El año pasado, poco después de que saliera a la luz mi ópera prima, mi padre publicó su primer libro. Se llama Emergencias psiquiátricas y fue publicado bajo el auspicio de un laboratorio médico. Como es fácil suponer, mi padre es psiquiatra. Su libro está compuesto por artículos que giran en torno a las relaciones existentes entre psiquiatría y literatura.
El libro fue repartido entre colegas. Poco después, comenzaron las adulaciones y las soterradas envidias. Sin haber abierto el libro, los colegas se le acercaban con regalos y brillo en los ojitos para felicitarlo.
Fue ahí donde entendí el mecanismo de la envidia. Para muchos, publicar un libro es estar en ventaja sobre los demás. ÉL TIENE SU LIBRO Y YO NO. El asunto entre colegas es totalmente tóxico, pues la comparación surge de manera natural.
Hace unas semanas, leía en un libro ensayístico de Miguel Gutiérrez que él, desde hacía mucho tiempo, solo tomaba en cuenta las opiniones que gente ajena al oficio literario hacía sobre sus obras, pues ellos viven exentos de envidia artística. Gutiérrez asegura que la mayoría de gente que posee ambiciones literarias( inéditos, publicados, seres que desean escribir pero no pueden o no se deciden) tiende a dinamitar las obras de sus compatriotas coétáneos. Es decir, son severos al milímetro y condenan con firmeza cada error. Este mecanismo sigue la lógica que expuse líneas arriba: la mayoría de gente que no posee un libro propio y desea tenerlo va a tender, automáticamente, a abordar el texto del coetáneo con aspereza y, tal vez, mala fe.
Y la envidia se acrecienta cuando se gana algún premio jugoso. Ahí la mayoría de gente se mete la lengua al rabo, pues el premio está avalado por figuras de renombre que, obviamente, son más confiables que la manada de anónimos mezquinos. Entonces, el descrédito ya no se centra en la obra, sino en la persona: pedante, creído, sobrado, envarado... Vaya difamaciones.
Regresemos al caso de la gente que no gana concursos. Si una editorial ha puesto su dinero para publicarte, las críticas no son tantas, aunque sí las habrá. Pero en el caso de que hayas puesto tu plata, ahí te cae la avalancha de caca. Es increíble la mala fe que puede despertar un libro publicado.
El modo de publicación es, mayormente, un tema circunstancial. Ya dirá el tiempo si es que ese autor que tuvo la valentía de apostar por sí mismo rendirá frutos mayores y se volverá inolvidable o tan olvidable como los rebuznos anónimos que tratan de destruir cualquier intento ajeno de superación.
¿Dónde consigo el libro de tu viejo?
ResponderSuprimirNo lo venden. Solo le regalaron a médicos. Con decirte que ni yo tengo uno.
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