sábado, 9 de enero de 2010

El escondite visceral


Internet es una cueva de bajos instintos. Los perturbados se sumergen en él, amparados por el anonimato, para descargar sus miasmas e intoxicar más sus cerebros. Lo que no se atreven a decir en la vida real es vomitado con furia en el mundo virtual. Por ello, el Facebook y Hi5 se tornan medios abiertos por los cuales estos malandrines se infiltran en vidas ajenas y se obsesionan con ellas. Ahora es fácil saber en qué anda alguien. Solo basta lanzarle una solicitud de amistad y ser aceptado para poder seguir sus huellas y espiar sus rutinas. Peligrosísimo, señores. Uno puede, incluso, ser un Pessoa del cyberspacio y poseer múltiples identidades. Uno se disgrega y vive de a mentiritas. Eso no es vivir. Es solo vagar horas de horas en la cobardía. Porque, en realidad, solo se está sentado frente a un cuadrado multicolor, sin vivir absolutamente nada. Algunos, como no pueden enfrentarse a una mujer, optan por insulsas cámaras webs y parejas virtuales. Optan por sexo virtual porque han fracasado en el terreno sensorial, en el mundo de los valientes. Husmear y husmear sin vivir nada no es vivir humanamente. Ese espionaje visceral es la desgracia de nuestros tiempos. El presente está diseñando espías enfermizos que se agazapan día y noche, hundidos en su propia cobardía.


Pornografía, pornografía y pornografía. Y nunca hacen nada por tener una mujer de carne y hueso. Los hospitales psiquiátricos deberían abrir un pabellón para este nuevo mal posmoderno.

2 comentarios:

  1. Cito tus palabras con algunas ligeras modificaciones que indico en mayúsculas. No es mi intención tergiversarte, sino plantear la siguiente cuestión: ¿no se puede decir lo mismo de la literatura?

    "Uno se disgrega y vive de a mentiritas. Eso no es vivir. Es solo vagar horas de horas en la cobardía. Porque, en realidad, solo se está sentado frente a un MONTÓN DE LIBROS, sin vivir absolutamente nada. Algunos, como no pueden enfrentarse a una mujer, optan por insulsas OBRAS DE FICCIÓN y parejas HECHAS DE PALABRAS".

    No hubo mayor pornógrafo que el Quijote.

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