domingo 28 de junio de 2009

Conjeturas finales

¿Cómo será la carátula de su novela? ¿Qué sentirá al mirarla por primera vez? ¿Cómo reaccionará el tacto ante la presencia del novísimo libro? ¿Cómo se verán esas frases paridas en la soledad en el papel marfileño?
G. rebulle de conjeturas, dudas y lapsos de entusiasmo, hartazgo, incomodidad. Le desagrada toda esta vorágine externa. Hacer una presentación, convocar a las amistades, obligarse a la amabilidad. Si por él fuera, no haría tales cosas. A él le basta tener el librito en sus manos y dormirse junto a él, olvidando que más allá de la ventana existe un planeta de críticos literarios, ventas, reseñas, librerías, voces y ojos, salivas deseosas de llenar de impureza el milagro de la soledad creativa.
Pero G. sabe que su postura es irreal, inmadura. Un libro publicado es un producto. Un objeto de venta. Tarde o temprano, va a asimilar la realidad. Pero jamás dejará de incomodarle ese bullicio perturbador. G. sueña con armar una estrategia para desplazarse hacia la ficción por siempre y no regresar jamás.
G. odia el zumbido de los cafés culturales, la tertulia erudita. Le asquea todo ello. Odia hablar de literatura, salvo si consume licor, ese suave aliciente que lo protege de la decencia de las bocas. A G. le gusta hacer la literatura que brote de sus obsesiones, mas detesta hablar sobre ello. A veces, suelta mentiras porque considera que nadie puede alterar su ámbito de silencios y secretos, su soledad. Odia el ruido. Odia el mundillo que gira alrededor de la literatura. Presentaciones, concursos, reseñas, festivales. Odia. Pero hay que ceder un poco. Igual va a aparecer en algunos lugares. Lo hará por su familia, porque sabe que el mundo objetivo es el único que existe cuando, por momentos, debe emerger hacia la urbe y sus hipócritas demonios.

Siempre, Paul Auster


Siempre regreso a los libros de Paul Auster. Cada cierto tiempo, necesito leer alguna historia suya. Hace unas semanas, terminé de leer La invención de la soledad, texto autobiográfico muy interesante. Hace unas horas, cuando aún no despuntaba la timidez solar del otoño, algo ebrio y muy cansado, terminé de leer la última novela de La trilogía de Nueva York: La habitación cerrada. Solo me faltaban nueve páginas para acabar. Las leí de corrido, absorto. Al culminar, cerré el libro, elevé un suspiro de alivio al silencio y me dormí.

sábado 27 de junio de 2009

Tantas veces G.

G. irá a la casa de V. el lunes. Darán una revisión a la edición y discutirán sobre la carátula.
G. no vive en la realidad. La ficción lo ha dominado por completo. Ya no sabe si lo que ve o toca es real o ficticio. Cada componente del mundo es producto de su imaginación. Ya no hay distinción.
Todo es literatura.

jueves 25 de junio de 2009

Descansa en paz, Michael


Michael ha muerto.

- Qué bien- dijo mi madre al recibir la noticia de mi garganta-. Ese tipo era el anticristo. Solo hacía el mal. Está bien que haya muerto.

Tal vez mi madre tenga razón. Pero igual da pena. Hoy soñaré con el video de Thriller. Pero esta vez el muerto Michael Jackson no es una ficción. Es una realidad. Descansa en paz y deja en paz a los angelitos. Pese a ser eternos, son niños después de todo.

Un libro

Lo que está escrito existe. Un libro es igual a un árbol o una cucaracha. Existe. Se puede ver y tocar.
Las palabras se pulverizan en el aire. Dejan de existir una vez que el hocico se cierra.
Un libro existe. No es solo una idea o un comentario. Es un objeto que ocupa un lugar y nos hace felices.

lunes 22 de junio de 2009

Los veinte días de G.

