
El sábado pasado acudí a un concierto en el Bosque de Villa El Salvador. Solo vi a tres cantantes: Javier Cotrina, Delia Chávez y Raúl Arquínigo. Me fui antes de que comenzara el turno de la internacional Sonia Morales, pues estaba muy cansado. Tomé un taxi en la puerta del Bosque, el cual enfiló por Pumacahua, torció hacia la Panamericana y avanzó hasta dejarme en la Richi.
El miércoles 28 de julio acudí al colegio Túpac Amaru de Villa María del Triunfo para ver a Fresialinda. Al fin la vería. Ella es mi cantante folklórica preferida. Antes de que ella apareciera en el escenario, cantaron Mechita Díaz, otra muchacha cuyo nombre no recuerdo y el grupo Alegría, que se fue entre abucheos debido a su dilatada presentación de más de una hora.
Hasta que apareció Fresialinda junto a Tula Rodríguez, su presentadora oficial, ambas rodeadas por un enjambre de camarógrafos. El público rugió de alborozo. La primera canción fue Presiento y la segunda No me caso. Luego de la tercera canción, Tula se fue y con ella las cámaras. Fresialinda continuó deleitando a la gente con todo su repertorio.
Me sentí realmente peruano al corear desde mi soledad todas las letras de la sitajarina. Fui un habitante más de Lima Sur. Gocé con ellos. Fui uno de ellos. Para mí eso es literatura. Y de esas experiencias estoy nutriendo mi nueva historia.
¡Muchas gracias, Fresialinda!
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