
Ayer visité el cementerio Virgen de Lourdes, ubicado en la zona Nueva Esperanza de Villa María del Triunfo.
A las once y media de la mañana, salí de casa y tomé un microbús rumbo al Sur. El vehículo recorrió República de Panamá, Castilla, Los Tallanes y Ayacucho, y desembocó en Tomás Marsano. Bajé del microbús en la avenida San Juan y me caminé hasta Los Héroes con el fin de encontrar un carro que me llevara al cementerio. Pregunté a los cobradores, pero ninguno iba. Así que pagué china hasta el hospital María Auxiliadora, en el cruce de Miguel Iglesias y Pachacútec. Lo mismo. No había micros que me llevaran hasta allá. O al menos eso es lo que yo creía( más tarde me enteraría de que los microbios que pregonaban NUEVA ESPERANZA me dejaban a tres cuadritas del camposanto). No me quedó otra opción que tomar un taxi rumbo a la avenida El Triunfo, a la plaza principal del distrito, una zona que ya conocía. Bajé y pregunté a los micros que pasaban si iban para el cementerio. Los cobradores me miraron con cara extrañada, como si estuvieran chupando un limonazo. Caminé hasta el mercado de la avenida de Villa María y le pregunté a un mototaxista cómo carajo llegaba al cementerio. Me dijo que bajara hasta la "pista" y que ahí pasaba la Chama. Le agradecí y enfilé por la avenida Villa María hasta llegar a otra de nombre Micaela Bastidas. Como esa avenida sí tenía pista( no como Villa María) pensé que se refería a aquella. Me aposté al borde de la pista y esperé y esperé y esperé, pero naranja, amigos. No pasaba ninguna Chamita.
No me quedó otra que alzar mi brazo diestro para que un taxi parara a mi vera. Yo le pregunté al chofer de rostro lustroso y terso de juventud cuánto me cobraba al cementerio de Nueva Esperanza. Él respondió diez luquillas. Yo subí con miedo. El carro comenzó a trepar ligeramente, a trepar y a trepar, hasta llegar a una avenida llamada 26 de noviembre. Minutos después, dobló a la izquierda, recorrió un camino orillado de ambulantes y me dejó frente a la puerta del cementerio Virgen de Lourdes, famoso por ser EL SEGUNDO MÁS GRANDE DEL MUNDO.
Si quieren saber qué continúa, visiten el lugar. No se arrepentirán. Solo necesitan tiempo libre y una cuota de voluntad.
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