viernes, 9 de abril de 2010

Sonero menor


Si el año pasado atiborré este blog de mi obsesión por publicar mi primer monstruo literario, este 2010 la temática será musical: crear mi grupo de salsa.

Desde hace buen tiempo vengo oyendo mucha salsa dura, estilo que nunca me había despertado interés. Pero ahora heme aquí, todo un sonero en ciernes, aprendiz de trompetista. Sin embargo, me explico, la vaina no es tan quimérica. Soy músico desde los seis años, es decir, conozco la wada. Antes de abocarme a la literatura, mi vida toda era un circo de música: flautita, zampoña, organito, wirito( el instrumento nomás), guitarrita, bajito... Cuando era escolar, nunca hacía las tareas por la tarde: me la pasaba tocando instrumentos y oyendo música. A los quince comencé a componer mis primeras canciones, aunque desde los cinco ya esbozaba mis primeras melodías adefesieras. Para resumir, el asunto es que cuento con los conocimientos necesarios.

Primer punto. Mandar a limpiar mi trompeta y arreglar las tres o cuatro salsas que he compuesto.

Cuando ya esté más o menos preparado viene lo más tranca: buscar músicos.

Un amigo me recomendó que fuera al Cemduc(escuela musical de la Católica) a reclutar gente.

La tarea no es fácil, pues los instrumentistas que busco no abundan.

Un trombonista( mejor dos), un timbalero sabrosón y un tecladista para comenzar( basta con que sepa un par de montunos y normal). El asunto es que estos músicos no tocan una nota sin no cobran. Malditos negociantes. Por ello necesito adolescentes colegiales o jóvenes universitarios dispuestos a tocar gratén, por amor al arte( esta vez de manera literal). Solo les digo que las canciones están bacanes y pícaras.

Yo creo que, con lo que demostré el año pasado con el tema de la novela( tener huevos), está por descontado que lo lograré, aunque va a demorar un poquitín.

A comeeeerrrrr!

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