Hoy dejé cinco ejemplares de Lima Norte en la librería Contracultura de la avenida Larco, Miraflores. Así que los que aún no han adquirido el libro y no me quieren ver ahí lo pueden encontrar. Si no tienen problemas en comprarme directamente, todavía me quedan unos setenta ejemplares. Pasen la voz nomás.
Les cuento que estoy escribiendo como un salvaje desde marzo. Es una novela. No paro de imaginar, redactar, corregir, replantear. Peleo contra mis torpezas en cada sesión de escritura. Siento que he mejorado mucho aunque todavía me falta un poco para rozar la decencia. Cuando me siento frente a la computadora y comienzo a aglomerar frases, pierdo la noción del tiempo. Esta tarde había planeado estudiar para mi examen de inglés de mañana, pero, al abrir el archivo novelístico me quedé pegado a él. Lo abrí antes de la una de la tarde y me puse a escribir y escribir y corregir y corregir. Y cuando me doy cuenta, ya eran más de las cinco de la tarde. Pero valió la pena dejar de lado el inglés por unas horas: garrapateé cinco páginas lentamente, tal vez mediocres, legado de este oficio que crece y crece. Y que no se cansa de renegar de su pasado.
Espero ansioso el momento del desquite.
El momento de la segunda venganza.
Esta vez mejor armado y con chaleco antibalas.
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