domingo 31 de mayo de 2009

Fragmento


Tras un periodo de incertidumbre, tan vergonzante para sus furias ególatras, decidió llamarla por teléfono una noche. Dedos trémulos, electrizados por un magma incierto de aglomeradas sensaciones, marcaron los nueve dígitos. Luego, la oreja diestra se pegó al minúsculo aparato y escuchó el timbre sereno, rítmico. A los pocos segundos, se oyó la voz de Yeni: era suave y triste, como el sonido de un aleteo moribundo.

Conversaron con timidez y cautela, calculando la sugerencia de cada palabra. Camuflaban la verdad en frases hechas referidas a lo circunstancial de aquella madrugada en el Etnias, cuando se conocieron: “¿Hasta qué hora te quedaste? ,¿y qué te pareció la música?”.

Una vez finalizado ese momento de recelo protocolar, Dante le propuso, sin miramientos, un encuentro en un hotel. Para su sorpresa, Yeni accedió de inmediato, con una naturalidad que le heló la garganta. Luego de acordar el sitio, el día y la hora en que se verían, se despidieron con sigilo y miedo, como si la cita fuera un crimen para la claridad de la vida pública.

Hasta que llegó el día del encuentro. Al verse frente a frente, se saludaron con un movimiento de cabeza, sin sonrisas, sin tacto. Evitando mirarse, ingresaron al hotel, pagaron a medias y subieron por las escaleras, rumbo al dormitorio.

Se desnudaron, cada uno junto a un flanco de la cama, y se trenzaron presurosos sobre el colchón. Un hilillo de sangre humedeció el muslo izquierdo de Yeni cuando el miembro enhiesto de Dante horadó su centro cerrado. Y el vaivén dio inicio. El suspiro, el gemido, la voz destemplada. La brusquedad de la agonía del coito, el cielo, el chisguetazo caliente como cumbre y el fin.

Tras el momento de unión carnal, entreverando los cuerpos fatigados y agradecidos, hablaron con mayor soltura. Dante supo inducirla hacia la locuacidad y la confianza. Así pudo enterarse de que vivía en Comas con su hermana y su madre, que el padre las había abandonado y que lo que más deseaba en la vida era convertirse en prostituta. Impactado, exultante, él le contó con desparpajo que era proxeneta y que le encantaría patrocinarla.

Pero ella evadió el entusiasmo, se rodeó de temor, no dijo que sí. Todavía.

Crítica destructiva


He notado entre mis colegas egresados de Literatura una tendencia al pudor en cuanto a las creaciones propias. Les cuesta mucho mostrar lo inventado. Si lo hacen, te dan el papel con mano trémula y sigilo, como un pacto secreto. Con la mirada a la defensiva, como diciendo: No me critiques. Y el que recibe la hoja- si no escribe ni su nombre- trata siempre de decir algo, de opinar con glosario exquisito, de opinar con la pierna cruzadita y una chelita intelectual bien al polo en sus dedos haraganes. Un cigarrito moroso pendiendo de una comisura. Una pizca de arrogancia para tapiar tal vez la envidia o la tensión de músculos al notar que alguien hace más que uno, que alguien puede más que uno. Odiar el triunfo ajeno, el trabajo, el proceso. Entonces, sueltan consejillos, como si fueran unos creadores con gran oficio, cuando no saben de la fatiga del obrero literario, cuando solo saben de literatura lo que han estudiado y del placer de las lecturas de consumidor de cultura. Cuando de creación solo saben de la angustia de la página en blanco, siempre en blanco.

Participan en concursos literarios con sigilo, sin avisar a nadie o a casi nadie, con miedo a no quedar entre los triunfadores. ¿Acaso el arte es una carrera de caballos? Quien gana un concurso solo ha ganado ese concurso. Pero nada más. Solo un puñado de respeto exterior. ¿Y acaso eso importa? Al primer concurso sin premios tiran la toalla.

¿Por qué ese miedo y esa cobardía? No están seguros de lo que valen. Si no se está seguro del trabajo propio, al menos uno confía en que llegará la mejora con la práctica, y que ese texto chapucero es un esbozo de la obra futura. ¿Pero temblar ante las críticas ajenas? ¿Temblar por lo que dicen unos lectores con cartón de crítico literario? Jamás se debe sentir miedo, ni siquiera respeto intelectual, por gente que no nació para crear, solo para consumir, actividad digna cuando se la acepta con gallardía, al igual que la mosca al intuir, desde su vericueto de mil pupilas, que nunca alcanzará la altura de las nubes.

