jueves, 9 de diciembre de 2010

Este blog

Este blog pretende ser honesto, mostrar mis fluidos mentales con sus borrascas, calmas y júbilos, exhibirme tal cual soy. Ningún ser humano es constante ni infalible. Nos equivocamos, nos alegramos y entristecemos, desesperamos, odiamos, amamos. Es inasible el cúmulo de matices que barnizan nuestros actos y pensamientos. Somos plurales e inconclusos. Y El Combinauta pretende ser un reflejo de mi fuero íntimo.
Mucha gente dedicada a la literatura imposta una personalidad pública. Cuidadosa de no llevarse mal con nadie, untada de suave diplomacia, avanzan con temor y voz almibarada, cuidando cada frase, dosificándolo todo, impostando la vida, reptando rumbo a un parnaso intelectual oloroso a café cultural y comentarios de zángano observador.
Yo, desde esta humilde trinchera, pretendo mostrar con cada post mi trabajo constante y borrascoso, desde abajo, con la literatura. ¿Quién no tiene en su vida un rato de hundimiento silente, un chispazo de soberbia, un ramalazo de furia? Todos. Pero lo visceral es ver por escrito cómo se desnuda una mente frenética. Dios perdona el pecado, pero no el escándalo, dicen. La gente perdona los pecados ajenos, siempre y cuando sean sigilosos y no hayan sido publicados por escrito.
Cuando comencé con este blog, mi madre me recomendaba que no escribiera mal de nadie, que no fuera tan agresivo. Ahora, al entender que no puedo dejar de escribir como escribo, me dice algo muy distinto: " Si no les gusta lo que escribes, que no te lean y punto".
De ahora en adelante, prometo mucho ímpetu, pero cada vez menos rabia.

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