A menudo, retorna a mi mente la frase del poeta Jorge Teillier que tanto le gusta a Aldo Pancorbo. Aparece desdibujada, inexacta, pero decía algo así: "No importa ser buen o mal poeta, sino convertirse en poeta". La recuerdo porque siento que hay tanto por aprender en el arte, tantos errores por asesinar, tanta experiencia por ganar. Sé que aún soy un escribidor, un escritor en etapa germinal. El camino es tortuoso, pero emocionante. He luchado muchísimo para poder culminar una novela decentemente. He luchado muchísimo para publicar un libro. Pero esto recién comienza. Qué bueno que la edad me favorece. La juventud. Y sé, además, que entre tantos errores he cosechado un pequeño éxito, el primero de estos cabizbajos veinticuatro años. De alguna forma, ya me convertí en poeta. Ya veremos si bueno o malo. Por ahora eso no importa.
Tampoco importa que algunos piensen que hablo mucho de mí, que solo hablo de mi libro. Eso es lo que me nace. Sé que, cuando uno publica un librillo, a la primera cosita salta la manada. Ah, ya se volvió posero. Ah, ya se volvió sobrado. Tonterías. También está la creencia extraliteraria de asumir que como uno ha puesto su billete para publicar, significa que el texto no es tan bueno. Hay de todo. Que la gente piense lo que quiera. Por último, que hablen los textos. Solo quiero meter mi vástago en las librerías, culminar la promoción en diarios y olvidarme de él para poder pensar en el nacimiento de mi segundo hijo, al que educaré mucho mejor.