jueves 31 de diciembre de 2009

RECUENTO DE LIBROS 2009

A pocas horas de que el 2009 se extinga, veo oportuno elaborar un recuento de los libros que más me han gustado en este año. Ojo, no hablo de libros publicados este año, sino los libros que YO HE LEÍDO. Esto no es un ranking de libros ni mucho menos. Solo quiero compartir con ustedes mis lecturas de este periodo.
Un novela que me encantó fue La caza del carnero salvaje de Murakami. Poseía una sensibilidad muy particular y una trama interesantísima, en clave detectivesca. Me fascinó.
Otro hallazgo importante para mí fue el escritor belga Georges Simenon, cuya saga de Maigret me encandiló. Leí cuatro novelas de dicha seguidilla y una ajena a esta, llamada Luces rojas.
Y, por supuesto, no podía faltar el maestro Paul Auster. Terminé La Trilogía de Nueva York y me encantó. También devoré La invención de la soledad, texto autobiográfico que me impactó por su claridad al contar vivencias crudas y su asociación con experiencias similares de personajes del pasado. Estuve leyendo The Brookling Follies en inglés. Pronto retomaré ese libro. Y ahora me encuentro leyendo El libro de las ilusiones, otro gran texto.
Otro librazo que devoré con paciencia fue En medio de ninguna parte del sudafricano Coetzee. Creo que es el libro que más me impactó en el año.
Otra gratísima experiencia fue leer, una inmediatamente después de la otra, dos novelas de García Márquez: Del amor y otros demonios y El general en su laberinto. Me encantaron ambas. La segunda me trajo muchas reminiscencias, pues Simón Bolívar es un personaje que siempre ha sido muy cercano para mí. Casi toda mi vida la he pasado a pocas cuadras de su casa en Pueblo Libre. Su rostro pétreo de la plaza es una estampa constante en mi cabeza.
Otra experiencia enriquecedora fue, y sigue siendo, Raymond Chandler. Su novela La hermana menor me mantuvo en vilo. Ahora leo El largo adiós, quizá la más famosa de sus novelas.
Y, por supuesto, gracias a todos esos autores peruanos que leí este 2009. Me gustaron mucho Que la tierra te sea leve de Ricardo Sumalavia, La conciencia del límite último del maestro Calderón Fajardo( era mi segunda lectura), Un duro despertar de Aldo Pancorbo y Como dulce trueno de Franco Salcedo.
Hay más libros que me gustaron mucho( tal vez esté olvidando ahora alguno que me encantó), pero ya es suficiente por hoy, por este fatigoso y emocionante 2009.
Feliz 2010 les desea El Combinauta.

RETORNO A LIMA


Acabo de regresar de un viaje vertiginoso. Desde el sábado 26 hasta el mediodía de hoy estuve dando tumbos por varios lados. Salí de Lima rumbo a Máncora, donde permanecí un día y medio. Luego, tomé un bus rumbo a Guayaquil. Fue emocionante cruzar la frontera por primera vez y recorrer una ciudad extranjera. Fue lo máximo. En esa bella metrópoli ecuatoriana estuve menos de un día. Después, regresé al país, a Tumbes, donde pernocté y deambulé hasta el mediodía del 30. Hace menos de dos horas he llegado a mi ciudad natal. Ya se imaginarán que tantas vivencias nuevas me van a servir para lo de siempre.

Escribir.

viernes 25 de diciembre de 2009

Incidente en el hostal Saturno: fragmento


La fachada del hostal Saturno es sucia y tétrica. Apenas unas lucecitas de neón salpican los contornos de la puerta de ingreso. Subo por la escalera y me planto frente a la recepción. Le anuncio al conserje que iré al cuarto 302. Él asiente y me señala con el dedo la ubicación de la escalera que me dará acceso al tercer piso. Avanzo por un pestilente pasillo y subo.

