La editorial se llama Rayuela. Es irónico, pues es una obra que nunca llegué a terminar de leer. Debido a que todos mis compañeros y conocidos hablaban de ella como si se tratara de la Biblia del amor juvenil, llegué a detestarla. En protesta a esa moda de Magas y Horacios, la dejé inconclusa. Vaya ironía. Posibiblemente mi primer libro salga publicado bajo un sello que lleva el nombre de esa otrora odiada novela de Cortázar.
Si publico ahí, prometo acabar de leerla. Esta vez con gratitud, sin prejuicios.

miércoles 8 de abril de 2009

El mar, dos cigarros, la obsesión cabizbaja y sempiterna

Hoy me levanté con pesadez, me bañé y fui a mi clase de inglés. La profesora pasó un video cuyo contenido no entendí en lo absoluto. Luego de la clase subí a la sala de estudio del Icpna, ubicada en el noveno piso. Ahí hay una vista hermosa de La Punta y el océano. Desde niño he notado que la parte del horizonte siempre está anegada de brumas y una constancia azulosa. Me ubiqué en una silla fría y alterné ojeadas hacia esa inmensidad con la lectura de un cuento de Calderón Fajardo. El relato se llamaba La mano izquierda de Dios. Buen cuento. Lo leí al hilo.
Luego hui del recinto. Fumé dos cigarros mientras caminaba rumbo a la librería Crisol de Plaza San Miguel. Allí me entretuve durante media hora chequeando los libros de la secciòn de la literatura peruana. Encontré un libro editado por Hormiga, uno de Leonardo Aguirre. La presentación del ejemplar me entusiasmó demasiado. Luego vi libros de Altazor, de papel bond común, pequeños, más cómodos para el bolsillo de un jefe de práctica de veinticuatro años que quiere publicar.
Luego salí de la librería y almorcé solitario, como casi siempre en mi vida universitaria, ya extinta, pieza de un infeliz pasado.

lunes 6 de abril de 2009

HE VISTO LA LUZ: LA SOLUCIÓN LLEGÓ, más barata y poética

Como han podido notar, afables lectores de este puerto de egoísmos y fracasos, me encuentro enfrascado en un cúmulo de batallas que radican en un único tópico: la publicación de mi primera novela.
BUeno, ayer la noticia del concurso Pucp aterrizó frente a mis cavidades visuales para embrollar mucho más mi situación de limbo terrenal.
El asunto es que la solución ha llegado, creo yo. Y las decisiones son las siguientes:

Participaré en el concurso con la novela Lima Norte
y
he pensado en publicar una nueva versión de mi mininovela LA POSTERGACIÓN, muy vapuleada por el único que la leyó( mi compinche Javier Muñoz Díaz) . Con respecto a este tajante vapuleo, aquel se debió a lo siguiente: mi compinche observó que la estructura era demasiado fragmentada, lo que provocaba una historia brumosa, ininteligible y coja, contradictoria. Por otro lado, este individuo de lentes de montura negra acotó que el problema no estaba en el lenguaje. Bueno, pues. El asunto es que he descuartizado de tal forma la novelita que he logrado darle una dirección lineal a la trama. La he despojado de digresiones. El resultado: 15 paginitas a doble espacio que son pura poesía. Sería un debut entre la narrativa y la poesía. La pequeñez de los capítulos lo torna una especie de poemario en prosa con trama. Es una obra bastante rara y brumosa, pero me parece que bella. Asi como ha quedado me parece bella.
Además, he pensado sacar no más de 200 ejemplares. Que sea como un poemario. En verdad, hago todo esto para gastar menos plata. Lima norte cuenta con 112 páginas. Un montonón. Esta solo tiene 15 y es más un poemario que una novelita. Al carajo. Todo lo que se hace cuando uno no tiene el billete en el bolsillo. Gracias Dios por hacerme tan creativo... tan obsesivo, iluso y, sobre todo, imbécil.

