Me anegó la alegría cuando un compinche me dijo, entre sorbos de cerveza, que había visto ejemplares de mi librillo Lima Norte en la feria del libro de Lima Norte. Yo pensé que mi novela estaba ausente, debido a algunos conflictos editoriales en los que me vi envuelto, los cuales poseían el poder suficiente como para borrarme de sopetón del alicaído panorama literario limeño. Pero, según mi compinche, a quien quiero creerle, mis libritos azulitos estuvieron donde siempre tuvieron que estar: en la feria de Lima Norte. ¿Cuánta gente habrá comprado el libro? ¿Les gustará? Me encantaría conocer a los nuevos lectores, verles las caras y hacerme amigo de ellos. Estoy tranquilo de saber que mi libro llegó a su destino primordial, pese a que no tuvo la difusión adecuada.
Sé que el tiempo me dará la oportunidad de reeditar la novela algún día, con el fin de que más gente pueda leerla. Mi ópera prima espera con paciencia una ocasión de revancha. Por ahora, el Sur ha tomado su lugar en mi cabeza.
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