Al llegar al 302 toco la puerta con nudillos frenéticos. Luego de unos segundos Glenda abre. Lleva una bata de seda y el cabello recogido. Me da un sonoro beso en la mejilla y me invita a pasar.

miércoles 23 de diciembre de 2009

De la creación y otros demonios


De la ignorante espontaneidad adolescente al garrapatear frases trilladas hasta el trazo imperfecto de historias algo menos chabacanas, pero aún inmaduras. Ese ha sido mi derrotero personal hasta hoy. De la copia descarada de estilos de autores canónicos a la total apatía por el arte en días infernales donde la cabeza quiere estallar de ansiedad y pesimismo. De las ansias de llevar una vida múltiple a la total simpleza de gozar mirando el pellejo azulino de mi primer libro, de mi primer monstruo literario. Del entusiasmo visceral al raciocinio, al caer en cuenta de la imperfección de los productos juveniles. La inocencia. El lento conocimiento de esa olla de grillos llamada Literatura Peruana. La inocencia siempre ahí. El deseo de presentar una obra correcta. La falta de conocimientos. La falta de oficio. Y, ahora, en etapa post- parto, un poco más maduro, con más dolor, con el cuero más duro. Con la mirada curtida que ya sabe sortear las bajezas, las múltiples opiniones y reacciones, las mascaradas, el discurso frente a ti y el discurso a tus espaldas, la congratulación de los viejos y la hostilidad velada de los coetáneos.
Un libro es como la fotografía de un instante de tu vida. Es lo que fuiste durante un tiempo. El tiempo que demoró la escritura. No hay que arrepentirse jamás. Un libro es una etapa en la vida del artista. La estampa de un momento vital.
Un libro es un trozo de pensamientos que uno ofrenda al exterior. Publicar es compartir. Publicar es darle legalidad a tu trabajo que, bueno o malo, es un esfuerzo materializado. Publicar es ir construyendo algo importante para el futuro. Es no estar en cero. Es no seguir en cero. Es estar harto de ser un espectador hundido en el tedio, en la monotonía de dar opiniones que cobijan altas dosis de frases hechas. Obsequiar algo al mundo: un hijo, un árbol, un libro… Otra frase hecha pero efectiva para expresar lo que pretendo.
Para mí, el hombre que solo observa no vive de verdad. Es un fantasma anclado en la cobardía. En el mundo de las suposiciones, todos pueden. Pero la realidad, aquella que nos golpea día a día, es la única que vale. Si queremos ser novelistas o poetas, intentémoslo. Practiquemos. No solo pretendamos convencernos de que somos capaces. Comprobemos esa capacidad con hechos. No es tan fácil, lo verán. No es nada fácil. Pero debemos intentarlo. No hay que ser cobardes. Seamos como un terco aprendiz de trompetista que se desgasta los pulmones en prácticas de azotea. Los primeros meses, tal vez años, las notas saldrán sucias, chillonas, irrisorias. Pero, poco a poco, la claridad se va a ir imponiendo a fuerza de oficio y tenacidad. No hay que dejar de soñar con logros inmensos, pero construyamos ese camino hacia el éxito en base al trabajo sesudo y paciente. La mera observación, el mero consumismo culturoso, no nos llevará a nada: solo agriará más los ánimos sin que nos demos cuenta. La perspectiva se volverá cada vez más desdeñosa, hasta llegar al punto de pensar que solo Cervantes, Shakespeare y Dante son los únicos escritores que valen la pena. El arte es un ente activo y pocas veces está engalanado por la excelencia de los genios. El arte es trabajo de gente común y corriente, con cierta chispa de talento, claro está. Los genios por algo son genios. Los demás, ustedes y yo, debemos construir nuestros productos lo mejor que podamos, con valentía y firmeza, porque el verdadero instante de felicidad artística acaece cuando al menos una partícula de tu labor ha resultado prístina, irrefutable por lo hermosa, sincera y, por ende, inmortal.

lunes 21 de diciembre de 2009

ISMAEL RIVERA


Estos últimos meses he estado escuchando salsa y , en especial, a Ismael Rivera. Lo recomiendo mucho. No pasan dos días sin que no escuche "El Nazareno", "El incomprendido" y "Las caras lindas". Ahora que todo el mundo se está rascando las bolognesas, tómense un tiempo y escuchen al famoso Maelo. Un buen amigo mío dice que le parece más sabroso que Lavoe.

