
El ocaso de Máncora parece hundirse en mi pecho. El sol ha dejado una estela de oro que se posa sobre el sur y va desmoronándose con paciencia. Minutos después, solo queda una franja de luz en medio de la oscuridad vinosa. Las nubes transitan con lentitud y dejan ver, de rato en rato, ambiguas porciones de la luna.
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