jueves, 27 de enero de 2011

Alumno

Todos mis conocidos se sorprenden cuando les cuento que he vuelto a ser alumno de Estudios Generales Letras. Solo será por unas semanas, pero de todas maneras ese retorno inesperado exalta y causa incluso gracia. Soy alumno de dicha unidad porque estoy llevando los dos cursos que me permitirán acceder a la facultad de Comunicaciones. Por ello, debo aprobarlos de todas maneras. Por ello, he dejado de leer literatura por pasatiempo y me estoy concentrando en las ingentes lecturas que están atiborrando mi tiempo y me fatigan sobremanera. Me duermo exhausto, con la mente rellena de términos nuevos. Pernocto entre Platón y Hobbes. Ellos se pelean en mi cabeza sin tregua. Mi cerebro regurgita con los orígenes del lenguaje, con la imprenta, con mi primer trabajo de urdimbre periodística que debo entregar en unas semanas. No me dan las fuerzas para terminar de leer L. A Confidencial ni avanzar con 2666. No me da el cerebrito. Cierro la mirada y duermo al instante. Vivo en la universidad, cada día. Asisto a las dilatadas clases, recorro sus sendas, me da sueño, leo, me encuentro con gente y hablo de mi nueva aventura. Pocos lo harían, lo sé. Pocos lo entienden, lo sé. Sigan chambeando nomás. Yo también lo haré como siempre. Sigan chambeando y comprando libritos nomás. Sigan acumulando plata, cabrones. Yo gastaré la mía en un sueño costoso e inigualable. La belleza es difícil de obtener. Una belleza de sudor, sangre y cemento. Porque yo he nacido para oler la sangre, no para buscar su significado en el diccionario.
Y si no les gusta lo que expreso, si mis frases los enervan, cierren esta página y busquen más dinero.

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