sábado 30 de octubre de 2010

De vuelta a mi cálida trinchera. 1)Por lo visto, tendré un año más como asistente de docencia en mi pontificia universidad.2) Si no desapruebo avanzado 8 y 9, en dos meses acabaré al fin el inglés, tras cinco años accidentados.3) Estoy planeando Lima Este al milímetro( los capítulos estarán encabezados por Día 1, 2, 3...). Será una investigación periodística autodidacta. 4) Estoy sopesando precios y oportunidades para Lima Sur, proyecto de publicación para el próximo año. 5) Y a juntar dinero para un nuevo y radical anhelo impostergable.

jueves 28 de octubre de 2010

LA CALAVERA EN NEGRO de Gustavo Gorriti


La calavera en negro( Planeta, 2006), que lleva como subtítulo El traficante que quiso gobernar un país, es una crónica periodística escrita por un apasionado Gustavo Gorriti. En el libro, el periodista arequipeño narra cómo fue su inicio periodístico en Caretas, luego de abandonar una vida ya hecha como agrónomo y yudoka. Una de sus frases iniciales me taladró el cerebro: "Pero en periodismo, sobre todo si eres principiante a los treinta y tres años, cuando has dejado una vida atrás para llegar a tu vocación antes de que sea más tarde, qué jodido puede ser"( 19).

Poco a poco, la historia se va centrando en un caso específico: el retorcido personaje Carlos Langberg es sospechoso de narcotráfico, entre otras perlas.

El intrépido Gorriti se abocará a ahondar en los meandros de este siniestro hombre ligado al Apra y logrará develar interesantes datos ocultos a base de agudeza y perseverancia.

domingo 24 de octubre de 2010

Músicos


Soy un músico empedernido. Me encanta escuchar, tocar y hablar de música. Me fascinan los conciertos. He tenido la suerte de integrar una buena cantidad de grupos musicales de diversos estilos, pasando por el ska, el punk, el grunge, el pop, el folklore, el reggae, el funk. Me gusta tocar de todo. Sin embargo, mi inmersión en el mundo literario frenó esa errancia exquisita.


Ayer estuve en dos conciertos. Uno de ellos se llevó a cabo en el club Cajamarca y el otro en un local barranquino cercano a la plaza Butters. En el primer sitio, ubicado en la plaza Bolognesi, se celebró un festival de ska. Me encontré con buenos compinches, entre ellos la gente de Residuos( grupo en el que toqué teclado en el verano del 2009) y la gente de Malagüero, con quienes ensayé una vez el año pasado. Además, me encontré con Anibal( Skanibal, ex Psicosis, actual Barrio Calavera), con quien toqué en un grupo de ska llamado Deskalzos en 2005, y con Martín Roldán, todo un personaje de la movida subte y de la literatura peruana actual.


Bromeé con todos, tomé chelas, me zambullí en el jolgorio del ska en aquel apretujado local.


Luego, me subí al carro de J., talentoso trombonista de urdimbre salsera que toca en varios grupos, y con un puñado de gente más nos enrumbamos a Barranco, donde se llevaría a cabo el otro concierto. Al llegar, me encontré con otro personaje conocido y me parapeté frente al estrado en espera de la presentación de De noche salgo, banda conformada por algunos chicos de Residuos como Steve G, el Chamo y el trombonista J. La tocada estuvo excelente. Por suerte, conocía algunas canciones de este buen grupo y pude corearlas, azuzado por el entusiasmo y el licor. Luego, tocó Kalambuco Ensamble, banda salsera en donde toca Javier P, quien fue durante un tiempo conguero de Residuos y Radio Huayco. Con la gente de De noche salgo comenzamos a improvisar coros salseros para fastidiar a la gente, nos reímos, bailoteamos, bebimos. La pasé muy bien. Estuve exultante. Me dio gusto reunirme con esa gente luego de año y medio. Me dio gusto vivir la música de tan cerca durante toda la noche y la madrugada. Para la próxima tocada, la gente de Residuos ha prometido convocarme para que regrese al teclado y cometa mis diabluras de siempre.

Volvimos en el carro de J. Yo me ubiqué en la tolva de la camioneta y pude sentir a la ciudad rozándome la cara.

