jueves, 11 de marzo de 2010

Introspección


* Mi vida social se limita a los fines de semana. El resto de días me sumerjo en el tedio de las clases de inglés y mi trabajo como asistente de docencia. No salgo con amigos. No me gusta tener que soportar horas de horas conversaciones supinas de las que no me siento parte. Cuando llega el fin de semana y hay una propuesta de diversión, la acepto con más resignación que agrado. Hace unos años no era así. Había entusiasmo. Creo que la diversión nocturna se ha vuelto absurda para mí. Cada vez me vuelvo más irritable y huraño. Cuando bromeo, mis palabras siempre llevan dosis de destrucción. Llevo el odio adherido a la piel sin que nadie me haya hecho algún daño grave. Soy un odiador por vocación. El lado malo de las cosas es el único que me divierte. " El gusto de la mugre por la mugre", como leí en una novela de Ross McDonald, es una frase que me define bien.



*Soy hermético. No me gusta dar datos de mí a la gente. Por eso miento mucho. Miento para despistar. En mi niñez, cuando alguien me preguntaba mi nombre, yo mentía. Mentía siempre. De esa forma soñaba, me disgregaba, escapaba de la vergüenza de ser yo. Y a veces miento para tapar mis fracasos. Me miento a mí mismo. Por lo tanto, si creen que saben mucho de mí, es muy probable que la mitad de la información sea mentira. Sin el secreto, ¿qué nos quedaría? Yo considero una traición a mí mismo desnudarme completamente ante alguien. Siempre he tenido, tengo y tendré rutinas que solo yo conozco. Que jamás revelaré.




*El ánimo de revancha. Otra delicia. Cada frase escrita lleva una carga de venganza. Cada post es un impulso para emerger del pantano de mi baja autoestima. Me siento menos que todos. Desde siempre. No sé por qué. Siempre me he considerado el más torpe, el más desafortunado, el que tiene menos vivencias. El que siempre queda relegado.



* Y sobre mi primer librito: ¡Dios mío! ¡ Cómo sufro! Lo he leído muchas veces, escogiendo partes al azar, con el temor de encontrar más y más erratas. Muchas noches he odiado a mi editor por haber incluido dos comas incorrectas a mi manuscrito. Fue una catástrofe para mí. Cada falencia encontrada me sume en la desesperación inútil de querer corregir. Entonces, sueño con que alguien me ofrecerá reeditar el libro. Sueño con que mejoraré la historia en una edición más cuidada y mejor difundida.



* El miedo a lo que se viene. Acabo de terminar otra novela y tengo miedo de haber involucionado. Sé que he corregido ciertos defectos, pero me aterra la posibilidad de que aparezcan otros. De ello no me daré cuenta hasta que alguien lo diga.



* Mi aspiración artística no es ser un Vargas Llosa. Yo quiero ser de esos autores que escriben novelas discretas, de perfil bajo. De esos desconocidos autores de novelas policiales que se venden a dos soles en ferias de libro viejo. Me conformo con llegar a ser un autor decente y barato. Bastaría que mis libros diviertan a la gente para que yo sintiera que he hecho lo correcto. No quiero enseñar nada, solo entretener y clavar la mirada donde la mayoría no se detiene. Solo eso. Seguir trabajando en lo que venga, en lo que consiga, y publicar a ritmo sostenido libros buenos, regulares y malos. Libros logrados, pasables y fallidos. Pero libros al fin. Porque aquellos defectos de mi prosa traslucirán mi ineptitud como ser humano.


2 comentarios:

  1. El poeta es un fingidor.
    Finge tan completamente
    Que hasta finge que es dolor
    El dolor que de veras siente

    (No te emociones)

    ResponderSuprimir