domingo 20 de diciembre de 2009

QUE LA TIERRA TE SEA LEVE


Tengo pendiente leer la novela Que la tierra te sea leve de Ricardo Sumalavia. Con este libro, el escritor limeño fue finalista de un importante concurso español. Sumalavia fue mi profesor de Taller de Narrativa en el año 2004. Fue una experiencia memorable. Siempre recuerdo los consejos literarios que soltaba en clase. Los recuerdo, aunque desatendí muchos en la febril etapa de la accidentada edición de mi primer vástago. La paciencia, sobre todo la paciencia.


Siempre lo oigo dentro de mi cabeza. Admiro su paciencia para escribir, su exquisitez de estilo, su mesura, su dedicación. Es en verdad un escritor, un trabajador de la palabra. Por todo esto, su carrera literaria ya está encumbrada desde hace mucho. Bien por él. Cuando pueda leeré la elogiada Que la tierra te sea leve.

sábado 19 de diciembre de 2009

"La senda del secuestro" en la revista La Sorpresa de lo Cotidiano


La revista de estudios sociales "La Sorpresa de lo cotidiano" ha publicado mi crónica titulada "La senda del secuestro". Aquí va el link del último texto ampuloso de mi vida. Gracias a la gente de la revista por su amabilidad.


RAFO RÁEZ EN GRINGO BAR


Esta noche, después de más de cinco años, iré a un concierto de Rafo Ráez. Iré con mi hermana menor al Gringo Bar de Barranco y veré a mi ídolo. Me sé casi todas las letras de sus canciones, las cuales he oído cuantiosas veces desde mis quince años. Sé sus canciones mejor que las de cualquier otro cantante o grupo del Perú y el mundo. Nos une la admiración a Bjork, influencia clara en sus últimos trabajos discográficos. Rafo es un maestro. A algunos no les gusta; a otros, como yo, nos fascina. Tengo incluso su autógrafo en mi disco "Obsequio". Y cómo olvidar aquella conversación que tuvimos en Yacana. Una cháchara entre ídolo y fan. Es realmente un genio. Hoy estaré cerca de él. Como antaño.

Gracias por tu música, maestro. Gracias por embellecerme el tiempo con tu talento.

viernes 18 de diciembre de 2009

BODAS DE PLATA

Y llegaron los veinticinco años. He salido de mi clase de inglés y he entrado a una cabina para escribir. He recibido algunos mensajes y llamadas. No tengo ningún plan de celebración. Creo que, luego de almorzar con mi familia, la pasaré solo. Siento que es necesario. Nunca está de más pensar en silencio.

martes 15 de diciembre de 2009

Cumpleaños


Se viene el cumpleaños del Combinauta. Dentro de unos días tendré 25 años. Dejaré atrás aquellos 24 años que siempre flotarán en mi memoria. Mis 24 años: tiempo de la publicación de mi primera novela y de mi consolidación como asistente de docencia. Tiempo de consolidación de mi yo tan avieso y jodidón.

En este lapso he conocido un poco del mundo literario. Antes no sabía ni jota. Creo que hay que publicar para entender recién de qué se trata este viaje llamado Literatura. Ya sé que los libros deben ser impresos en un buen papel para que tengan más acceso a librerías. Sé que, muchas veces, los reseñistas no terminan de leer el libro reseñado. Sé que siempre se filtran erratas, porque todo libro es un producto humano y, por ende, imperfecto.

Falta mucho por mejorar, pero estoy convencido de que llegará ese día en que mi prosa discurra precisa y dura, ajena a los tropiezos de la primera infancia de la creación.

domingo 13 de diciembre de 2009

...