Sinceridad


El viernes me reuní con un buen amigo para hablar de mi nueva novela. Estuvimos un rato en la Feria Ricardo Palma y luego fuimos a Surco Viejo, uno de los escenarios de mi libro nuevo. Bebimos un vino en un local ubicado junto al colegio Jorge Chávez, donde estudió María Elena Moyano, uno de los personajes de esta historia aún inédita. Página a página, fuimos revisando el texto. Él me daba sus agudos comentarios que yo acogía con entusiasmo y cierta tensión. El análisis que llevamos a cabo fue casi enteramente estilístico. Saqué muchas conclusiones. El lado positivo es que esta novela marca una evolución en mi oficio como narrador: la prosa avanza con menos baches, más ligera, menos impostada. Sin embargo, todavía permanecen en mi estilo las taras de siempre: falta de oralidad, tendencia a expresiones demasiado librescas, rígidas. La oralidad es una tarea pendiente. Yo no creo que se deba a la falta de oído; me parece que surge debido a que carezco de referentes reales de los personajes que diseño. Como intento retratar el habla de gente que no conozco, allí surge el problema. Bueno, tal vez solo esté justificándome. Pese a todo, siento que voy mejorando paulatinamente. Solo falta vencer a la ansiedad y corregir incansablemente.

Lo que me tiene tranquilo es que amigo dice que el libro se lee de manera fluida, que algunos personajes le parecen entrañables y que hay sinceridad en lo que he escrito.

Todavía perduran en mí ciertas torpezas de autor inexperto, pero qué bueno que mi amigo haya captado sinceridad. De eso se trata. Sé que muchas veces me doy a conocer como un tipo rajón, acomplejado y agresivo, que habla mucho a espaldas de los demás. Y puede que en realidad sea así, pues tengo el corazón envenenado. Pero, detrás de mis bajezas, yo vislumbro una salvaje vocación que es, quizá, lo único sincero que hay en mí.

Contar historias lo mejor que puedo es mi sagrada sinceridad. Lo demás puede esperar. Siempre puede esperar.

miércoles 20 de octubre de 2010

La violencia del tiempo- Miguel Gutiérrez


Miguel Gutiérrez es un fabuloso narrador, pluma creadora de La violencia del tiempo, desmesurada e intensa historia familiar que abarca cinco generaciones. Yo considero a esa novela de más de mil páginas como la más completa y hechizante de nuestro país, solo superada en hondura por Los ríos profundos.


Yo le debo bastante a La violencia del tiempo. Mucho de lo que soy se lo debo a ese libro impresionante.


Gracias a esta novela cobré conciencia de la importancia de la historia en la literatura. Yo me siento muy cercano, desde mi chapucero y turbio rincón de autor en ciernes, a esa estirpe de novelistas que escriben sobre el Perú. Arguedas, Vargas Llosa, Miguel Gutiérrez. Retratar el país es la dirección que siempre tomaré en esta difícil ruta de las letras.


La violencia del tiempo ha sido reeditada y será presentada en la feria del libro Ricardo Palma. Comienza este viernes.

Plan

Mi plan es "ser invisible y hacer cosas visibles".

Estoy renaciendo.

En paz.

Y mejor.

Mejor que nunca.

sábado 16 de octubre de 2010

José María


Cuando murió su padre, un chiquillo de trece años llamado José María Palacios decidió incursionar en el canto. Poco tiempo después, lo bautizaron como Chacalón Junior, en honor al nombre artístico de su difunto progenitor, el famoso Papá Chacalón.

José María firmó un contrato con la promotora Markahuasi y debutó en Chimbote, en la celebración del Día del Pescador. Desde ese momento, la fama de Chacalón Junior se propagó por los Conos de la ciudad, zonas en las que su padre había reinado durante años.

Sin embargo, en las postrimerías del siglo veinte, la moda de la tecnocumbia, encabezada por Rossy War, y el éxito de los grupos de cumbia norteña como Agua Marina y Armonía 10 desplazaron a la música chacalonera. José María padeció esta crisis por espacio de cinco años...


(Fragmento de Lima Este)

Conectado

1
Estoy conectado con los bramidos de la calle. Estos días, mientras mi cuerpo se aboca a rutinas estudiantiles y docentes, mi imaginación se dedica a buscar alguna pista en la urbe que me permita diseñar el desenlace de mi Lima Este, obra que está en una etapa germinal.
2
Hay una línea de microbuses( que pasa a media cuadra de la vivienda en la que pernocto) cuyo destino final es Lima Este: se sumerge en SJL por Los Jardines y se estaciona en Canto Grande. Veo pasar a esos autobuses con mucha más frecuencia que antes.
3
Solo hace falta conocer a las personas adecuadas para que la historia pueda reventar al fin en mi cerebro.
4
Las claves de la realidad me ayudarán a cometer este delito literario. Como siempre.

