martes, 22 de junio de 2010

Cincuenta céntimos


Me lo encontré en el kiosko del colegio. Era verano y ambos llevábamos cursos de vacacional.

- Préstame cincuenta céntimos- me dijo con amabilidad.

Yo, todo un caballero de quince años recién cumplidos, le di la moneda de muy buena gana.

Al día siguiente, lo abordé después de las clases. Le exigí que me pagara los cincuenta céntimos.

- Ándate a la concha tu madre- masculló de forma matonesca.

Acto seguido, me lancé hacia él y le quité su libro de Matemáticas, que él atenazaba con su mano izquierda. Corrí con el libraco, dejándolo perplejo, y atravesé casi todo el colegio para que el imbécil no me alcanzara.

Rato después, se me acercó con actitud conciliadora.

- Devuélveme mi libro, pues- dijo, casi rogando-. Mañana te pago de todas maneras.

Se lo devolví de mala manera y me fui.

Al día siguiente, le exigí que me pagara los cincuenta céntimos.

- Vete a la mierda- dijo con soltura y en son de burla.

En ese momento, una implosión de ira me recorrió. Hui de su presencia con la cara ardiendo de cólera, con apetito de venganza. Horas después, al salir de mi clase, lo vi conversando con unas chicas en el pasillo.

- ¡Págame, misio de mierda!- vociferé-. ¡Bruto de mierda! ¡Misio! ¡Misio!

Él me miró con odio, pues yo le estaba haciendo tremendo roche frente a esas chicas guapas. A ningún chico cuerdo le hace gracia que alguien le diga "misio" cuando pretende impresionar a un par de hembritas picaronas.

- ¡Pobre!- gritaba-. ¡Págame mis cincuenta céntimos, misio de mierda!

Él fingía no oírme y seguía conversando con esas tipas que bien que se estaban ganando con mi refinada performance.

Lo dejé allí y comencé a deambular por el colegio mientras buscaba otro momento para irritarlo.

Media hora después, lo vi jugando básquet. Mala suerte la suya. Me acerqué hasta el borde de la cancha y volví a insultarlo:

- ¡Págame, misio de mierda! ¡Eres pobre!

De súbito, dejó de corretear por la cancha y se me acercó.

- ¿Qué tanto me dices que soy pobre si tú lloras por cincuenta céntimos?

- Todo esto es por joderte nomás- respondí desafiante-. Mi viejo caga monedas de cinco lucas.

Me salió una frase memorable, que hasta ahora me hace reír.

Al día siguiente, el imbécil se me acercó y me dio en silencio una moneda de cincuenta céntimos.

2 comentarios:

  1. Jajajaja, seguro que ese moroso era Eugenio Llacza.

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  2. La empanada o la gaseosa
    Hola, sin duda me gusto tu escrito, cuantos de los que leyeron esto no pasaron por similares historias, cincuenta centimos era el boleto para salir al receso , un sol era un combo muy abastecedor para los voraces niños y adolescentes de los noventa.
    luchogrunge@hotmail.com

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