G. sabe que solo faltan veinte días para llegar a la meta. A la tan anhelada meta. El sueño que cobija desde los dieciséis años llega a su primer puerto en veinte días. Julio del 2009 será un mes inolvidable. El mes del debut. El mes donde comienza todo. Donde comienza todo en serio. Ya no más esperas. Al fin dejará la condición de mero espectador. G. siempre quiso estar del otro lado. G. nació para estar del otro lado. Esperará el paso de los días con sigilo, sin decirle nada a nadie. Sin soltar un solo dato. Cuando falte apenas cinco días para que se cumpla la veintena, G. mandará un mail masivo que anunciará lo que, de forma velada, ya está anunciando desde hace tanto.
Desde sus dieciséis años.

domingo 21 de junio de 2009

Análisis de la mezquindad

En el colegio formé una banda de rock. Fue algo germinal. Los tres muchachos que me acompañaban recién comenzaron a aprender a tocar música con el grupo. Ensayábamos bastante, entre tragos y chacota. Poco a poco, el grupo fue ganando seriedad y hasta llegamos a tocar en San Marcos, en un concierto masivo, compartiendo escenario con Rafo Ráez y D' mente común. Imagínense. Parecía increíble. Lo malo fue que nuestra perfomance fue desastrosa. Los instrumentos que nos dieron estaban desafinados. El baterista de reemplazo se olvidó las canciones. Todo salió mal. Pero no importa. Igual estuvimos ahí. Hicimos acto de presencia.
Recuerdo que cuando estaba en quinto de secundaria, la gente de mi salón se enteró de que yo tenía un grupo. Algunos desadaptados intentaban fastidiarme, burlarse. Pobrecitos. Ignoraban de mis estudios de piano en el Conservatorio y mi dedicación casi exclusiva por la música. Pobres. Lo tomaban a la chacota y yo me reía por dentro. Me burlaba de la mala leche de esos tipejos nimios. Creían que yo me quería hacer el pendejo con una pose de rockero. Hacerse el pendejo. Gran cosa para ellos. Hacerse el pendejo. Bazofias para los supinos. Eso para mí no significa nada. Hacerme el vivo frente a una sarta de ignorantes. Vaya idea.
Cuando entré a la Católica, algunos de esas bazofias de mi colegio también lo hicieron. Había un puñado que me quería irritar porque yo estudiaba Literatura. Envidia. Seguro se creían poetas y sus viejos no les dejaron estudiar la empírea carrera de Literatura. Sus viejos querían que ganen plata en una oficina de mierda y truncaron los trillados sueños de esos patanes. JAJA. Entonces, como yo era un estudiante de Literatura, lo que ellos nunca lograron ni lograrán ser, se la agarraban conmigo. Preguntaban: ¿Sabías que Martín Adán vomitaba en La Colmena? ¿Conoces a Wesphalen, a Eielson? Yo les respondía con incómodos monosílabos. Y ellos seguían jodiendo, brollando envidia y actitudes enfermizas. Yo, que soy colérico, tenía ganas de escupirles en sus horribles caras. Pero me contenía. Pobres. Los de siempre.
Ahora que la gente ya está acabando su carrera tienen que sudar la gota gruesa para chambear, trabajo, trabajo, oficina, las cagadas que nunca soñaron ser. Pero de qué se quejan, nacieron para la ramplonería. Y la Literatura, Y la música, hobbies que languidecen, que se extinguen.
¿Dónde están las risillas burlescas ahora? ¿Dónde? Me da risa la mediocridad que exhalan con arraigados tufillos arribistas.( quieren juntarse con los más guapos, los más blancos, los más billetudos. Quieren ir a sitios fichos para creerse chéveres; pretenden escalar... )
Cuando ven que tienes un puñado de éxito ahí sí son los primeritos en hablarte. Hipocresía pura y pestífera. Si eres docente de la universidad, si tiene flaca, entonces ahora sí le hablo. Si conoce a un culo de gente, entonces ahora sí le hablo. Si va a publicar, si escribe bien, si sabe hacer rimas, si conoce buenas flacas, si lo vi con tal, ENTONCES AHORA SÍ LE HABLO. El estatus, la belleza, la riqueza: basura que ellos buscan asir. Para ellos eso es éxito. Como para todo el mundo. Porquerías. Para mí belleza es música, literatura. Pero sentidas de verdad, desde adentro. No en base a lo externo. Gente que nace para rellenar las calles, pero nada más. Podrán tener habilidades, pero sus complejos los mantienen atados a la tierra, embarrada de la miasma y la envidia que gotea de sus cuerpos.

