
Toda la crítica ha coincidido en catalogar a Lo que otros no ven, primera novela de Silvia Núñez del Arco, como una obra fallida. Afirman que la pobreza de léxico, las inexactitudes de la trama y los estereotipos usados se encargan de hacer naufragar el intento de forjar una novela.
Si bien, desde que se me dio por publicar he defendido a capa y espada la valentía de los autores inéditos de lanzarse al ruedo, coincido en muchos puntos con estos críticos, pues he leído unas 120 páginas de las 203 que conforman la obra de la joven Silvia. Por lo tanto, una cosa es que valore la conchudez y el arrojo, y otra es que ese entusiasmo me impida dar una opinión fría sobre los libros.
Hasta el momento, Lo que otros no ven no ha logrado atraparme. Siento que es un libro que carece de interés. Es una mera sucesión de eventos cotidianos en la vida de una acomodada chica confundida. Solo es eso. No encuentro puntos de suspenso. No hay giros. No hay datos sorpresivos. No hay una sola frase ingeniosa. El lenguaje es fluido, pero bastante simplón. Asimismo, si bien los diálogos son ágiles y registran con fidelidad la jerga de la clase alta limeña, estos son, casi siempre, gratuitos.
Elaborar una novela no es solo narrar eventos personales cambiándole el nombre a los personajes. Es mucho más que eso.
Me apena que la críticas sean tan duras con la novela de una chica de veintiún años, pero, sinceramente, estas no exageran.
Todo autor joven está en pleno crecimiento artístico. Todo autor joven es imperfecto. Díganmelo a mí, cuya ópera prima estuvo salpicada de impericias narrativas propias de un veinteañero. Díganselo al Combinauta, que sigue batallando con el lenguaje, a solas, cada día. Hay mucho por aprender. Por eso, es importante escribir y leer incansablemente. Para llegar a escribir algo valioso hay que trabajar muchísimo.
A practicar, Silvia. Lee mucho para que enriquezcas tu lenguaje. Lee a los maestros y aprende de ellos. Y mucha suerte. Trataré de acabar tu libro. Sé que andas escribiendo la segunda novela. Qué bueno que no te hayas rendido.