Para darle más inteligibilidad a la obrita, escribí un nuevo capitulito:
6
El arrepentimiento la envolvió de a pocos, con suavidad y nostalgia. En las tinieblas de cada insomnio, la calefacción humana de su patrocinador se fue tornando necesaria. El espacio mismo de su libertad, amplificado por las bocanadas de las horas oscuras, ese aire impregnado de silencio y verdades, la azuzaba rumbo al regreso. Pero la luz del día acobardaba sus planes, los atontaba en un magma de incertidumbre.
Hasta que la decisión activó su cuerpo. Regresaría con Dante, bajo cualquier condición. A sabiendas de que merecía un castigo furibundo, entendió que su camino era el del retorno.
Qué les parece. Si no les gusta, no importa. Igual el que va a gastar plata soy yo. Bueno, ahora sí, buenas noches, y que Dios nos ayude. El Dios Dinero.

Solitarias pesquisas de papel

Tras haber asistido a mi clase de inglés( intermedio 12), haber enviado a la encargada dos de los tres exámenes que debía elaborar y haber llenado un formulario de ribetes laborales-administrativos, me recluí en la librería de la Pucp. Caminé enflechado hacia el stand de obras literarias peruanas y me sumergí en un análisis durante una hora que se esfumó a vuelo de pichón.
Santo Oficio. Editorial San Marcos. Estruendomudo. Calcomanía- Mesa Redonda. Ediciones Altazor. Aquellos nombrecillos editoriales desfilaron frente a mi afiebrada visión literaria. Analicé la calidad de los papeles y la mayoría eran bond blanco común y corriente. Mataría porque mi novela saliera en papel marfileño. Pero que salga como sea. Son vanidades tal vez nimias. El asunto es existir literariamente: será mi venganza más elegante. ¿Contra quién o quiénes? Contra todos.

domingo 5 de abril de 2009

MIS CANCIONES YA ESTÁN EN MYSPACE

Al fin pude convertir mis canciones al formato mp3 y colgarlas en mi myspace. Por el momento hay dos. Iré poniendo más en las próximas horas y días. Estas canciones las compuse y grabé entre el 2003 y el 2006. Entren y escuchen.
http://www.myspace.com/giovannianticona

Otra vuelta de duda

No, creo que mando Lima norte y publico la otra.

Duda

O tal vez publique Lima Norte ahora, como siempre lo planeé, y mande al concurso la que estoy escribiendo actualmente. Vamos a ver.

La guerra de las letras

Hoy ha aparecido en El Comercio el anuncio del Concurso PUCP de Poesía, Novela y Ensayo. Ello me ha hecho cambiar radicalmente los planes. He decidido mandar a esa guerra a mi novela Lima Norte. Hay que jugársela. Ganar o morir. Aunque es bastante problable lo segundo, dada la dificultad de ese concurso nacional. Lo que salga nomás. Mandaré al certamen aquella novela tan querida que escribí a los veintidós años. Si es que pierdo- lo más probable- igual podría publicarla en el 2010.
Pero como la vida es corta y mi ímpetu es desmedido, el plan de la publicación inmediata no morirá, solo cambiará de protagonista. Es decir, ya que mi novela Lima Norte estará batallando, casi sin fe, hasta diciembre en esos vericuetos de papelería competitiva e inmisericorde, he pensado acabar pronto la novela que estoy escribiendo en la actualidad. Me falta menos de la mitad; he calculado que tendrá entre 70 y 80 páginas a doble espacio( llevo escritas cincuenta). Es una obra más corta que Lima Norte, pero considero que mejor escrita. Su trama es más simple. No podría enviar esta novela al concurso porque no cumple con el mínimo requerido de páginas( 100).
Ustedes dirán que me apuro, que me acelero, que estoy loco. No tanto. Espero estos sucesos desde los dieciséis años y he guerreado con las palabras desde entonces, buscando alcanzar siquiera la decencia literaria. Poco a poco se me aclaran las cosas, y seguirán aclarándose con el tiempo. Necesito expresarme lo antes posible, gritar que existo con un libro mío bajo el brazo. Es una necesidad corporal. No estaré en paz hasta conseguirlo. No le temo al fracaso. En él casi siempre he vivido. Concursos, premios, becas, gloria, fama, admiradores, fotos, medallas, trofeos: pura porquería mundanal. La gloria que yo busco radica únicamente en la publicación. Porque de esa forma le rindo tributo a la Literatura. ¿Por qué no darle un libro mío como agradecimiento por los tantos y tantos que Ella me ha dado?
Entonces dirán, ¿para qué participar? Porque un concurso da la posibilidad de publicar gratis y de ganar un nutrido fajo de billetes que permitiría mantenerse sin trabajar por un tiempo. Entonces se podría leer a pierna suelta, pasear y escribir sin que las premuras de la chamba jodan. Pero esto es lo ideal, claro está. Ganar un concurso es encontrar la aguja en el maldito pajar. Onetti nunca ganó un concurso siendo joven y para mí es el mago del castellano por excelencia. Bueno, ya expliqué los motivos. Ahora queda enviar el manuscrito y esperar, esperar, lo que siempre he hecho, hago y pretendo dejar de hacer. Esperar hasta que llegue un nuevo fracaso capaz de enfurecer aún más esta prosa que nació para destruir, destruir, hasta acabar conmigo cualquier noche de pesimismo. Como casi todas las de mi cansada vida.