Domingo malo. Tener las manos vacías, viendo cómo el Otro sostiene el trofeo merecido.

sábado 12 de diciembre de 2009

FRAGMENTO DE "LIMA NORTE"

Se pone de pie y se dirige a la sala con pasos emocionados, sintiendo que la frialdad del suelo sube por sus piernas. Al llegar, mira por la ventana. Bajo el manto de luz ambarina que brinda un farol, hay un soldado en actitud pétrea. La luminiscencia le confiere el aura de fantasma observador. Permanece inflexible, mirando hacia la ventana. La anatomía maciza del trinchudo y cobrizo joven le activa una emoción escandalosa para su conciencia. Entreabre los labios, lo remira, la taquicardia lo acomete. Se baja los pantalones de la pijama hasta las rodillas y le muestra sus genitales. El soldado continúa impertérrito. Lo está mirando, por supuesto, pero no exhibe ninguna reacción.
Tras unos segundos de terror y delicia, decide sacarse toda la ropa. Oleadas de frescura se bambolean por su cuerpo desnudo. Mientras se deja contemplar, el miedo de ser descubierto por su madre lo remece y le impide un disfrute pleno.
Azorado por una idea súbita, se precipita hacia el baño. El ambiente está adensado por las tinieblas. Solo los resplandores del farol que ingresan por el tragaluz propician una débil visibilidad. Encuentra sobre la tapa del wáter la ropa de baño de su mamá. Sonríe. La coge y la acerca a su nariz. Huele a perfume femenino, a sudor femenino, a las esencias del cuerpo de la mujer. Con manos trémulas se coloca la ropa de baño. Le queda holgada. Sobra tela en la zona de los senos y el trasero. Esa certeza le provoca una punzada de amargura.
Regresa a la sala y se ubica frente a la ventana. El soldado continúa imperturbable. Gracias a la luz del farol, se puede apreciar el color rosado de la ropa de baño.
Comienza a posar como una modelo. Le enseña el trasero, se estruja las tetillas mientras le manda besos, se pone de perfil para mostrarle su erección.
Susurra una frase:
—Ahora ya no soy Gianfranco: soy Gianfranca, Gianfranquita, la más linda, la reina de los soldados.


Fragmentos de "Lima Norte"


Hoy es sábado. Hace unas horas, por la tarde, fui junto a Jenny a visitar el Castillo de Collique, ubicado en un cerro de la avenida Túpac Amaru, en Comas. Nos encontramos a las dos de la tarde en el paradero de Megaplaza. Cuando llegué, Jenny me esperaba de pie, embutida en un bluyín medio holgado y un polo verde muy ceñido bajo una casaca plomiza. «Vamos por ahí», me dijo, tras darme un beso corto en la mejilla. Yo era rémora de sus pasos. Doblamos la esquina de Megaplaza y avanzamos unas cuadras hasta desembocar en la avenida Industrial. Al lado izquierdo estaba Saga Fallabella. Era un bloque albo, ostentoso, que relucía su carácter novísimo. «A todo el Cono Norte le encanta venir a Mierdaplaza», comentó Jenny mientras introducía sus dedos en su bolsillo derecho. «Quieres lanzar?», dijo luego. « Ya pues», respondí perplejo. Sacó un papel apretujado y lo abrió con morosidad. En su interior dormitaba un cigarro Hamilton relleno de skünk. Me lo alcanzó junto con un encendedor de color naranja. Lo encendí y fumé. Un olor tibio y potente circundaba nuestra caminata. Fuimos pasándonos el troncho, una y otra vez. Las personas que se cruzaban con nosotros apuraban el paso, nos miraban con fugaz desaprobación. Cuando llegamos a la Túpac Amaru, del cigarrillo solo quedaba el filtro y unas briznas renegridas imposibles de fumar, pero igual Jenny lo introdujo en su bolsillo. «Siempre guardo la pava», dijo. Sus ojos relampagueaban venosidades rojas bajo una capa viscosa. El tiempo se hizo lento mientras esperábamos la irrupción de una combi que nos llevara al Castillo de Collique, ubicado detrás del hospital Sergio Bernales.
Ya instalados en la combi, Jenny y yo nos enzarzamos en un diálogo amenizado por los rugidos de autos y demás pasajeros.
—¿En qué parte de Los Olivos vives? —le pregunté.
—En Universitaria con Los Alisos. Por ahí.
—¿Y ya has ido antes a Collique?
—Sí. Una vez fui a repartir revistas. En ese entonces chambeaba repartiendo revistas del municipio de Comas. Hará un par de años.
Nos quedamos en silencio. Jenny miraba la avenida Túpac Amaru atentamente. Estábamos pasando junto a la desembocadura de la calle España.
—Nunca he ido más allá de este lugar —dije.

