
Cuando pensamos en la palabra "escritor" se nos viene a la mente un personaje bigotudo, de frac, decimonónico tal vez, elegante y cultísimo. Un hombre maduro poblado de tics y adicciones que no menoscaban su genio creador. Un genio, señores. Ese es el cliché. Pensar que el escritor es un personaje estrafalario es un error. Y el cliché se huachafea más cuando pensamos que la literatura es más literatura si es europea. Mientras más albino y altivo más talentoso. Ese es un prejuicio que todos llevamos dentro. La colonia continúa. La república de españoles y la república de indios. Para escribir hay que ir a París, dicen los huachafos. Europa es sinónimo de arte, dicen. Se cree que la literatura es una actividad refinada, europea, donde la erudición reina con olor a café cultural.
Lo mismo pasa con el cine. Para muchos sabios del consumo de productos artísticos, el único cine que vale es el europeo y, en ciertos casos, el norteamericano. Pero nada que ver el cine en castellano, menos si es peruano o ecuatoriano. Solo permiten las lisuras si están en inglés o francés. Pero nada de conchatumadre( qué feo suena, aj) en el cine. Eso no es arte, dicen. Vaya huachafería.
La literatura- el arte en general- puede ser practicada por cualquiera. Basta querer contar una historia para comenzar a sumergirse en el terreno de la imaginación. Creer que la literatura es solo para los genios es una tontería. Los genios son islas del tiempo. Yo no conozco a ninguno, creo. Esos nacen cada cien años, dicen. Por lo tanto, el arte es para la gente común y corriente como nosotros. Todos podemos. Solo hay que decidirse. Cuando uno escribe un libro, no lo hace para escribir un libro genial, simplemente lo hace porque le gusta, porque quiere expresarse, porque ha decidido dejar de temerle al mundo. Ha decidido alzar la voz, así el tono no sea el más adecuado( todavía).
Anímense y escriban. Háganlo lo mejor que puedan.
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