La trompeta

En un par de meses- o tal vez menos- me compraré una trompeta. Una baratita nomás. Ya he leído un manual del instrumento y tengo una idea. Además, he visto videos en Youtube. Es el primer instrumento metálico de viento que pienso aprender. El tema del soplido es complicado. Me han dicho que es necesario tres meses de ensayo pertinaz para recién lograr un par de notas decentes. Es arduo el trabajo del trompetista. Y es tal mi entusiasmo que ya hice una canción chiquita con trompeta pese a que aún no la compro. Las notas son las mismas, total. Se llama El funk de la trompeta. Ojalá no se me olvide. No creo.

Otra aventura de G.

G. atiborra de correos a V. y le propone un encuentro. G. llega temprano; fuma cigarros mientras espera. V. llega, con dudas se saludan y entran al bar pactado. G. pide cerveza; V. pide café. V. le muestra modelos de libros. Distintos tamaños. Distintos tipos de hoja. Luego, conversan sobre poesia y narrativa, sobre la movida editorial independiente del país. Pasan las horas. Caminan un rato hasta la avenida Arequipa y se despiden.
G. , exultante, decide no ir a casa y comienza a caminar por Miraflores. Recuerda la pelea de Kina Malpartida: ya debe haber comenzado. Camina rápido, buscando un televisor. En la Calle de las Pizzas, encuentra a una afiebrada muchedumbre frente al televisor de un restaurante. G. se fusiona con el gentío y mira la pelea. Goza con cada golpe. Es feliz. Kina gana y la gente ruge. G. , parco por naturaleza, aplaude contento. Kina ha ganado esa noche. Él también.
Ya verán.

sábado 20 de junio de 2009

Fragmento en ciernes

Flotaba rabia y silencio durante ese almuerzo de martes. Solo el tenaz chillido de los cubiertos alteraba la hosquedad de los segundos. Mircia y su abuela, frente a frente, comían el ají de gallina que había preparado Angelita. A la vieja se le embadurnaban los labios en el estrépito de cada cucharada, le caracoleaba la dentadura postiza y su constelación de arrugas enfatizaba sus inveterados surcos en cada gesto de masticación. A Mircia le daba asco todo ello. No la soportaba. Deseó utilizar el cuchillo con el que cortaba la rodaja de papa sancochada para asesinar a ese blanco parásito.
- India cochina- masculló la anciana cuando Angelita ingresó al comedor para dejar la jarra de chicha morada.
Ofuscada, padeciendo una irritación que había logrado encender su faz de un color rojizo, Mircia continuó alimentándose con rapidez. La abuela no la miraba. Felizmente. Odiaba la fijeza de esos ojillos claros; parecía que juzgaban, que se burlaban de su piel trigueña y sus rasgos simiescos.

adjetivos

Niñas traviesas ambulando orondas por las pampas de la prosa: los adjetivos. Sábato los utiliza muchísimo y nadie dice nada. "Es Sábato", dicen los lectores." Nada le podemos reprochar a un clásico latinomericano". Pero si un joven autor inédito los utiliza los lectores creen tener la autoridad de criticar. Y peor cuando los lectores son coetáneos del autor. Entra la furia, la comparación.

viernes 19 de junio de 2009

La novela de G.