***

Gianfranco Caldas bajó animosamente del taxi junto con sus compinches de la universidad, entre parloteos aderezados por el alcohol. Habían hecho unos brindis en una cantina cercana a la Católica antes de subirse a ese Tico rumbo a Barranco, distrito en el que se encontraban en esos momentos. Gianfranco estuvo caviloso durante el trayecto que, en gran parte, discurrió junto al mar azabache, en la autopista de la Costa Verde. Contemplando con vaguedad la negritud de la alta noche, recordó la colérica reacción de su madre, luego de que él le contara con detalle la aventura que vivió con Lorenzo Huanqui, omitiendo únicamente la identidad de la psiquiatra que forjó la recuperación del ex soldado.
El taxi se alejó con un rugido de motor. Era un Tico amarillo. Gianfranco ni siquiera se fijó en la cara del taxista: hubiera podido ser Lorenzo Huanqui y él ni se preocupó por descartar esa posibilidad. Reflexionó sintiendo un suave mareo por el alcohol: «Los taxistas son, en la práctica, solo máquinas al volante. Sus rutinas consisten en presenciar los trayectos y destinos de la gente más suertuda, tal vez de pieles más claras y narices más angostas. Nadie puede cambiar esa estructura despiadada».

Monólogo de trompetista


Abro la llave de agua y un chorro de saliva cae al suelo. Presiono los pistones para cerciorarme de que el aceite Yamaha ha hecho su trabajo. Y sí, los pistones están agilitos, listitos para la música. Tal vez debí lavar la trompeta como me recomendó un amigo: preparar una tina con agua tibia y shampoo para bebé, y sumergir al instrumento un buen rato. Claro, primero habría que quitar los émbolos y los pistones. Pero, qué importa, no alcanzó el tiempo. Así, medio ronquita, igual la trompeta tiene que sonar sabrosa, pícara. Comenzaré con las notas graves. Que suene la salsa. Una de Lavoe, una de Maelo. Una descarga propia mejor.


viernes 11 de diciembre de 2009

SEGUNDA PRESENTACIÓN DE "LIMA NORTE"


DÍA Y HORA: DOMINGO 13. 5 P.M.

LUGAR: CASA DE LA LITERATURA PERUANA( espaldas de Palacio de Gobierno)


Se venderá el libro a un módico precio

miércoles 9 de diciembre de 2009

PLAY-OFF


Universitario de Deportes ayer demostró claramente que se encuentra en un nivel superior al Alianza Lima. Si bien es verdad que el portero crema Raúl Fernández salvó muchas pelotas de gol, el cuadro merengue impuso su estilo de juego durante todo el primer tiempo. El inicio del partido fue desconcertante. Los cremas comenzaron atacando una y otra vez, haciendo notar las falencias defensivas de los íntimos.

Alianza Lima marcó el ritmo del segundo tiempo y pudo empatar en varias ocasiones. Igual siento que la U es el favorito para alzar la copa. La U está más cuajada. Es de hidalgos admitirlo. Y eso que yo soy aliancista.

martes 8 de diciembre de 2009

Escape al Ecuador


He decidido escapar de Lima y refugiarme en alguna ciudad del norte peruano. Tal vez a Tumbes, como lo había hecho Glenda en su intento de ocultarse de los policías. Sí, Tumbes es una buena opción. De ahí podría entrar al Ecuador para no volver jamás. Me subiría a un bus que me dejase en Guayaquil o en el balneario Montañita.