La caza del carnero salvaje


Entre hoy y mañana terminaré de leer la novela La caza del carnero salvaje del japonés Haruki Murakami. Es una obra muy entretenida, con fuertes ribetes detectivescos y un hábil humor que orilla con el sarcasmo. No se equivocan quienes afirman que este oriental es uno de los profetas literarios de nuestro tiempo.
Fabulador cabal.

viernes 29 de mayo de 2009

La infame espera del autor sin vara


El tema de mi publicación permanece en una tensa espera. Estoy esperando la respuesta de una casa editora que está evaluando mi texto. Ojalá atraquen. Yo estoy seguro de que el texto posee la calidad necesaria. De todas maneras. Lo malo es otra cosa. A veces más puede que el autor sea una figura medianamente mediática, conocida en la élite periodística literaria o, simplemente, conocido de los editores. Yo soy un joven desconocido que podría sufrir la indiferencia de estos granujas de las letras.

En el aspecto económico, voy a poner de la mía, por supuesto. En el Perú, el que es publicado gratis es amigo de los editores o uno de los editores. O ha ganado un concurso. Mi caso no es ninguno de esos. Yo estoy solito. Mi currículum es mediocre, felizmente no nulo. Carezco de padrinos y de vara. Vamos a ver si esta casa editora acepta y el proceso discurre sin dilaciones. Me urge publicar para poder pensar en otras vainas: sustentar mi tesis, comprarme una trompeta... y vivir, que tanto me hace falta. Rezo a todos los dioses por que este asunto del debut literario se cierre de una vez. Ya estoy harto de eso...

Microcuento


Mircia tuvo una pesadilla. En ella, un pájaro monstruoso la perseguía por un callejón de fondo incierto. Despertó sudando, trémula y llorosa. Miró por la ventana y vio que la oscuridad aún cubría el cielo. De pronto, un ruidoso revoloteo sacudió las paredes: era el pájaro del sueño.

Fragmento


El arrepentimiento la envolvió de a pocos, con suavidad y nostalgia. En las tinieblas de cada insomnio, la calefacción humana de su patrocinador se fue tornando necesaria. El espacio mismo de su libertad, amplificado por las bocanadas de las horas oscuras, ese aire impregnado de silencio y verdades, la azuzaba rumbo al regreso. Pero la luz del día acobardaba sus planes, los atontaba en un magma de incertidumbre.
Hasta que la decisión activó su cuerpo. Regresaría con Dante, bajo cualquier condición. A sabiendas de que merecía un castigo furibundo, entendió que su camino era el del retorno.

sábado 23 de mayo de 2009

La virgen de los sicarios


Ayer terminé de leer la breve novela La virgen de los sicarios, del colombiano Fernando Vallejo. Hace tiempo que deseaba leerla. Me gustó, pero no me encantó. La narración corrida, sin separaciones, provoca un ligero atosigamiento. El cúmulo de colombianismos le da fuerza, sangre, pero, a su vez, dificulta el avance de la lectura. No digo que sea un defecto: todo lo contrario. Me refiero a que la novela no es fácil de leer. Es muy lírica, violenta. Hay que prestar atención a cada momento. El hampa de Medellín y la visión del mundo del narrador autodiegético, Fernando, nos envuelven de manera muy intensa, nos sumergen en la siniestra belleza que habita en la desesperanza. Buen libro, pero no está entre mis predilectos.

martes 19 de mayo de 2009

UN DURO DESPERTAR, la primera novela de Aldo Pancorbo


Nunca he tenido reparos en decir lo malo sobre la gente, pero tampoco lo bueno, y, mucho menos, lo excelente. Hoy terminé de leer la novela Un duro despertar(Hormiga Editores, 2008) de Aldo Pancorbo y me fascinó. Aldo es un egresado de Sociología de la Pucp y esta novela es la primera en su currículum. El ejemplar me lo prestó mi pata Mariano Vargas a cambio de mi ejemplar de El círculo Blum.

