A menudo, no soporto mi propia existencia. Reniego de lo que soy y me nublo de pesimismo. Siento que mi talento y mi belleza son insuficientes para conquistar el mundo. Siento que mi sentido del humor no hace más que camuflar la sustancia venenosa que invade cada uno de mis pensamientos. Y me harta verme obligado a levantarme a horas específicas y enfrentarme a una ciudad que más parece un campo de batalla a causa de su violencia desmedida. Me hastía tener que llevar este cuerpo mediocre rumbo a tareas que no me producen entusiasmo.
Pero hay su lado bueno. Poseo el tiempo suficiente para escribir mis historias de pacotilla. Tengo un trabajo( al menos hasta diciembre). Tengo un puñado de gente que me quiere bien, pese a mis incendios momentáneos. Tengo una novelilla publicada que me ha regalado las más intensas emociones, entre alegrías y desencantos. Tengo otro libro acabado que espero algún día publicar sin gastar dinero. Y, por supuesto, tengo a la música.
Porque, como diría el buen Rafo Ráez, todo lo malo es demasiado.
Pero todo lo bueno también es demasiado.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada