
En estos días, visitaré el cementerio de Villa María del Triunfo, ubicado en la zona de Nueva Esperanza. Según la información que he leído en Internet, este camposanto es el segundo más grande del mundo. No sé si sea verdad eso, pero un buen amigo me contó, entre vasos de licor, que él tuvo la oportunidad de estar allí. Afirmó que el cementerio es inmenso y que está erigido sobre los cerros.
Muy pronto, me sumaré con sigilo al homenaje de los difuntos de Lima Sur. Me anegaré de cerveza, huaynos con arpa y el aroma de la pachamanca.
Y, en un extraño latido de emoción, me sentiré en casa.
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