Un duro despertar es una formidable novela negra plagada de peripecias impresionantes y personajes muy bien dibujados. Además, la prosa fresca, coloquial , limeñísima y ágil logra que el libro siempre entretenga y nos mantenga en vilo. Rescato la multiplicidad de datos escondidos que se van develando poco a poco, dejándonos boquiabiertos y excitados. Para los que somos fanáticos de la novela policial( mejor si es negra) tenemos una obra que no nos defraudará.
Fabio, Zoe y muchos personajes más nos ofrecen un tiempo frenético, donde está prohibido parpadear.
Un duro despertar: altamente recomendable, un gran hallazgo, una obra que merece ser más conocida.
y,según mi gusto, la novela más madura de nuestra generación.

domingo 17 de mayo de 2009

Amigos



Para Tony


Anoche salí. Me reuní con Scrish, el baterista de mi extinta banda escolar, y su hermano Tony. Hace meses que no los veía. No bebimos mucho envueltos en el bullicio de la gente, pero si nos reímos copiosamente, como lo hacen los que son amigos de toda la vida. Ambos forman parte de mi oncenio vital del colegio La Salle, nuestro claustro, nuestra frenética mansión de paz. Scrish es de mi promo; su hermano, un año menor que nosotros. Cada vez que me reúno con ellos y con mi pata Julio "Damián" y Arturo Lévano ,regresa la chacota saludable de nuestra adolescencia ya muerta, el aliento de los primeros licores y el despertar de los ardores del sexo, la furia insaciable que nos hacía reír de felicidad, aquella que se va desdibujando con el avance del tiempo. Pero la amistad diáfana permanece, nunca se extingue. Siempre conservaremos en el fulgor de los ojos la magia irresponsable de intensos imberbes. Siempre seremos ese grupúsculo de chiquillos sonrientes y despeinados caminando por las invencibles rutas de la inocencia.

viernes 15 de mayo de 2009

Centenario de Onetti

Ayer asistí al Centro Cultural de España para presenciar cuatro ponencias sobre Onetti. Estuvo de moderador el escritor peruano Javier Arévalo y de ponentes dos uruguayos, una peruana y el gran Miguel Gutiérrez, quien hizo gala de un gran memoria. Estuve sentado en mezanine, y desde allí vi a la profesora Fraga llegar algo tarde, presurosa y entusiasmada, y sentarse en un asiento de la tercera fila. De rato en rato, le echaba una ojeada y la veía atentísima, exultante. Ella fue quien me informó sobre el evento. Está contentísima pues siente que homenajear a Onetti es una forma de homenajearse ella misma. En un correo electrónico me informó con júbilo que el embajador de Uruguay la ha invitado hoy a la cena de gala, en la cual estará Mario Vargas Llosa.
No cabe en su endeble cuerpo tanta felicidad.

miércoles 13 de mayo de 2009

El círculo Blum


Ayer compré, comencé y terminé de leer la novela "El círculo Blum" ( Borrador Editores, 2007) del autor peruano Lucho Zúñiga. Es un libro interesante, perturbador y heterodoxo. En él, la línea que divide la ficción de la realidad se pulveriza y presenciamos un ámbito de mascaradas e indeterminaciones que logran atrapar al lector y dejarlo inerme, pues se deja engañar por las apariencias. Buen libro. Distinto y perturbador: me provocó un raro insomnio.

lunes 11 de mayo de 2009

Otro héroe bajo la tumba


Aprovechando que mis alumnos están en exámenes parciales y que, por ello, esta semana no hay clases, hoy dediqué varias horas a leer literatura. Acabé Dejemos hablar al viento de Onetti y leí varios capítulos de Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, novela que estuve leyendo- junto con otras- durante el ya extinto tiempo del estío. Voy en la página doscientos más o menos. Falta mucho para acabar, pues es una novela larga. Me reenganchó al instante. Volví a ser testigo de la relación entre Martín y Alejandra, a transitar por aquel Buenos Aires que me sabe a película en sepia, a tabaco y licor madrugador, a un ámbito donde la hondura de la mente humana adquiere rasgos muy sinceros, tiernos y tormentosos. De verdad es un libro auténtico, que se entrega por completo a los ojos de la realidad.

