
Ya está. Hace rato que se acabó la borrasca de autor debutante. Mucha agua turbia ha corrido en mi vida desde que mi libraco primogénito salió de una imprenta morosa que jamás conocí. Ustedes, lectores de El Combinauta, han sido testigos inmediatos de todo el proceso de publicación. No enumeraré nuevamente mi esfuerzo, pues sonaría redundante y aburrido. Si hubo furia, deseos de revancha y demasiado autobombo, todo ello lo ocasionó el clima hostil en el que perpetré mi primer delito literario. Si bien al inicio mi familia apoyó con una buena suma a mi sueño de salir de inédito, al mostrarles el libro la indignación atronó y desgarró mi entusiasmo puro de pluma adefesiera e inocentona.
Como repito, ya está. Todo eso quedará para siempre en la memoria, como parte de la experiencia.
Hoy, hace unas horas, terminé de darle la primera corregida a la segunda entrega de mi trilogía, Lima Sur. Ha salido más grande que Lima Norte, y creo que también menos imperfecta. Me he preocupado en que el estilo de la prosa sea uniforme, mayormente seco. He colocado pocos diálogos para evitar riesgos de inverosimilitud. Hay harto huayno y agilidad en las acciones. Bueno, de más está que yo vierta opiniones sobre mi propio libro, sobre mi segundo libro.
Ahora bien, pensando en el aspecto de la publicación, caigo en el mismo vacío que cuando era inédito. ¿Junto plata de nuevo? Había prometido no volver a publicar un libro con mi dinero, pues provoca muchas privaciones y descontentos. Tal vez lo envíe a un par de concursos, pero sé que es difícil ganar, debido a mi poca experiencia como narrador. Fuera de esa remota posibilidad, me encuentro en medio de un páramo. Tampoco me quedan ganas de hacer amiguitos para tentar publicaciones gratuitas. Ese no es mi estilo. No pertenezco a ningún grupito de compinches que pueda hacerme ese favorcito.
En el aspecto de mi propia realización, me hallo en paz al haber acabado la segunda novela que pienso publicar.
En el aspecto editorial, en el puerto hediondo de la literatura externa, he arado en el mar.
Solo les comento que esta historia les va a reventar el cerebro. Cuando escribo, para bien o para mal, no ando con cojudeces y suelto al perro que tengo adentro. El libro está construido con ladridos de perro bravo, con sus esputos, con su aliento a calle y soledad.
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