lunes 11 de octubre de 2010

La cautela

Una buena posibilidad me está desgarrando el pecho de desasosiego. Pero, pese a mi corta edad, siento que ya estoy viejo-y canoso- y no debo entusiasmarme con nada. Igual con las chicas: al menos que vea ese irrefutable brillo de ojos que te invita a besarla y tocar su cuerpo no moveré un dedo. La cautela es una sana dirección. Incluso cuando un cineasta nacional me planteó con mucho entusiasmo la posibilidad de llevar Lima Norte a la pantalla grande, frené la algarabía y me inserté en la prudencia. Meses después, cuando este cineasta y su hermano ganaron un premio en Cannes, se vieron obligados a viajar por el mundo para promocionar Octubre. Y lo mío quedó congelado, al parecer. Ahora este talentoso dúo está trabajando un nuevo guión. Así que el salto al cine tendrá que esperar. Para la próxima será.
De todas maneras, millones de gracias a Diego por el interés. Y gracias también por recomendarme la trilogía Millenium y las novelas policiales de Vásquez Montalván.
Y ahora a almorzar y a corregir exámenes como un poseso. A dejar de soñar. A trabajar se ha dicho.

domingo 10 de octubre de 2010

La teoría


Nunca me entusiasmó la teoría. Y mucho menos la teoría literaria. Era interesante, claro está, pero insuficiente para encandilarme de manera visceral. Mientras tanto, el deseo de convertirme en novelista me carcomía todo el tiempo. Cuando era inédito, cada segunda era una cuchillada. Tras publicar, cada comentario malediciente era un pretexto para lanzarme con furia contra el mundo, mecanismo de defensa que siempre he practicado: herir, atacar, burlarme. Regodearme en la misma miseria que llevo dentro. Seguir siendo un donjuán rudimentario y chapucero, hiena en busca de presas, incapaz de crear vínculos de amistad con las mujeres. Siempre dispuesto a internarme en conductas incorrectas, las únicas que me proporcionan una sensación de plenitud.

Cada vez me parece menos importante la teoría. A mí no me sirve para nada. Ya terminé una tesis, así que no pienso volver a pisar las aulas para internarme en alguna maestría sacaplata que siga machacando ese lado erudito- contemplativo-pasivo-vano de aprehender teorías para aplicarlas a cualquier bodrio de la realidad

lunes 4 de octubre de 2010

Desde Santa Anita

Tomé un micro en la avenida Wiese, el cual penetró en Pirámide del Sol y enfiló hasta atravesar el puente El Agustino, Riva Agüero, bordear el óvalo de la paz( en memoria de los que cayeron, decía). Luego sigo, me botan de cabina..

San Juan de Lurigancho


Escribo desde la avenida Fernando Wiese- también llamada Próceres de la Independencia-, en San Juan de Lurigancho. Estoy deambulando por este distrito desde hace un par de horas. La travesía comenzó cuando decidí subir a un micro en la avenida La Mar, en San Miguel. Recorrí en el autobús la avenida Sucre hasta llegar a Arica, donde el micro tomó Bolivia, torció por Wilson, siguió por Tacna, cruzó el río, se metió en el Rímac y enfiló por Marañón hasta penetrar en San Juan de Lurigancho, tomando las primeras cuadras de Wiese para voltear a la izquierda por Lima. Bajé en la cuadra 4 de la avenida Las Flores, penetré en un mercado y almorcé en un restaurante ubicado en la cuadra 5 de Eleboros. Luego retorné a Las Flores y enfilé hasta el cruce con una avenida cuyo nombre he olvidado, pero que recordaré cuando más tarde vea el mapa en mi cuarto. Allí tomé un micro cuya ruta final era Santa Anita. Pensé que de esa forma podría marcar un recorrido directo por toda Lima Este, pero la ruta del vehículo era muy dilatada: primero, pasaría por Abancay, Grau y después tomaría la carretera Central, surcando El Agustino, Santa Anita...Más allá vendría Ate Vitarte hasta Santa Clara, hasta el fin del mundo. Muy largo. Decidí bajar en la última cuadra de Abancay y enrumbarme nuevamente a San Juan de Lurigancho. Volví a cruzar el río Rímac, enfilar por Marañón, pasar junto a la Alameda Wiese, entrar en la avenida del mismo nombre- o Próceres, ya lo dije- y avanzar y avanzar hasta bajarme en Metro, ubicado en el cruce con Los Jardines. Aquella zona ya me era conocida, pues la había visitado en el 2006, tiempo en el que escribía una novela pueril y afiebrada que también se situaba por esa área urbana. Volteé por Los Jardines con la intención de conocer el Huarocondo, famoso local donde se realizan conciertos folklóricos( el sábado tocarán Raúl Arquínigo, Rosita de Espinar, Fresialinda, Sonia Morales...), pero no hallé el recinto y tampoco le quise preguntar a nadie. Retorné a Wiese y caminé un puñado de cuadras hasta pasar junto al Británico-precioso edificio- y el colegio Enrique Camino Brent, donde estudió- o estudia- una prima mía. Luego, me colé en Pitágoras para echar una meada y ahora heme aquí, enclaustrado en una cabina de San Juan de Lurigancho, acosado por los ruidos de la avenida Wiese, tecleando frenéticamente para no morir.

domingo 3 de octubre de 2010

La prosa del desengaño

¿Cómo es la prosa de un hombre desengañado del engranaje editorial de la literatura? Tal vez una prosa seca, llana, miedosa, que se cuestiona cada palabra y avanza dando tumbos por culpa de la inseguridad. Un estilo arisco, con desvaídas piruetas líricas que son una triste mirada a su pasado de infame pirotecnia. Una prosa que duda de su valor casi todo el tiempo.
La prosa del desengaño.

viernes 1 de octubre de 2010

Cuando tenía cinco años, fui a comprar a Plaza San Miguel con mis padres y mi hermana mayor( la menor no existía). De súbito, aparecieron dos ladrones que eran perseguidos por un policía ventrudo que les disparaba a quemarropa de manera infructuosa. Recuerdo bien el resplandor y el tronar de los disparos. Me quedé impactado, embelesado. Creo que ahí estuvo el origen de mi fascinación por las historias de sangre y pólvora.
Cómo no recordar el año 1992. Dos cochebombas en la avenida San Felipe: la Embajada de Japón y el Canal Dos. Ruinas, humo, pavor. Y en mí la fascinación. Ventanas rotas, casas destrozadas, mi incomprensión. No entendía esa destrucción. ¿Alguien se acuerda de ello? Yo sí. Siempre lo recuerdo. Ese puño invisible que golpea la ventana de mi cuarto y la remece. ¿Quiénes eran ellos? ¿Por qué lo hacían? Años después, y gracias a mi madre sanmarquina, entendí los móviles senderistas. Ella misma fue invitada innumerables veces a participar en el PCP- SL, pero siempre se negó. Algunos colegas suyos de carrera que sucumbieron en el senderismo ahora están muertos, y otros siguen perseverando en su pelea enloquecida.
Y los soldados enfermos, sin brazos, sin piernas, subyugados por el síndrome de guerra. ¿Por qué solo los pobres están obligados a ser soldados? ¿Por qué yo puedo escribir, embriagarme y vivir entre suaves hipocresías y otros se embarran de pánico en las marañas selváticas y las serranías? A veces siento que seguir vivo es regodearme en la desigualdad. ¿Por qué si me da tanto asco esta injusticia no hago algo por cambiarla? Porque lo mío solo queda en palabras, como cualquier politiquero y charlatán de cantina irredenta.
Digan politizado, literato social. Yo diría ojo atento a lo que sucede alrededor. Yo diría sabueso de la realidad y sus problemas tratados desde la entraña. Yo diría prosista maleducado, pero impetuoso, exhibicionista de baja autoestima y mezquindad rotunda. Un buen ojo para la historia va acompañado de un buen corazón, así sea chúcaro y vil. Al menos un corazón.

Sumilla de Lima Sur

Un polémico novelista es contratado por una extravagante mujer para trabajar en un libro basado en su vida. Una vez inmerso en la actividad de negro literario, el artista recorrerá los distritos de Lima Sur en busca de las historias que nutrirán el texto. En este emocionante camino, entre los rugidos de un progreso desmesurado que avanza a ritmo de huayno, tratará de encontrar las claves para entender a ese Perú real y valiente, acosado por los fantasmas del terrorismo y la desigualdad.
Hay zancadillas, hay tedio y ansiedad. Como siempre. Pero tengo la fuerza de mi humor, del brillo de mi mirada traviesa que palidece en la euforia a mi semblante gastado, a mi cuerpo consumido y escéptico. Parece que estoy destinado a no buscar, sino a esperar, con la sonrisa extendida, la llegada de lo nuevo, el retorno de ese entusiasmo mágico que todos desean hallar y que no he encontrado: me ha encontrado.
Y la búsqueda de editorial sigue siendo un páramo.