sábado 31 de julio de 2010

Adiós, Hemingway de Leonardo Padura


Adiós, Hemingway es una novela negra del cubano Leonardo Padura que acabo de terminar de leer. Su trama es interesantísima: cuarenta años después de la muerte del barbudo escritor norteamericano, se encuentra un cadáver en su residencia de Cuba. Junto a esos restos, los policías hallan una placa del FBI. El ex policía Mario Conde-personaje padureano que protagoniza también el Ciclo de las Cuatro Estaciones- se sumerge en ese caso desde su nueva posición de vendedor de libros y escritor en ciernes.

Una novela detectivesca que husmea en el pasado del gran escritor gringo, ahondando en su proceloso fuero interno, en el estado decadente de sus últimos años. Hay mucho lirismo, bastante humor y un notable montaje de secuencias.

lunes 26 de julio de 2010

Presentación de Sonata para kamikazes


Esta noche a las ocho, se realizará la presentación de la novela Sonata para kamikazes de Giancarlo Poma. Esta obra es la ganadora del premio del Banco Central de Reserva 2010. La presentación se llevará a cabo en la sala Ciro Alegría de la Feria Internacional del Libro, ubicada frente al Círculo Militar, en la avenida Salaverry.

El libro cuesta doce soles y está a la venta en el stand del BCR.

sábado 24 de julio de 2010

Caminante


Dejar el celular en casa, colocarse una chompa raída y zapatillas añejas. Camuflar dinero en medias, zapatillas y calzoncillo. Tomar un micro, zigzaguear por San Borja y Surco hasta llegar a la Tomás Marsano. Avanzar de frente, cruzar la Bolichera y llegar a San Juan de Miraflores. Seguir enfilando hasta que llega el momento crucial. Si volteas a la derecha desembocarás en Villa El Salvador. Si lo haces para la izquierda, te internarás en callejas que te llevarán hasta Villa María del Triunfo.

Mientras atraviesas sendas desconocidas, miedoso de hallar alguna agresión inesperada, algún robo, o quizá la muerte a manos de raudos criminales, tu mente comienza a vaciarse de ideas y postergas el dolor, pues este ha quedado en las calles de tu mundo, en el almidonado trocito de Lima donde discurre tu rutina. Aquí, solo eres un extraño desinformado que pugna por entender el pellejo de sus gentes misteriosas, que rezuman sierra y a veces selva. Vas en busca de información para escribir. Sí. Es verdad. Pero también te estás buscando a ti mismo, a tu esencia que hasta hoy desconoces. ¿Qué eres tú en ese desierto inundado de huaynos y polleras? ¿Hacia dónde va tu vida? ¿Cuánto tiempo te llevará acostumbrarte a tu nueva y punzante soledad? Desolado, vacío, sin el apoyo que tuviste durante tanto tiempo, arrepentido de no haber valorado aquel privilegio del que siempre te sentiste indigno, avanzas entre la arena caliente y el asfalto. Solo caminas a ritmo errabundo, deseoso de cambiar de mente y de piel, deseoso de encontrar la intensidad en algún trozo de música y arena. Ves cómo crece la noche y las luces de los cerros, ves cómo crece el peligro.Ya llevas varias horas en silencio, solo como brotaste del útero, abrumado por el sonido animal de tu fatiga de caminante. Y te preguntas: ¿qué hago aquí?, ¿por qué no regreso a mi mundo amable de amores contrariados y amigos triviales? Por una sencilla y sublime razón: la vida te ha elegido para que escribas sobre esa arena, sobre esas luces, sobre ese peligro. Porque tu única misión en la Tierra no es ser un buen docente, ni un buen amante, ni un buen amigo, ni siquiera un buen artista. Tu misión única es escribir lo mejor que puedas sobre esas calles, tomando en cuenta cada brizna de tus sensaciones. No importa la fama, la adulación, el dinero, el sexo, la diversión facilona y vacua. No importa el éxito externo, la mediocridad, la derrota, la pérdida, el peligro de muerte. Solo importa ese libro que estás escribiendo. Solo eso importa. Y así me he acostumbrado a vivir. Así viviré hasta el final, aunque me pese.

Mezquindad

Fui a la feria del libro para comprar la novela de un amigo. Pasé por el stand de la Alianza Peruana de Editores, con la esperanza brumosa de que mi novela Lima Norte se encontrara en alguno de los escaparates. Pero, al pasar por allí, vi que el tipo que contraté para que editara mi libro estaba presente. Seguí de largo, obviamente. He prometido jamás volverle a hablar, porque alguien que ha intentado robarme no obtendrá nunca mi perdón. Desde hace un tiempo he perdido el miedo de decir la verdad, de reclamar lo justo. Al principio, su promesa de publicarme con su dinero mi segunda novela provocó que callara el reclamo de mis regalías. El miedo a quedar mal. La duda. La diplomacia. Al diablo todo eso. Si no vuelvo a publicar nunca, no me importaría ahora. Seguiré escribiendo, acumulando novelas, sin pensar en las consecuencias externas. Total, escribir las historias es la verdadera felicidad literaria.
El mundo literario está poblado de mezquindad. Yo mismo soy un ser mezquino y traicionero.
A veces, es necesario el silencio para evitar hacer daño a quienes me aman. Un silencio para pensar.
Guardaré silencio para oír las palabras que rebullen en mis rincones oscuros, como diría Ellroy. Oiré el bramido de mis vísceras y transcribiré ese clamor con suma claridad, con verbo desnudo. Y llegaré, cada vez con mayor calidez, al corazón de todos mis lectores.

lunes 19 de julio de 2010

El segundo cementerio más grande del mundo


Ayer visité el cementerio Virgen de Lourdes, ubicado en la zona Nueva Esperanza de Villa María del Triunfo.

A las once y media de la mañana, salí de casa y tomé un microbús rumbo al Sur. El vehículo recorrió República de Panamá, Castilla, Los Tallanes y Ayacucho, y desembocó en Tomás Marsano. Bajé del microbús en la avenida San Juan y me caminé hasta Los Héroes con el fin de encontrar un carro que me llevara al cementerio. Pregunté a los cobradores, pero ninguno iba. Así que pagué china hasta el hospital María Auxiliadora, en el cruce de Miguel Iglesias y Pachacútec. Lo mismo. No había micros que me llevaran hasta allá. O al menos eso es lo que yo creía( más tarde me enteraría de que los microbios que pregonaban NUEVA ESPERANZA me dejaban a tres cuadritas del camposanto). No me quedó otra opción que tomar un taxi rumbo a la avenida El Triunfo, a la plaza principal del distrito, una zona que ya conocía. Bajé y pregunté a los micros que pasaban si iban para el cementerio. Los cobradores me miraron con cara extrañada, como si estuvieran chupando un limonazo. Caminé hasta el mercado de la avenida de Villa María y le pregunté a un mototaxista cómo carajo llegaba al cementerio. Me dijo que bajara hasta la "pista" y que ahí pasaba la Chama. Le agradecí y enfilé por la avenida Villa María hasta llegar a otra de nombre Micaela Bastidas. Como esa avenida sí tenía pista( no como Villa María) pensé que se refería a aquella. Me aposté al borde de la pista y esperé y esperé y esperé, pero naranja, amigos. No pasaba ninguna Chamita.

No me quedó otra que alzar mi brazo diestro para que un taxi parara a mi vera. Yo le pregunté al chofer de rostro lustroso y terso de juventud cuánto me cobraba al cementerio de Nueva Esperanza. Él respondió diez luquillas. Yo subí con miedo. El carro comenzó a trepar ligeramente, a trepar y a trepar, hasta llegar a una avenida llamada 26 de noviembre. Minutos después, dobló a la izquierda, recorrió un camino orillado de ambulantes y me dejó frente a la puerta del cementerio Virgen de Lourdes, famoso por ser EL SEGUNDO MÁS GRANDE DEL MUNDO.

Si quieren saber qué continúa, visiten el lugar. No se arrepentirán. Solo necesitan tiempo libre y una cuota de voluntad.

jueves 15 de julio de 2010

La parte alta de Villa María del Triunfo


Durante el invierno, los cerros de una parte alejada y olvidada de Villa María del Triunfo se cubren de verdor. Esa zona se llama El Paraíso. Más distante y olvidada es Ticlio Chico, localidad ubicada a dos mil metros sobre nivel del mar. Aunque no lo crean, dicho lugar se encuentra también en Villa María, en nuestra querida capital. Ticlio Chico posee una irrefutable esencia andina: su gente proveniente de la sierra sur y centro( quechuablante en un veinticinco por ciento)y su verdor invernal salpicado de amancaes. Lima Sur, señores.

Al enterarme de esta zona alta y escarpada, recordé la impresión que me causó leer en un artículo periodístico que en Carabayllo se practicaba la minería informal en un lugar llamado Río Seco. Pero Lima Norte es otra historia. Ya es pasado para mí, literariamente hablando.

El Internet es una gran cosa. Sin él no me enteraría de tantos datos sobre mi querida ciudad natal.

ODA AL PULPO PAUL


Cefalópodo famoso
adivino mundialista
eres todo un gran artista
pitoniso tan virtuoso.
Cuerpo blando y tan jugoso
que bucea bien sin prisa
haces guerra a la Larissa
por ser ídolo del mundo
¡Con tu impacto tan rotundo
yo me mato de la risa!

martes 13 de julio de 2010

En busca de María Elena


Escribo desde una cabina de Villa El Salvador. Me encuentro a media cuadra de la avenida César Vallejo. La visita de hoy la he realizado con el fin de visitar el monumento a María Elena Moyano. Desde hace una hora y pico, estoy deambulando por aquí. Al llegar, me asaltó la duda: ¿dónde quedaba el monumento? Había leído en Internet que se ubicaba en el cruce de Los Álamos y ¿Bolívar? ¿Vallejo? No lo pude recordar. Estuve por esas avenidas, pero nada de nada. Por eso he entrado a Internet para ver la ubicación: Los Álamos con Mariátegui.
Llegué a Villa a la una de la tarde. Bajé en el óvalo, donde se ubica el Monumento a la Mujer, avancé por Revolución y bajé por Vallejo cuadras y más cuadras. No encontré a María Elena.
Almorcé una ensalada de palta y un arroz con pollo- menú de seis lucas- y retorné a Revolución hasta voltear por Bolívar, la cual era desolada, silenciosa, arenosa. De rato en rato, pasaban mototaxis rojos como ráfagas.
Luego de bajar por Bolívar y llegar hasta el cruce con Los Alamos, me di cuenta de que me había equivocado. Entonces, di media vuelta y caminé unos metros hasta virar por una calleja terrosa, orillada de casas a medio construir. Desemboqué en un parque poblado de madres y niños. Ni sombra de María Elena. Seguí avanzando hasta llegar a este Internet. Al frente, se ubica un comedor popular y un gallo chilla de rato en rato.

Cuando se acabe mi media hora, saldré a la avenida Vallejo, subiré hasta Revolución y caminaré rumbo a Mariátegui. Acto seguido, caminaré hasta llegar al cruce con Los Álamos y, finalmente, saludaré a María Elena:" Mira, Negra, qué hermosa está tu ciudad, tu Villa inmortal".

Descansa en paz.

Mi pluma te hará justicia. Confía en mí. Ya falta poco.

lunes 12 de julio de 2010

Ensayo sobre la envidia

El año pasado, poco después de que saliera a la luz mi ópera prima, mi padre publicó su primer libro. Se llama Emergencias psiquiátricas y fue publicado bajo el auspicio de un laboratorio médico. Como es fácil suponer, mi padre es psiquiatra. Su libro está compuesto por artículos que giran en torno a las relaciones existentes entre psiquiatría y literatura.
El libro fue repartido entre colegas. Poco después, comenzaron las adulaciones y las soterradas envidias. Sin haber abierto el libro, los colegas se le acercaban con regalos y brillo en los ojitos para felicitarlo.
Fue ahí donde entendí el mecanismo de la envidia. Para muchos, publicar un libro es estar en ventaja sobre los demás. ÉL TIENE SU LIBRO Y YO NO. El asunto entre colegas es totalmente tóxico, pues la comparación surge de manera natural.
Hace unas semanas, leía en un libro ensayístico de Miguel Gutiérrez que él, desde hacía mucho tiempo, solo tomaba en cuenta las opiniones que gente ajena al oficio literario hacía sobre sus obras, pues ellos viven exentos de envidia artística. Gutiérrez asegura que la mayoría de gente que posee ambiciones literarias( inéditos, publicados, seres que desean escribir pero no pueden o no se deciden) tiende a dinamitar las obras de sus compatriotas coétáneos. Es decir, son severos al milímetro y condenan con firmeza cada error. Este mecanismo sigue la lógica que expuse líneas arriba: la mayoría de gente que no posee un libro propio y desea tenerlo va a tender, automáticamente, a abordar el texto del coetáneo con aspereza y, tal vez, mala fe.
Y la envidia se acrecienta cuando se gana algún premio jugoso. Ahí la mayoría de gente se mete la lengua al rabo, pues el premio está avalado por figuras de renombre que, obviamente, son más confiables que la manada de anónimos mezquinos. Entonces, el descrédito ya no se centra en la obra, sino en la persona: pedante, creído, sobrado, envarado... Vaya difamaciones.
Regresemos al caso de la gente que no gana concursos. Si una editorial ha puesto su dinero para publicarte, las críticas no son tantas, aunque sí las habrá. Pero en el caso de que hayas puesto tu plata, ahí te cae la avalancha de caca. Es increíble la mala fe que puede despertar un libro publicado.
El modo de publicación es, mayormente, un tema circunstancial. Ya dirá el tiempo si es que ese autor que tuvo la valentía de apostar por sí mismo rendirá frutos mayores y se volverá inolvidable o tan olvidable como los rebuznos anónimos que tratan de destruir cualquier intento ajeno de superación.