G. es el autor.
L. y Z. son los editores.
L. y Z. han leído la novela de G. En general, les ha gustado. Notan que G. tiene talento, que sabe armar historias. Sin embargo, hay ciertas cosillas que les desagradan, que les parecen defectos. Piensan proponerle a G. que haga unos cambios. Si acepta, lo publicarán. ¿Debe aceptar G. efectuar estos cambios?

martes 16 de junio de 2009

Falta poco

Hoy cogí a la realidad por el pescuezo.
He decidido asfixiar cada componente del mundo hasta que la publicación de mi primera novela se realice.
Falta poco. Falta muy poquito.
Creo que he encontrado el lugar indicado.
Ya verán.

domingo 14 de junio de 2009

Los grandes redactores de nada

No entiendo a la gente que sabe redactar bien, pero que no tiene nada que decir. ¡Hay tanto movimiento en el mundo! ¡ Hay tanta riqueza en nuestras conciencias! ¡Hay tanto por explorar dentro de uno mismo! Sinceramente, no lo entiendo.
Tal vez la respuesta sea simple: no hay un auténtico interés por expresarse. Tal vez la cotidianeidad les basta. Bien por ellos: es el camino más fácil para vivir.

Nadya y yo

Nadya es mi amiga desde el primer ciclo. Estuvimos en el mismo salón de cachimbos. En los últimos años, no nos hemos frecuentado mucho debido a nuestras distintas actividades. Ella como estudiante de Antrología; yo inmerso en la práctica de la literatura.
Hace una semana, me encontré con ella de casualidad. Nos topamos a espaldas de Plaza San Miguel. Yo iba a la librería Crisol; ella había cobrado por ahí un dinero. Comenzamos a conversar en plena calle. Locuaz, me contó que estaba llevando un curso de autobiografía en la Ruiz de Montoya. Me habló de autores y libros con una asombrosa ansiedad y pasión. Me dijo que estaba escribiendo mucho, que de esa forma se escabullía de sus propios demonios. Sorprendido, la seguí escuchando mientras me acompañaba a Crisol. Estuvimos ahí, mirando libros, hablando de libros, viviendo libros. Fue muy entretenido. Luego, de súbito, ella me dijo si es que quería conocer a un escritor, al autor de Generación Cochebomba, novela que había visto en algunas librerías. Curioso, le dije que sí, que me gustaría conocerlo.
El autor vivía en la unidad vecinal que se ubica cerca de San Marcos. Fuimos en micro, sin parar de dialogar. Nos encontramos con el autor, con quien comencé a hablar del mundo editorial. Le conté mi caso y el me contó el suyo. Había publicado con su dinero, de manera independiente. Paso a paso, me fue explicando su experiencia. Lo hacía mientras los tres avanzábamos por la avenida Universitaria, bajo la noche reciente.
Nos despedimos del escritor frente a la Católica. Nadya y yo entramos a la universidad. Ella quería sacar un libro. Destilaba literatura. Me dijo que su libro de cabecera era País de Jauja. Destilaba ansiedad por leerlo todo y escribir cada viviencia. Me habló de su viaje a Huánuco. Había ido para realizar un trabajo antropológico. Obviamente, aprovechó la travesía para comprar literatura del lugar. Lo hizo. Me enseñó uno de los libros, uno de cuentos. No paraba de destilar literatura. Yo oía, alelado, animoso.
Luego, la acompañé cerca de su casa y me trepé a una combi para ir a la mía. Había sido una linda tarde, poblada de libros, hallazgos, junto a una amiga de siempre.
***
Hoy, encerrado en la habitación, frente a la pantalla, recordé que Nadya me había dicho que tenía un blog. Me lo dijo mientras celebraba mi querido blog El Combinauta. Entonces, decidí entrar a su blog. Está muy bien hecho. Su redacción me agrada. La visión del mundo que destilan sus frases conecta con la mía. Sus pensamientos son valiosos e interesantes.
Leí un post que me encantó. Aquí lo cito:
Casi siempre cuando salgo de casa y camino al paradero, cuando camino usualmente por esa pestilente recta ke me lleva a la Católica, cuando estoy en el baño, en la combi, mirando a mis abuelos... me dan ganas de escribir. Ya voy pensando como contar lo que estoy mirando, como me voy sintiendo, ke expresiones usar, la cadencia, en 1era persona, 3era y ahora 2da -gracias a País de Jauja-.Incluso, el recordar los momentos y las sensaciones más tristes -debido a mi "rara" o "conveniente" memoria- suelo perdurar sensaciones más ke palabras- me dan ganas de escribir, o más que escribir, de contar una historia, un hallazgo... algo pequeña para no aburrir al lector y a mi, sobretodo.Y cuando gozamos de los momentos más alegres también nos dan ganas de registrarlos.. pero alguien alguna vez me dijo ke escuchó en una entrevista a una cantante: sería muy tonto ke en pleno momento de felicidad, una se parara a acoger un papel y escribir lo que siente, por ejemplo, como idea de una canción. Nada más cierto. Y lo comparto.Ahora escribo, escribo porke me siento escribiendo, no porque la esté pasando mal y necesite expresarlo -aunke de eso también hubo-, creo q lo peor ya terminó. Ahora escribo porke tengo el alma y el corazón trankilos. Y porke además, Claudio Alaya no puede esperar.
Me conmovió mucho. Lo que ella siente es lo mismo que siento yo. Para algunos, la escritura es una actividad aburrida y esporádica. Para otros, como Nadya y yo, es una actividad esencial, el modo de respirar de nuestros pensamientos.

