
Dejar el celular en casa, colocarse una chompa raída y zapatillas añejas. Camuflar dinero en medias, zapatillas y calzoncillo. Tomar un micro, zigzaguear por San Borja y Surco hasta llegar a la Tomás Marsano. Avanzar de frente, cruzar la Bolichera y llegar a San Juan de Miraflores. Seguir enfilando hasta que llega el momento crucial. Si volteas a la derecha desembocarás en Villa El Salvador. Si lo haces para la izquierda, te internarás en callejas que te llevarán hasta Villa María del Triunfo.
Mientras atraviesas sendas desconocidas, miedoso de hallar alguna agresión inesperada, algún robo, o quizá la muerte a manos de raudos criminales, tu mente comienza a vaciarse de ideas y postergas el dolor, pues este ha quedado en las calles de tu mundo, en el almidonado trocito de Lima donde discurre tu rutina. Aquí, solo eres un extraño desinformado que pugna por entender el pellejo de sus gentes misteriosas, que rezuman sierra y a veces selva. Vas en busca de información para escribir. Sí. Es verdad. Pero también te estás buscando a ti mismo, a tu esencia que hasta hoy desconoces. ¿Qué eres tú en ese desierto inundado de huaynos y polleras? ¿Hacia dónde va tu vida? ¿Cuánto tiempo te llevará acostumbrarte a tu nueva y punzante soledad? Desolado, vacío, sin el apoyo que tuviste durante tanto tiempo, arrepentido de no haber valorado aquel privilegio del que siempre te sentiste indigno, avanzas entre la arena caliente y el asfalto. Solo caminas a ritmo errabundo, deseoso de cambiar de mente y de piel, deseoso de encontrar la intensidad en algún trozo de música y arena. Ves cómo crece la noche y las luces de los cerros, ves cómo crece el peligro.Ya llevas varias horas en silencio, solo como brotaste del útero, abrumado por el sonido animal de tu fatiga de caminante. Y te preguntas: ¿qué hago aquí?, ¿por qué no regreso a mi mundo amable de amores contrariados y amigos triviales? Por una sencilla y sublime razón: la vida te ha elegido para que escribas sobre esa arena, sobre esas luces, sobre ese peligro. Porque tu única misión en la Tierra no es ser un buen docente, ni un buen amante, ni un buen amigo, ni siquiera un buen artista. Tu misión única es escribir lo mejor que puedas sobre esas calles, tomando en cuenta cada brizna de tus sensaciones. No importa la fama, la adulación, el dinero, el sexo, la diversión facilona y vacua. No importa el éxito externo, la mediocridad, la derrota, la pérdida, el peligro de muerte. Solo importa ese libro que estás escribiendo. Solo eso importa. Y así me he acostumbrado a vivir. Así viviré hasta el final, aunque me pese.
Muyyy identificada con este texto... para mí, de eso se trata la vida, y me pregunto qué pasa a veces, que tan alejados estamos de lo que realmente importa...
ResponderSuprimirMB!!
:))