No hablará más el viento


Hoy acabé de leer la novela "Dejemos hablar al viento" de Juan Carlos Onetti. Leerla fue muy difícil, tanto por el estilo como por las brumas que rodean las acciones del texto. Un lector acostumbrado a la prosa fresca y veloz se aburriría desde la primera página. Me costó demasiado leerla, pero cumplí mi deber de culminarla. Como recompensa, Onetti me regaló catorce emocionantes páginas finales, donde se hace perdonar todo lo tortuoso e intrincado de la trama. Cierra la historia muy bien, con un incendio voraz que lo destruye todo y que logra dar la sensación de que el libro arde entre las manos de uno mismo. Tras el punto final, el lector cierra el volumen temeroso de que el fuego lo alcance.

Obra caótica, bella, desmesurada que, pese a no ser de lo mejor de Onetti, rutilará en mi imaginación con flamas perpetuas.

domingo 10 de mayo de 2009

La carne del asfalto/ los vómitos de la ternura

Son mujeres sinceras, explícitas, presurosas, que no obsequian un solo beso. Frenan su ternura innata: aquella está destinada únicamente para el amor, para el hombre-patrocinador o pareja incauta-que ellas consideran digno de su afecto espontáneo. Es muy notoria la frialdad que destilan- que se obligan a destilar- en el contacto, en el diálogo escueto de la transacción, proceso odioso, invadido de tedio y tristeza.
No es fácil ser prostituta. Requiere untarse de paciencia, sofrenar el asco, el ímpetu foráneo horadando sus centros trajinados, las manos lascivas sometiendo sus nalgas con beoda dureza. Yo las admiro por todo eso y por mucho más. Son algo más que la carne del asfalto, son más que un insulto trillado ( "perra, "puta") en la boca del mundo que ostenta corrección y oculta la promiscuidad en los enredos repetitivos del amor social. Ellas sobrevuelan esos ritos de la gente que se autoproclama diáfana. Sé que no debo pecar de romántico: muchas de ellas son psicópatas, drogadictas y viciosas. Pero no todas, claro está. También entre la gente convencional hay de todo: sanos y enfermos. Más que nada escribo este texto para mostrar que todos somos igualmente humanos, ellas, ustedes y yo, gente, carne y pensamientos.
Cada uno de nosotros es la misma esencia que busca estabilidad, compañía sincera e incondicional. Somos arlequines insatisfechos, ansiosos por vomitar ternura en los ámbitos del amor: en la cama, en la ausencia, en los celos, en la mano tibia enlazada a la nuestra por las calles confusas del tiempo.

martes 5 de mayo de 2009

El umbral

El tema de mi publicación ha sufrido un nuevo revés. Parece que el dinero con el que cuento es insuficiente. Acá el tema no es el talento, ni las ganas de publicar, ni vainas metafísicas. Aquí el problema es que No alcanza la plata. Mi madre me ha dicho que me puede ayudar económicamente y eso es bueno. Mejor hubiera sido que lo dijera antes. Ahora comienzo una vez más de cero, postergando el sueño, una y otra vez, como siempre, como es mi vida.

lunes 4 de mayo de 2009

Perfil ansioso.

Soy una persona muy ansiosa y emotiva. Si me dan una mala noticia, mi cuerpo se pone a temblar. Siento como si una fuerza interna me jalara los tendones. Mis piernas vibran terriblemente y se llenan de frío. La voz sale quebrada. El mundo se vuelve un remolino, una pesadilla poblada de sudor y angustia. Lo peor es que la noticia no tiene que ser tan grave para que se desencadene todo esto en mí.
Y la persona que me dio la mala nueva se torna un enemigo que debo destruir con el odio más exquisito.

La normativa del arte


Escribí la novela Lima Norte antes de ser jefe de práctica de Redacción. La corregí cuando era un novísimo jefe de práctica de Redacción. Por ello, cuando, hace unas semanas, medio ebrio y bastante preocupado, me interné en la tarea de dar una última corrección, encontré algunos errores veniales que, al tratarse de un objeto artístico, pueden ser obviados, creo yo. Ese es el caso de los complementos circunstanciales. La regla dice que si van al principio de la oración deben ir seguidos de comas. Pero, creo yo, en la literatura hay que darle mayor importancia al ritmo. Por ejemplo, en una de las últimas páginas de la novela coloco:

Al principio nos veíamos casi a diario.