La cruz de la espera

Se preguntarán qué ocurrió con mis planes de publicación. Les comunico que aquellos no han muerto. Simplemente, se encuentran en una tortuosa espera de meses y meses. El dinero para la publicación ya lo tengo. He ahorrado bastante. Incluso, mi madre me va a apoyar si es que falta. Entonces, el dinero está listo. El problema es la espera. Uno envía un correo a una editorial independiente. Esta responde requiriendo que se les adjunte la obra. Uno se la envía con premura y entusiasmo. La editorial manda un correo informando que entre tres o cuatro semanas te darán una respuesta. Un mes de espera y vacío que uno debe soportar. Cuando se cumple el plazo, la editorial no manda ningún correo. Solo silencio. Entonces, uno les manda un correo pidiéndoles una respuesta. Ellos dicen que una semana le darán una respuesta y que disculpe la demora. Uno espera, pasan los días. Al sexto día, no ha llegado ningún correo. Tal vez lo manden al séptimo día, se engaña uno, iluso. Llega el día siete y nada de nada. Silencio. Si nos ponemos a contar, ya han pasado cinco semanas en vano. Treinta y cinco días al agua.
Imagínense que unos días la editorial responde y dice que la obra ha sido aprobada. Uno responde y dice que cuándo van a firmar el contrato. La editorial se demora una semana en responder, proponiendo una día de encuentro. Uno ya no puede con la ansiedad y prescinde del internet y llama al editor a su celular. El encuentro ocurrirá la siguiente semana. Siete días más de espera. Se reúnen y no llegan a un acuerdo. El editor pide mucha plata. Entonces, queda en nada. Fueron casi dos meses inútiles.
Pero seamos optimistas. Imaginemos que autor y editor llegan a un acuerdo y se firma el contrato. El libro pasa por una corrección, es diagramado, se busca una carátula, se manda a impresión, se prepara la campaña de difusión, se prepara una presentación digna en algún centro cultural. Tras haber realizado todo aquello, han pasado dos o tres meses más.
Ya se le fue a uno medio año de espera.
Lo peor es que yo ni siquiera he firmado un contrato.
El tiempo, como dice Bukowski, es la cruz de todos.

sábado 13 de junio de 2009

Dream Theater


Siempre la consideré una de esas bandas de vana pirotecnia musical, de esas que enarbolan arreglos enrevesados, solos ostentosos de instrumentos. La consideraba una banda de excelentes músicos, pero de creadores "normales". Fue un error muy grave creer todo ello. Ahora que me he dado un tiempo para escuchar a Dream Theater puedo decir que es una banda cabal: hay perfecta ejecución, rutilante inspiración, vértigo, escalofrío. Es arte.

