lunes, 1 de noviembre de 2010

La narrativa vacía


Desde que me interné en el mundillo literario, escucho pregonar el fin de la narrativa en su sentido más clásico, el fin de la historia convencional, el nacimiento del lenguaje como protagonista. ¿Es válido basarse solo en la virtud del lenguaje para llevar a buen puerto un texto narrativo? ¿No se supone que la narrativa debe "narrar" algo? Sé que mis cuestionamientos suenan anquilosados, vetustos, tal vez ingenuos. Cualquier estudiante literario saltaría y bramaría las nuevas consignas( ni tan nuevas)con voz de aspirante a señorón honoris causa.

Y no crean que no entiendo todo esto. Lo comprendo perfectamente. Pero, tras inmuscuirme en esos vericuetos de aliento intelectual, me queda cierto amargor, cierta sensación de vacío. Algo falta para sentirme feliz con ese tipo de concepción literaria. Falta la historia, creo yo.

Mayormente, las jóvenes plumas esporádicas que han estudiado o estudian Literatura-hablo de las que tienen al oficio literario como un hobbie, como un caprichito quincenal que les da un pretexto para autoproclamarse en su fuero íntimo un artista sigiloso- escriben, en esencia, basándose en sus gustos como lectores y cinéfilos, y como cerecita decorativa sueltan alguna obsesión personal. Pero, de seguro, no hay una historia clara. Lo que hay son ganas de regodearse en sus referentes artísticos más queridos, jugar con las formas, parodiar, erigir pastiches, reformular, juzgar. Y todo ello depende de productos artísticos ajenos. ¿Y dónde queda la historia? ¿Hay algo realmente propio que sostenga el aparato narrativo? ¿Cuál es la médula? ¿Una referencia a una película querida? ¿El juego intertextual con algún verso hermético? ¿Y cómo es el lector competente para esta clase de lecturas? ¿Aquel que captó esa referencia? La literatura queda al final como una jugarreta entre gente lectora y cinéfila y melómana. Queda como un vano juego en clave. ¿A ver quién notó la referencia entre mi texto y tal película de Crjsdasdasivsky? Y para mí eso es narrativa vacía. Una narrativa que nos induce a jugar, pero que no queda en el corazón.

La solución que yo veo es mirar hacia la calle y empaparse de vivencias. Prestarle atención a aquello que ocurre tras el vidrio de la ventana de la combi. Olerlo todo, tocarlo todo, probarlo todo. Verán que de esa forma los libros, los discos y las películas siguen siendo parte importante de nosotros, pero no lo único que llevamos dentro.


Ahora es turno de recibir los ataques.Que sean breves, por favor.

3 comentarios:

  1. hola,
    no te hagas tan bolas y escribe sin mirar a quien...
    saludos
    walter

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  2. Tienes razón, Walter. Algunos posts como este me salen envenenados. Siempre trato de centrarme en lo propio, pero a veces el entorno me es muy fastidioso y no me queda más que escribir aquí mi descontento a manera de desahogo. Saludos

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