lunes, 4 de octubre de 2010

San Juan de Lurigancho


Escribo desde la avenida Fernando Wiese- también llamada Próceres de la Independencia-, en San Juan de Lurigancho. Estoy deambulando por este distrito desde hace un par de horas. La travesía comenzó cuando decidí subir a un micro en la avenida La Mar, en San Miguel. Recorrí en el autobús la avenida Sucre hasta llegar a Arica, donde el micro tomó Bolivia, torció por Wilson, siguió por Tacna, cruzó el río, se metió en el Rímac y enfiló por Marañón hasta penetrar en San Juan de Lurigancho, tomando las primeras cuadras de Wiese para voltear a la izquierda por Lima. Bajé en la cuadra 4 de la avenida Las Flores, penetré en un mercado y almorcé en un restaurante ubicado en la cuadra 5 de Eleboros. Luego retorné a Las Flores y enfilé hasta el cruce con una avenida cuyo nombre he olvidado, pero que recordaré cuando más tarde vea el mapa en mi cuarto. Allí tomé un micro cuya ruta final era Santa Anita. Pensé que de esa forma podría marcar un recorrido directo por toda Lima Este, pero la ruta del vehículo era muy dilatada: primero, pasaría por Abancay, Grau y después tomaría la carretera Central, surcando El Agustino, Santa Anita...Más allá vendría Ate Vitarte hasta Santa Clara, hasta el fin del mundo. Muy largo. Decidí bajar en la última cuadra de Abancay y enrumbarme nuevamente a San Juan de Lurigancho. Volví a cruzar el río Rímac, enfilar por Marañón, pasar junto a la Alameda Wiese, entrar en la avenida del mismo nombre- o Próceres, ya lo dije- y avanzar y avanzar hasta bajarme en Metro, ubicado en el cruce con Los Jardines. Aquella zona ya me era conocida, pues la había visitado en el 2006, tiempo en el que escribía una novela pueril y afiebrada que también se situaba por esa área urbana. Volteé por Los Jardines con la intención de conocer el Huarocondo, famoso local donde se realizan conciertos folklóricos( el sábado tocarán Raúl Arquínigo, Rosita de Espinar, Fresialinda, Sonia Morales...), pero no hallé el recinto y tampoco le quise preguntar a nadie. Retorné a Wiese y caminé un puñado de cuadras hasta pasar junto al Británico-precioso edificio- y el colegio Enrique Camino Brent, donde estudió- o estudia- una prima mía. Luego, me colé en Pitágoras para echar una meada y ahora heme aquí, enclaustrado en una cabina de San Juan de Lurigancho, acosado por los ruidos de la avenida Wiese, tecleando frenéticamente para no morir.

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