El enfermito

Desde la pubertad, me ha gustado utilizar el chat. Comenzó como una manera enfermiza de desahogarme, al carecer de oportunidades de conocer mujeres. Estaba reprimido y amargado. Por ello, esgrimía frases coléricas, las más sinceras de mi mundo, y se las lanzaba a todo aquel chateador que se me cruzara en mi campo virtual. A veces, colocaba como nick un nombre de mujer y al instante recibía un cúmulo de holas de varones, seguidas de invitaciones a salir, piropos groseros y finos... Yo me reía desde mi computadora y los mecía largos minutos, dándoles esperanzas para mantenerlos expectantes. Tras un buen rato, les informaba que era " más macho que mi abuelo" y me burlaba de ellos. Les decía que eran unos pésimos afanadores, que por eso no tenían flacas, que primero escribieran sin faltas ortográficas antes de pretender hacerse los galanes. Me reía, pero por dentro sabía que yo era de la misma calaña. Lo único que me diferenciaba de ellos era mi buena ortografía y claridad de dicción. Pero en lo demás éramos la misma porquería. Yo era tan solo un virginal adolescente que tenía un inmenso testículo izquierdo( era una hernia que se alojó en mi escroto durante cinco años) y que, al sentir que no podía valerse sexualmente, recurría a la enfermiza ficción del chat para intentar vivir, a sabiendas de que todo era una autodestructiva mentira.
A los dieciocho años, me operaron y mis genitales se tornaron normales. Pero era demasiado tarde: un terrible complejo de inferioridad ya se había alojado como un tumor en la médula de mi espíritu.
Desde entonces, no he cambiado.

El palacio imperturbable

La gente necesita amar a alguien. La gente odia estar sola. Odia encontrarse con la verdad. Le teme a su propia esencia. Le teme a sus defectos. La gente necesita alguien al lado. Si no tienen a nadie, se sienten menos, sufren, se entristecen. Necesitan depender de alguien y que alguien dependa de ellos.
A mí me ocurre lo opuesto. Me fascina estar solo. Es un lujo. Es mi lujo. Es mi palacio. Pero también estar solo es una manera de desconocerse, de no querer descubrir sus defectos. Cuando alguien te necesita, entonces ya eres alguien importante. Y tus defectos sí importan. Cuando son solo tuyos, cuando solo son componentes de la propia soledad, solo te haces daño a ti mismo. Cuando le afectan a alguien más, los defectos trascienden, intervienen en la bullanga externa y se vuelven nocivos.
Y no hay soledad más saludable que la aparecida tras un día de frenesí y exceso de vida. Soledad es alivio, felicidad, descanso, un palacio imperturbable.
Escóndanse al final de cada jornada bulliciosa y disfruten. Ahí está la vida sincera, la de verdad. Solo ahí.

miércoles 10 de junio de 2009

vientos metálicos

Este sábado, tras el dictado de mis seis horas de clase, iré a tocar funk con unos amigos. Estaré a cargo del teclado. Me entusiasma la idea de que uno de los integrantes- en este caso, una chica- esté a cargo del saxofón. Siempre he querido aprender a tocar vientos metálicos. Me agrada cuando en la banda donde toco hay trompetas, trombones, saxos.
En unas semanas me compraré una trompeta. Me sacaré el clavo. Cumpliré ese deseo postergado, el cual albergo desde los once años.