Cuando, según la Real Academia, debería ser así:

Al principio, nos veíamos casi a diario.

La razón original por la cual no coloqué esa coma era porque ignoraba dicha regla. Pero, ahora que la sé, he notado que está mejor sin la coma, pues le confiere fluidez a la narración, ya que se trata de un fragmento donde se da una lluvia de informaciones a ritmo frenético. Por ello, me reafirmo en mi idea: en la redacción artística debe mandar el ritmo, la musicalidad.

Puedo apostar que muchos grandes autores desconocían y desconocen estas reglas de la normativa. Pero ello no los hace menos autores. La redacción académica y la redacción artística son ámbitos muy distintos.

( Hoy, como jugando, di una ojeada a una de las páginas de mi novela y encontré, con amargura, una coma entre el sujeto y el predicado de una oración: error grave que ocasiona que se corte la idea expresada. Me sentí una lacra, una porquería negligente y chapucera. Me sentí un creador de imperfecciones. Pero luego me fui serenando. Bueno, como bien dicen, ningún texto es perfecto. No creo que un par de comas mal usadas desvaloricen la fuerza de mi primera novela, la primera de tantas que planeo diseñar, escribir y publicar mientras me dure la vida.)

domingo 3 de mayo de 2009

La literatura del gatillo


"Poe. Hammett. Chesterton. Agatha Cristie. Conan Doyle. Raymond Chandler. Simenon...."

Me encantaría leer a cabalidad a todos ellos. De Poe he leído algunos cuentos, hace mucho. De Chesterton, un par de páginas de El candor del padre Brown. De Agatha y Doyle nada. De Raymond Chandler he leído Adiós, muñeca y un tercio de El largo adiós. De Simenon( autor predilecto de Onetti) unas páginas de una de sus tantas novelas donde el detective Maigret es el protagonista. La razón por la cual no he leído más a estos autores no es solo tiempo: no poseo sus libros. Si alguien tiene a alguno de estos autores, présteme los libros. La literatura policial, pese a sus muertos regados, es, a veces, lo único que me da vida.

sábado 2 de mayo de 2009

Parabellum

"Si vis pacem, para bellum".
(máxima latina)
Desde aquel casi secuestro que sufrí a orillas de la Vía Expresa el año pasado, caminar por las calles es otra cosa. Ahora ando tenso, temeroso de que me asalten, pero, a su vez, lleno de furia, con un instinto autodestructivo camuflado en todo el trémulo andamiaje de excesivas cautelas.

Sé que si me vuelven a asaltar una potente cólera me va a inundar. Tal vez no haga nada. Pero, tal vez, explote y comience a golpear por doquier. Sé que si actúo de esa forma estoy perdido: los choros se podrían molestar y me sacarían la mugre hasta matarme.

A veces pienso en salir a la calle con pistola en mano, acudir a una zona peligrosa y balear a una pandilla entera. Sé que esta idea macabra es irrealizable, lo sé bien. Si hago ello, yo saldría perdiendo. Ni siquiera sé usar un arma. Ni siquiera sé dónde venden una. Aparte de estos inconvenientes, hay algo mucho más fuerte: si matas es más fácil que mueras asesinado. Si uno comienza a matar ya se está dentro del mundo lumpenesco, del cual ya nadie te saca. Entonces, es imposible. Si me asaltan, caballero. A acatar lo que digan los choros. No queda otra.
Pero este deseo de venganza y justicia que me inunda todo el tiempo no puede quedar en el aire. Debo canalizarlo. Por ello, mi nueva novela cobija un personaje masculino común y corriente( un estudiante universitario) que se ve envuelto en una situación en donde no queda otra salida que comprarse una pistola y asesinar para alcanzar la tranquilidad de la venganza. Venganza es salud, creo yo. El personaje se compra una pistola Parabellum( también conocida como Luger), la misma arma que usa el proxeneta Larsen en la novela Juntacadáveres. Es un pequeño homenaje que le rindo a mi ídolo literario: Onetti.


Aún, el limbo

Días vacíos de noticias literarias. Nada de nada sobre mi publicación. Me conviene aquello, pues así llegará el veinte de mayo, fecha en que me pagarán nuevamente. Juntando el dinero de los dos meses, no tendré que pedirle a nadie ni un solo sol.