El viaje que nunca termina lleva como subtítulo: "La verdadera historia de Sarah Ellen". Este rótulo que juguetea con el "retrato"( un tipo de crónica periodística) es sumamente atractivo, pues el lector cree que encontrará en el libro una exhaustiva descripción de la vida de esta mujer misteriosa que es venerada en Pisco como si de una santa se tratase. Pero, obviamente, el libro es una versión libre, ficcionalizada, del derrotero de Sarah y su esposo. La historia comienza en Europa y se desarrolla, casi en su totalidad, en altamar. El Perú es solo el destino final del que se hace una escueta referencia. Lo interesante del libro es la época en la que está situado: años convulsos donde podían convivir un feroz racionalismo y un mágico arsenal de creencias, entre las cuales el vampirismo era una gran moda.
Sigo sin entender por qué las editoriales transnacionales no se animan a publicar a este autor, en quien las falencias de redacción pasan siempre a un segundo plano debido a la fuerza de su lenguaje.
Ediciones Altazor es ubna buena editorial, sobre todo por sus colecciones regionales :)
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