domingo 7 de junio de 2009

Perú- Ecuador

Pese a bajas importantes
los monitos nos fregaron
nuevamente nos ganaron
con dos goles bien campantes
Los peruanos sin destino
no atinaban a jugadas
solo a las palomilladas
del chiquito de Merino
Para qué tanta gambeta
si solo tocamos meta
con el gol del gran Loquito
que fue solo un corto grito.

sábado 6 de junio de 2009

La disciplina existe

Ser un artista es gozar con el reto.
Si todos optan por el verso libre, yo opto por el regular, y gozo en soledad. Es más difícil y requiere un real talento, no una tendencia a la acumulación de frasesillas como la lírica amorosa adolescente falsamente bequeriana)
Hoy en día, los muchachos no poseen los huevos ni la claridad para escribir una novela de verdad. Una con capítulos y no con retazos supinos de cualquier cosa caótica disfrazada facilistamente de vanguardia multicolor. Y si recién en la cuarentena van a darse cuenta de que NOVELA no es un término gratuito( está bien que digan que es promiscua, pero de ahí a llegar al arroz con mango pueril hay mucha andanza) y se dediquen a consciencia a ordenar una historia en el sentido clásico. A elaborar capítulos decentemente legibles y CON HISTORIA, de una vez por todas. Ya no más reflexiones, jugueteos de acciones enmarañadas.
Suena rígido todo esto, ¿verdad? ¿Pero a un músico no se le piden horas de horas de práctica? ¿Por qué, entonces, al muchachito que quiere escribir se le da más chance y se le cobija en los valores aviesos de la relatividad, de la bastarda interpretación y el paternalismo?

La literatura SOCIAL

Si existiera la literatura social también existiría la antisocial. En el Perú, se maltrata a Miguel Gutiérrez, a Scorza, Dante Castro, Reynoso... a todos aquellos que están supuestamente politizados. Se dice que la ideología ha fregado sus literaturas, que solo quieren denunciar, hacerle justicia a las masas oprimidas y otros asuntos. Se les critica de politiquería, de envenenar la literatura. Ese mundo sanmarquino y villarrealino de insurgencia, de diálogo destemplado. No deberíamos juzgarlos, porque sus temas, sus estilos, provienen de ese mundo. Sus temas son lo que viven. Scorza, natural de Cerro de Pasco, escribió, naturalmente, sobre su tierra, la cual estuvo aquejada por conflictos mineros, por revueltas. Arguedas escribió sobre los lugares donde vivió, donde había explotación, maltrato. No son poseros. Simplemente, escriben en base a sus contenidos vitales. El caso de Miguel Gutiérrez es más radical: su esposa y su hijastro fueron asesinados en cárceles, acusados de senderistas. Tremenda herida la del gran escritor piurano. Entonces, es natural que uno escriba sobre su mundo. Es obvio, es casi tonto decirlo. No es que sean poseros, resentidos, politizados: les sale natural porque ese es su mundo. Y estos autores que he nombrado son indudables clásicos de nuestras letras.
Ahora, adentrándonos en el mundo de las universidades particulares, es natural que la gente que proviene de ese ámbito escriba sobre otros temas, o si decide escribir sobre los mismos, lo haga desde un punto de vista ajeno, de investigador. Y no está mal. Si hay metaliteratura, si se cuentan sucesos cotidiano-amorosos recordando rayuelas y poemas de eielson, está bien. Cada loco con su tema. He ahí las dos caras de la moneda. No hay tensión, solo distinción.
No por ser de izquierda se es un artista parcializado, incompleto. Un ser desinteresado de la política también ejercería un techo, igual que el de derecha, ultraderecha, nazi. No se debe satanizar a la izquierda. No hay que mirar raro a los escritores del grupo Narración como Gutiérrez o Reynoso por el hecho de que sean archiizquierdosos. No los jodamos más. En mi opinión, son superiores a cuetos ampueros thays. En mi opinión. Pero mejor digamos que simplemente son diferentes. Cada uno con su mundo. Al final, la literatura nos unifica a todos, a todos los que leemos e intentamos escribir día a día.