Estoy loco por salir del país por primera vez. Será muy emocionante. Desde que me convertí en detective me pican los pies. No hablo de hongos. Me refiero a que ya no puedo permanecer en un mismo lugar. Me dan ganas de cambiar de espacios, de identidad, de vida. Quiero recorrer todos los países del mundo y succionar sus esencias. Quiero ser otra persona en cada lugar. El detective Altimora aquí, el detective Tal allá... A eso me refiero. Vivir sin descansos. No reflexionar sobre nada. Solo quiero asir la vida en estado puro. Vivir como lo que soy: un detective fugitivo. Nunca más volveré a ser un aburrido profesorcito de Redacción. Despojarse de la memoria y vivir en un eterno presente, como los animales, es el secreto de mi nueva felicidad.


Alisto mi mochila con ansiedad. Luego coloco mi automática en el Holster, me embuto una polera por la cabeza y salgo del cuarto. Cuando paso por la recepción, le digo al conserje que volveré en unas horas.


Nunca dije una mentira tan grande.

SEGUNDA PERSONA de Selenco Vega


Segunda persona es una formidable novela, con la cual Selenco Vega se apropió, merecidamente, del premio Cámara Peruana del Libro de novela breve 2009. La historia es interesante. Ernesto Valdivia, un trabajador de biblioteca, es asediado por circunstancias familiares y por los impulsos homosexuales que se encarga de ocultar de todos.

Lo que más me gusta de este estupendo libro es la claridad de la prosa, la cual se sirve de la segunda persona para narrarnos una historia estremecedora por su intimismo. Se nota que el autor ha trabajado con minucia su estilo. Y con paciencia. Mucha paciencia.

domingo 6 de diciembre de 2009

Autocrítica


Antes escribía de frente, ansioso y arrobado. Y cuando acababa solo corregía la normativa. Y pensaba que la historia ya estaba acabada.


Ahora, tras saber lo que significa publicar un libro, soy mucho más cuidadoso. Desecho frases sin que me tiemble la mano. Me pregunto a cada instante si la historia es interesante y clara. Soy mucho más exigente conmigo mismo. Antes, cualquier historia terminada podía, en mi cabeza, ser publicada. Ahora no. Después de escribir Lima Norte elaboré dos novelas más que ya he terminado, pero ninguna de ellas me convence. Siento que les falta calidad. Ahora me exijo con honestidad y calma. Hay más mesura. Si no me encantan las historias, pues no sirven. Por ello, en el presente, planeo todo al milímetro y pongo por encima de todo al proyecto literario. Antes me apuraba; quería terminar la historia cuanto antes para poder disfrutar de un objeto propio acabado. Y esa premura jugaba en contra. También la flojera. Me decía: " Este párrafo podría estar mejor, pero qué importa: está más o menos". Hoy es impensable esa filosofía acriollada.


Lo que he aprendido, queridos amigos, es exigirme en base a mi propio ritmo. Solo miro mi propio tiempo. Evito, en lo posible, compararme con los demás. Desatiendo los barullos de las reseñas, ferias y concursos. Desatiendo las opiniones con mala leche y los infaltables puñales por la espalda. Total, el que se arriesgó fui yo. Los demás siguen sentados, cómodamente, observando. Solo observando.

Lo primero es imaginar

Hasta hace muy poco, pensaba que escribir literatura era optar por un lenguaje adornado donde la realidad luciera enrarecida y más elegante. Y creo que forzaba un poco el estilo, despojándolo de su naturalidad. Mas, desde hace unas semanas, he caído en cuenta de que una historia bien interiorizada permite que el relato fluya sin problemas. Y que esa elegancia no se busca, sino que está dentro de uno. Aparece por momentos. El instinto las hace aparecer y no una intención premeditada. A veces, trabajaba una frase inflándola hasta más no poder, creyendo que así ganaba calidad y se tornaba reluciente. Y distinta. Pero ahora sé que ello no es verdad. La palabra brota de la historia bien armada. Cuando la historia no es clara, uno adorna. Cuando es clara, entonces corre sin baches. Lo primero es imaginar una historia y trabajarla en la cabeza, en borradores, en márgenes cautelosos. De esa forma, queda bien cuadrada y entonces la tarea de la redacción artística avanza con seguridad y paciencia. La paciencia aún me falta.
No sabría nada de esto si no escribiese con tenacidad diaria desde hace más de un lustro. Si aún así me falta mejorar muchísimo, ¿qué sería de mí si solo practicara durante las vacaciones?

