
En el año 2007, pertenecí, por un breve periodo, al grupo de redactores de un periódico universitario. Recuerdo muy bien cuando uno de mis colegas me contó lo que un estudiante de Literatura- como nosotros- había dicho acerca de mi artículo periodístico sobre la clasificación de los jotitas al mundial de Corea. "Hay muchos lugares comunes", fue la frase. De inmediato, yo respondí que el periodismo era " el reino de los lugares comunes". Eso es verdad. El lenguaje periodístico se basa en un glosario poblado de frases hechas y palabras baúles que son totalmente válidas, pues son parte del oficio. "Liarse a golpes", " dar luz verde ", vejámenes", "facinerosos"... Estas expresiones son válidas porque lo importante en el periodismo es informar de manera clara y objetiva. El regusto estético pasa a un segundo plano. Basta con expresar de forma nítida la noticia.
Por su parte, en la literatura, que es el reino del lenguaje creativo, toda frase hecha o lugar común se convierte en un defecto de estilo, tan grave como el abuso de los advervios terminados en mente, el uso excesivo de superlativos o la tendencia a usar la Y como inicio de oración. Sin embargo, ¿hasta que punto una frase que nos suena familiar es una frase hecha? Hace un tiempo, hablaba sobre esto con mi amigo Mariano. Él dijo que había niveles en las frases hechas. Unas eran más graves que otras. Unas eran lugares comunes de manera irrefutable.
El asunto es que no podemos llegar a escrúpulos excesivos, sobre todo si hablamos de autores jóvenes. El reto de todo narrador es conseguir su propia voz. Pero llegar a eso es muy difícil. Al comienzo, en las primeras obras, el autor joven usará el vocabulario endeble que ha acopiado en su corta experiencia vital, amparándose muchas veces en frases ya leídas o escuchadas. Por ejemplo, nadie está libre de que se cuele en su texto un borgeano "unánime noche" , un garcía marquesiano "prima noche", un vargasllosiano "sin amor".
Una prosa salpicada de algunos lugares comunes evidencia un estilo en formación, camino a una posible independencia. Un prosa plagada de lugares comunes rezuma carencia de originalidad y/o facilismo.
En todo caso, tomemos al toro por las astas, escribamos a calzón quitado y sigamos al pie del cañón.
Enciclopedia Universal de la Novela:
ResponderSuprimirTomo 1: "Había una vez".
Tomo 2: "Encendió un cigarrillo".
Tomo 3: "¿...?".