
Soy un músico empedernido. Me encanta escuchar, tocar y hablar de música. Me fascinan los conciertos. He tenido la suerte de integrar una buena cantidad de grupos musicales de diversos estilos, pasando por el ska, el punk, el grunge, el pop, el folklore, el reggae, el funk. Me gusta tocar de todo. Sin embargo, mi inmersión en el mundo literario frenó esa errancia exquisita.
Ayer estuve en dos conciertos. Uno de ellos se llevó a cabo en el club Cajamarca y el otro en un local barranquino cercano a la plaza Butters. En el primer sitio, ubicado en la plaza Bolognesi, se celebró un festival de ska. Me encontré con buenos compinches, entre ellos la gente de Residuos( grupo en el que toqué teclado en el verano del 2009) y la gente de Malagüero, con quienes ensayé una vez el año pasado. Además, me encontré con Anibal( Skanibal, ex Psicosis, actual Barrio Calavera), con quien toqué en un grupo de ska llamado Deskalzos en 2005, y con Martín Roldán, todo un personaje de la movida subte y de la literatura peruana actual.
Bromeé con todos, tomé chelas, me zambullí en el jolgorio del ska en aquel apretujado local.
Luego, me subí al carro de J., talentoso trombonista de urdimbre salsera que toca en varios grupos, y con un puñado de gente más nos enrumbamos a Barranco, donde se llevaría a cabo el otro concierto. Al llegar, me encontré con otro personaje conocido y me parapeté frente al estrado en espera de la presentación de De noche salgo, banda conformada por algunos chicos de Residuos como Steve G, el Chamo y el trombonista J. La tocada estuvo excelente. Por suerte, conocía algunas canciones de este buen grupo y pude corearlas, azuzado por el entusiasmo y el licor. Luego, tocó Kalambuco Ensamble, banda salsera en donde toca Javier P, quien fue durante un tiempo conguero de Residuos y Radio Huayco. Con la gente de De noche salgo comenzamos a improvisar coros salseros para fastidiar a la gente, nos reímos, bailoteamos, bebimos. La pasé muy bien. Estuve exultante. Me dio gusto reunirme con esa gente luego de año y medio. Me dio gusto vivir la música de tan cerca durante toda la noche y la madrugada. Para la próxima tocada, la gente de Residuos ha prometido convocarme para que regrese al teclado y cometa mis diabluras de siempre.
Volvimos en el carro de J. Yo me ubiqué en la tolva de la camioneta y pude sentir a la ciudad rozándome la cara.
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