sábado 4 de abril de 2009

La piel de Zappa


Frank Zappa es un gran guitarrista, un genio sigiloso. Logra que la guitarra vocalice con timbres únicos. Las cuerdas lloran, ríen y chillan bajo la presión de la piel de sus largos y enjutos dedos. Escúchenlo. Su carne vibra pegada al cuerpo del instrumento, su melena y mostacho se cimbrean con ímpetu: todo él chirría las fibras del goce inmejorable, supremo. La música.

viernes 3 de abril de 2009

Un misil en mi garganta

El entusiasmo maternal cosechó de sus manos un misil de botica cuyo valor son seis monedas rutilantes. Color firmamento puro, redondela mágica que abrirá las sendas infectadas de los nódulos de mi angustia.

En cristiano, estoy mal de la garganta, muy ronco. No puedo hablar. Y mañana tengo que dictar seis horas seguidas de clase. Por ello, mi madre compró en la farmacia un antiinflamatorio: dos pastillas celestes y pequeñas, cada una al llamativo precio de seis soles. Mi madre dice que es poderosísima, casi un misil. Aparte, me ha dado una cápsula gigante. Mañana debo tomar varias pastillas.
Debo estar bien para mañana. Debo poder dictar las clases. Son doscientos soles que irán directo a los fondos de mi publicación. Necesito ese dinero. Necesito hablar con claridad y aguantar, aguantar seis horas infames. Ruego porque sea así. Ojalá.

jueves 2 de abril de 2009

Dieciocho días

Dentro de dieciocho días cobraré mi primer sueldo del año. Aquel día miraré el asunto de la publicación con un ánimo mucho más realista. Por mientras, he enviado mi manuscrito al editor de Hormiga Editores, el cual me prometió que me escribiría cuando acabase de leer. Ha pasado apenas una semana, es muy pronto para que responda. Si pasa una semana más sin responder ya me preocuparé. Pero, por el momento, no hay ningún apuro. Ahora no tengo el dinero, ni un cobre. Recién el veinte de abril me activaré como loco.
Es injusto este sistema. No publica el que escribe algo bueno: publica el que tiene amigos en una editorial. Es muy arbitrario el arte. Todo en la vida es vara, contactos, amiguismos e hipocresías. Por ello, gastaré de mi bolsillo para publicar. No voy a estar esperando a que un editor se enamore de mí. No voy a dedicarme a sobonear a ningún editor. No voy a fingir sonrisitas asquerosas a cualquier mercenario de las letras. Gastaré mi dinero. No me hace menos gastar mi plata. Todo es contexto, circunstancias. En mi caso, carezco de contactos. Por eso invertiré todo mi sueldo en ese absurdo ideal que a casi nadie le importa: una insignificante novela.

Brasil- Perú

Nos trataron como a un niño
Ronaldiño y Luis Fabiano
Alex Pato y hasta El-ano
Cómo no el genial Robiño.
Nos metieron el dediño
Con sus jugadas buenazas
Convirtieron tres pepazas
Y nosotros, ultimitos,
Los coleros, los cholitos,
Mala mezcla de mil razas.