Momento del desquite

Hoy dejé cinco ejemplares de Lima Norte en la librería Contracultura de la avenida Larco, Miraflores. Así que los que aún no han adquirido el libro y no me quieren ver ahí lo pueden encontrar. Si no tienen problemas en comprarme directamente, todavía me quedan unos setenta ejemplares. Pasen la voz nomás.
Les cuento que estoy escribiendo como un salvaje desde marzo. Es una novela. No paro de imaginar, redactar, corregir, replantear. Peleo contra mis torpezas en cada sesión de escritura. Siento que he mejorado mucho aunque todavía me falta un poco para rozar la decencia. Cuando me siento frente a la computadora y comienzo a aglomerar frases, pierdo la noción del tiempo. Esta tarde había planeado estudiar para mi examen de inglés de mañana, pero, al abrir el archivo novelístico me quedé pegado a él. Lo abrí antes de la una de la tarde y me puse a escribir y escribir y corregir y corregir. Y cuando me doy cuenta, ya eran más de las cinco de la tarde. Pero valió la pena dejar de lado el inglés por unas horas: garrapateé cinco páginas lentamente, tal vez mediocres, legado de este oficio que crece y crece. Y que no se cansa de renegar de su pasado.
Espero ansioso el momento del desquite.
El momento de la segunda venganza.
Esta vez mejor armado y con chaleco antibalas.

miércoles 7 de julio de 2010

Entonces, ¿quién mató a Alicia Delgado?


Entonces, ¿quién mató a Alicia Delgado? de Carlos Chávez Toro es una crónica periodística narrada con estilo ágil y conciso que ahonda en los posibles culpables de la muerte de la famosa Princesa del Folclor. Alrededor del asesino confeso Pedro Mamanchura revolotean los posibles asesinos intelectuales entre los que Abencia y Gaudi son las principales sospechosas( sobre todo esta última).

Compré el libro ayer a las once de la mañana y a las cinco de la tarde ya lo había terminado. Sus 158 páginas corren velozmente y te atrapan.

Lo recomiendo para todos aquellos que, como yo, disfrutan de la crónica periodística.