sábado 5 de diciembre de 2009

Pájaro de carroña


Su sueño era ser violador. Consideraba que los ritos de las parejas eran fatuos y laboriosos. De la primera mirada al lecho había mucho trecho. Conocerse en citas amables, ir al cine, besarse frente al mar: puro ripio convencional. Ni la prostitución era tan frontal, pues había que acordar la tarifa y movilizarse hacia un hostal. Todo ese ritual de la sordidez era farragoso y estresante. Mejor era violar. Acechar en una zona oscura, a una hora desierta, divisar una muchacha apetecible y acercarse con cautela hasta pescarla y llevarla a un escondrijo donde poder ultrajarla sin apuros. Si se pusiese chúcara habría que golpearla hasta dejarla al filo de la inconsciencia y llevarla a rastras hasta el terral ensombrecido. Habría que abofetearla para someterla aún más, para que, en medio de su sopor, compruebe que no saldrá pura de esa situación. No saldrá pura. Saldrá puta. Más puta que nunca. Puta como esa noche baja y ruin que domina la ciudad. Luego de cachetearla, habría que bajarse los pantalones y horadar sus genitales cerrados por el miedo. Empujar, una y otra vez, respirándole la excitación al oído. Empujar y empujar con deleite hasta botar una savia espesa. Entonces, apaciguado por la eyaculación, mirar el cielo vinoso y agradecerle al silencio por el alivio, la paz, la nulidad de pensamientos. Y luego huir como un pájaro de carroña hacia una cumbre de soledad.

viernes 4 de diciembre de 2009

Licor de antes

Cuando era adolescente tomaba ron barato en la calle. Con mis amigos juntábamos las escasas monedas de las propinas e íbamos a una tienda para comprar una chata de Cartavio. Una petaca si estábamos misión imposible. Y si no alcanzaba para Cartavio, pues un Capitán Kid, un Bacarrata. Y si estábamos realmente pobres, más misioneros que Aguiluchos, nos comprábamos un Punto G. un 3x. O un Diablo. Esos tragos duraban más y dejaban una resaca que te envenenaba el alma. Por ahí, de vez en cuando, si es que solo teníamos un sol cincuenta, comprábamos licor San Jorge, que venìa con corcho adentro de cortesía, o cualquier bazofia etílica. Había un trago que decían que te volvía ciego por segundos. Cómo no recordar Tres pasitas, también. Una vez vomité tomando eso. Bueno, borracho he vomitado infinidad de veces. Y las calles. Las calles. Mientras bebíamos, caminábamos por la avenida Bolívar, por la avenida Brasil... Callejas de Pueblo Libre, Breña y Jesús María. Nuestros barrios invencibles. Tan rockeros y beodos. Tan nuestros. Sorteàbamos a Serenazgo y a la tombería mientras sorbíamos esos ardorosos líquidos. Se mezclaban con nuestra sangre, nos enturbiaban. Nos permitìan vivir de otra forma, con más intensidad y sinceridad. Con violencia. Con frustración.
Extraño esas épocas de inocente infelicidad. Ahí tener una mujer era el ideal. Tenerla al lado. Pero solo teníamos una botella de licor barato. Y esa rutina nos duró años de años. Pero, despuès, la gente se cohesionó a sus universidades y la vida nos difuminó esas veladas sombrías. Ahora debemos trabajar, madurar... Hemos cambiado. Demasiado. Ahora es la cerveza el líquido que preside nuestros escasos encuentros. Ya nunca más la calle. Tener un par de billetes más nos ha cambiado. Ya no maltratamos tanto nuestros organismos. Cerveza. Hermosa también. Pero tan suave, tan amable. Tan morosa en su labor de despertar los enredos de la mente.
La cordura nos ha derrotado.

miércoles 2 de diciembre de 2009

FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA

La feria del libro Ricardo Palma se está llevando a cabo en el vértice del Museo de la Nación. Durará hasta el 10 de diciembre. En el stand del ALPE pueden encontrar a mi novela Lima Norte.