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Ya me cansé de valorar solo prosas virtuosísimas, cadenciosas, refinadas...Ya me cansé de celebrar el buen oído de los autores para el habla callejera...Ya me cansé de novedades metaliterarias y juegos pirotécnicos. A estas alturas, al borde del desempleo, con la cabeza a punto de estallar por la presión del trabajo, solo quiero encontrar una historia clara y fluida, con personajes que me caigan bien, que me hagan reír y estremecerme de suspenso y entusiasmo. Una trama nítida, con huevos y ritmo ágil. Hay que dejarse de intelectualidades y crear historias, promulgar el movimiento.
La prosa virtuosa no es nada sin la chispa de la historia. Basta de eruditos empeñados en decir algo supuestamente original de los libros leídos. Basta de tanto comentario- maniqueísmo, inverosimilitud, prosa chirriante, diálogos sosos...- y busquemos narraciones que nos hagan soñar como cuando éramos niños. Llamemos a la fantasía en su estado más puro y hay que dejar de odiarnos entre nosotros. Ya sabemos que obtener una publicación es un hecho extraliterario. Nada nos ofrecen las reseñas, premios, presentaciones, entrevistas que se vincule netamente con la literatura. Solo nos dan bullicio, confusión. Solo nos quitan tiempo para crear nuevas historias y mejorar como narradores. Dejemos el miedo a ser vapuleados y viajemos, viajemos hasta el fin del mundo. Y hagamos infinitas historias de esos viajes, soñemos, inyectemos diversión en nuestros lectores. Y seamos felices. Como cuando éramos niños y solo queríamos jugar a crear un mundo propio. Intentémoslo, amigos.
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