Este segundo semestre 2010 me está remeciendo con fuerza. El trabajo es copioso: corregir constantemente exámenes y avances, preparar clases, preparar exámenes y materiales para talleres. Miércoles y jueves son días fatigosos. Los viernes un poco más tranquilos. Los sábados a levantarse temprano para dictar clase. Los lunes y martes, supuestamente, serían los días de relajo, pero no está ocurriendo así. Cada día hay algo por hacer en la chamba. Y eso que he dejado el inglés. Ya me imagino cómo será cuando vuelva el próximo mes.
La literatura se mantiene activa como siempre. Estoy colocando una novelita por mes en el Facebook, dos entregas por semana. En agosto fue Dispárame si me amas. Setiembre es de El inspector Lujuria. Me encantaría colgar los textos aquí en El Combinauta, pero no puedo copiar y pegar de Word a Blogger.com . No sale. No sé por qué. En fin.
El viernes pasado estuve un rato por Lima Este. Conocí el mercado de Ceres y me paseé por la Carretera Central. La historia ya va creciendo en mi cabeza. Máximo Calancha, el Rey de la Papa del mercado de Ceres, ha sido asesinado en su casa. El móvil fue el robo. Alrededor de este occiso giran otros personajes como Danae y Tatiana, dos chicas de Lima Este que viven en guerra consigo mismas al querer negar sus esencias para insertarse en el mundo pituco. Finalmente, está la presencia del narrador protagonista, un muchacho que gusta del folclor peruano, quien está obsesionado con la muerte de Calancha y decide resolver el crimen, convirtiéndose en un detective autodidacta.
Eso será Lima Este, la última entrega de la Trilogía de Lima.
Pero el problema es que todavía no publico Lima Sur.
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