martes 6 de julio de 2010

testimonio de un idiota

Durante mi época escolar, era un tipo enjuto y temeroso de pésimas notas. En cuarto de secundaria, me salieron unas manchas rosadas en la cara- una especie de dermatitis- que todos notaban y muchos temían nombrar. Por entonces, mi testículo izquierdo ya estaba bastante crecido y el primer lipoma comenzaba a asomar en mi muslo derecho. Quería mujeres, pero con genitales así y una cara así era difícil lanzarse al ruedo. No confiaba en mi cuerpo. Sabía que en la desnudez asustaría a una eventual compañera. No confiaba en mi cuerpo. Solo mi guitarra y mi teclado lograban levantarme el ánimo con sus notas cálidas.
El asunto es que era un completo idiota. Lo sigo siendo, creo. Un tarado que fue golpeado algunas veces en el colegio. Un imbécil al que le rompieron la nariz en Vocé. Un mal beodo que sufrió un corte en su sien en un choque automovilístico.
Lo sigo siendo, repito.
Actualmente, soy el idiota al que un editor con vocación de carterista estafó. Mala diagramación, mala distribución, incumplimiento en los pagos de regalías. Me estafaron con mi primer libro. El sujeto infló precios, incumplió las fechas pactadas, se zurró en la legalidad y la decencia. Un cabecero más.
Por eso sigo siendo un idiota.
Digo todo esto porque siento que la imagen del escritor es una completa pose. El genio que nunca pierde, exitoso con las hembritas, bohemio, elegante, perfecto orador. El atormentado profundo que ahonda en su grandiosa existencia. El sujeto europeizado que sabe de cine, música indie; el tipo que ha viajado mucho y es valorado por la gente.
Y, obviamente, yo no soy nada de eso.
Y no estoy afirmando con esto que yo me crea un escritor. Todo lo contrario. Solo acumulo frases porque necesito hacerlo. Solo avanzo y avanzo sin darme cuenta. Eso también es ser un idiota. Un tipo que casi ni trabaja, mientras los demás estudian maestrías que nunca planearon y se van adentrando, por instinto de conservación, en la línea de la docencia, rumbo a chambas fijas que den bienestar y borroneen sus sueños de adolescencia, aquellos que por cobardía han sido postergados. Porque nunca hubo una certeza.
Yo, con las rodillas sangrando en este difícil peregrinaje de la literatura, solo he conseguido hasta ahora acallar momentáneamente mi vanidad con un volumen sigiloso que solo una centena de gente conoce. Deseando no volver a verle la cara al avieso editor el resto de mi vida, desengañado de la parte externa de la literatura, he prometido en silencio nunca chupársela a nadie para obtener ningún favor. Nada de amiguitos que me hagan favores. Nada de influencias, argollitas, movimientos artísticos, grupos poéticos ni esas bazofias. No deseo la ayuda de nadie. No buscaré a nadie. No me colaré en ningún grupete de archilectores amanerados. No quiero hacerme amigo de nadie, carajo. Todos quieren chupársela a la pluma que eventualmente posee más prestigio. Un prestigio parido de las opiniones, no de la certeza personal. Una arbitrariedad que me da asco.
Tal vez hablo desde el hervidero de mi mediocridad, pero no importa. Asumo que he nacido para perder. Pero, ¿quién dice que vivir en la constante derrota es malo?
La situación te lleva a la rabia. Y en la rabia está la vida, la diversión.
No veo el momento de saltar hacia el absurdo y reventarle el culo al mundo.
Espero que se hayan divertido. Un consejo: no crean todo lo que digo.
A veces, es pura pose.

domingo 4 de julio de 2010

Oda a Larissa Riquelme


Tú lo pones paraguay
a mi pájaro chogüí
ay, Larissa guaraní
otro par así no hay.
Toy sufriendo, ¡ay caray!
no te vas a desnudar
porque equivocó al lanzar
el tarado de Cardoso
¡hoy me encuentro deseoso
de ser yo tu celular!


viernes 2 de julio de 2010

EL CAMPEÓN DE ANTAÑO


Hace un buen tiempo, se me ocurrió preguntarle a mis alumnos cachimbos cuántos países sudamericanos habían ganado campeonatos mundiales.

Dos, respondieron. Brasil y Argentina.

Falta uno, dije. Uruguay.

Todos los chibolos se miraron extrañados, cuchicheando frases de sorpresa.

Esa es la tendencia en la muchachada actual: son expertos en la actualidad del fútbol, pero no en su historia.

Yo aprendí sobre los mundiales gracias a un libro que me regaló mi abuelo cuando yo era niño. En este volumen, figuraban los resultados de los partidos de cada mundial, crónicas, anécdotas, entrevistas e ingentes fotografías.

Mientras devoraba alelado aquella valiosa información, descubrí que Uruguay había sido campeón en Uruguay 30( el primer mundial) y Brasil 50, donde ocurrió el famoso "Maracanazo".

Hoy, ante el emotivo triunfo charrúa en cuartos de final, recordé la grandeza de este equipo guerrero. Recordé su tradición, su terquedad, su fe, su garra hasta que suena el pitazo final.


Gracias, muchachos. Gracias, especialmente, a Luis Suárez, héroe sobre la línea de gol. Nunca olvidaremos tu mano salvadora.

Réquiem por Brasil


Uy, Scratch eliminado

se acabó tu buena tanda

pues los chicos de Holanda

tu ideal han aplastado

los naranjas han quedado

pa' jugar semifinal

y el Dunguita cerebral

no será más la cabeza

pues no basta la destreza

para ser el rey mundial.