martes, 25 de mayo de 2010

Sin tiempo para la felicidad

Esta semana estoy atiborrado de tareas de inglés, y correcciones y preparaciones de exámenes. Es decir, podrido en la realidad, respirando el smog de mi mediocridad, con las manos amarradas para crear. Cuando me encuentro frente a una seguidilla de días que me impide leer y escribir con comodidad, me pongo de mal humor y odio a todos. Solo quiero tener un par de horas apacibles para poder avanzar mi nueva novela. Les cuento que va bien( según yo), a pie firme, con cautela y vigor.
Pero estos días no puedo avanzar. Estoy fastidiado por eso.
Bueno, debo irme para seguir enlodándome de realidad, de la que nunca saldrán aquellos que ya abandonaron sus ideales de adolescencia. El problema es que yo persigo un sueño cada día, el mismo sueño de mi niñez y adolescencia. Pero vivo rodeado de gente que solo quiere dinero, dinero, dinero. Gente que no sabe ni para qué trabaja. Solo trabajan trabajan trabajan sin sentido.
Yo persigo un sueño. Yo no soy como ellos, aunque parezca un robot más subyugado por el mundo adulto.

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