NO hay nada más deliciosamente autodestructivo que desnudarse en la web para que cualquier sujeto pueda conocer el magma de mi interior. Mis alumnos, mis familiares, mis compinches... Todos pueden saber qué carajo pasa dentro de mí. Ahora me pongo a pensar la minuciosidad con la que describí en este blog la edición, impresión y publicación de Lima Norte, y caigo en cuenta de que fue un acto bastante exhibicionista. Mas yo no notaba aquello en esos días de ansiedad y novísimas emociones. Lo recuerdo todo en estos momentos y me parece increíble. ¡ Con qué fervor junté el dinero para mi publicación! ¡ Con qué arrojo me sumergí en la fauna literaria! ¡ Con qué ímpetu abandoné la cobardía y me lancé al ruedo de los criticones! Creo que aquella fuerza que me dirigía en ese entonces llevaba una gran carga de rabia. Quería venganza. ¿De qué? De la gente que me subestimó a lo largo de mi vida, de la indiferencia del mundo, de la irrelevancia de mi vida en este planeta frenético. Quería sentir que en mi vida había movimiento. Quería dejar de soñar y comenzar a actuar. Entonces, con suma inocencia, junté la plata( mi vieja me dio una parte) , busqué una editorial, y me interné en los meandros de la edición, impresión, publicación y distribución. Y aprendí mucho de mi pequeño mundo. Aprendí que cierta gente es envidiosa, que otros son sinceros, que otros son indiferentes. Lo importante es que moví las fibras de la gente, removí estómagos, activé discursos lenguaraces. Produje la indignación y la censura de mi familia, motivé reseñas de diarios y entrevistas, motivé entusiasmos... Hubo movimiento. Hubo vida. Y demostré que soy capaz de escribir libros. Y provoqué que los que me subestimaban se metieran la lengua en el rabo( aunque nunca faltarán argumentos para joder).
Y la literatura seguirá por aquí, ayudándome a vivir. La literatura, mi querida máquina de la venganza.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada