
Soy hincha de James Ellroy. Leer El asesino de la carretera y algunos relatos de Ola de crímenes bastó para que me hiciera seguidor de este poderoso escritor estadounidense de novelas negras. Detrás de su imagen de perro rabioso de pasado oscuro y conductas escandalosas, se halla un gran narrador, un fabulador con garra, de raza. Ahora estoy leyendo L. A. Confidencial, una novela plagada de corrupción que ha sido escrita con frases cortas, como navajazos. Degusten un poco de su fuerza envenenada:
Su padre llegó a casa; debía haber creído en la advertencia del hijo; tocas de nuevo a mamá y te mato. Bud dormía cuando su padre le esposó las muñecas y los tobillos; una vez despierto vio cómo el bastardo mataba a su madre a golpes con una barra de metal. Gritó hasta quedar ronco; se quedó esposado en el cuarto, con el cadáver: una semana sin agua, delirando, vio cómo se pudría su madre.
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