Aventuras ovinas

Un hombre diminuto constantemente disfrazado de carnero. Un muerto que surge en la oscuridad bebe cerveza y predice el futuro. Paisajes recónditos del territorio japonés. Una misión brumosa, absurda y vesánica. Una chica de orejas perfectas que conoce sucesos del futuro. Un carnero que se interna en cuerpos humanos. Una explosión en una cima, oída a lontananza. Un hombre ebrio. Una empresa de publicidad pulverizada por un poder semi asbstracto, presidido por un carnero mágico. Bares. Muchas canciones. Divorcios. Fugas.....

Todo esto contiene La caza del carnero salvaje, novela de Haruki Murakami.

329 páginas.

Ayer acabé de leerla.

El crecimiento del oficio

He estado corrigiendo algunos capítulos de mi nuevo trabajo literario, aún inacabado, y he observado algunos defectos, esos que se palian con la persistencia de la correción. Uso mucho ENTONCES. He notado que lo utilizo cuando no se me ocurre cómo ligar una frase con otra. Es un recurso facilista que evitaré usar en adelante. También puse: No tiene lugar el error. mejor está decir: No ocupa lugar el error. Mi chamba como profe de redacción me está haciendo mucho bien. Gracias a tanta corrección y enseñanza de escritura académica, mi estilo se está depurando, está madurando, tornándose cada vez más decente. Luego, para evitar el abuso de los adjetivos, opto por reemplazar, por ejemplo, FUERTE ODIO por LAS FUERZAS DEL ODIO. Así evito colocar, a cada instante, sustantivo- adjetivo, sustantivo- adjetivo...
También he notado que, a veces, abuso de la Y. Para solucionarlo, opto por valerme de oraciones más cortas. Asimismo, evito las enumeraciones complejas, pues las considero muy densas, entorpecedoras del suspenso que yo busco crear en la ficción.
Todo aquello que he colocado anteriormente trasluce el crecimiento del oficio. Tema y forma, ambos en igualdad de condiciones. Ambos igual de importantes. Cada vez, estoy más de acuerdo con una frase de Paul Auster: "Nunca antes había sido tan consciente del abismo entre pensamiento y escritura".

miércoles 3 de junio de 2009

La lista de Babel

Quiero leer a muchos narradores y no sé si me alcance la vida para ello. Conrad. Moravia. Saramago. Tabuchi. Lobo Antunes. Saer. Marías. Mailer. Edwards. Mutis. Somoza..... La lista es inasible, superior al tiempo humano y cada vez va aumentando.. Súmenle a los poetas, a los dramaturgos... súmenle eso también.

martes 2 de junio de 2009

Una carrera como cualquier otra

Me encanta la pintura y me gusta admirarla como un espectador. Sé que no poseo el talento para pintar. Siempre lo supe. No hubiera podido estudiar Arte aunque hubiera querido, porque para estudiar aquello se requiere dar un examen de talento. Pero la carrera de Literatura no es una carrera de creación, sino de crítica. No egresamos como escritores, sino como críticos literarios. Esa es nuestra profesión. La de ser estudiosos del fenómeno literario, de lo que ya ha sido escrito. No es una obligación para todos el ser creadores.
La carrera de crítico literario es como cualquier otra. El abogado tiene casos que debe esclarecer; el sociólogo tiene fenómenos que explicar, etc, etc. El crítico literario tiene libros que analizar. Es la misma vaina.

lunes 1 de junio de 2009

Talento no basta

Conozco a mucha gente talentosa de edades similares a la mía: poetas, narradores, músicos. El talento es una bendición de Dios, pero es insuficiente. Si no hay disciplina y amor por lo que uno hace, el talento se opaca y solo existe como una peculiaridad que nunca podrá despegar. Conozco gente con gran potencial artístico que por las drogas o la flojera se ha estancado para siempre. El talento abunda, pero la disciplina no. La dedicación es el verdadero ámbito del arte.