María Elena Moyano fue enterrada en el cementerio Cristo Salvador. Sin embargo, yo pensé que la tumba se hallaba detrás de su estatua, en la avenida Mariátegui de Villa El Salvador, y así lo coloqué en mi novela. No me parece oporturno hacer el cambio: pienso que en la ficción se pueden llevar a cabo esas licencias. Sé que igual puede ser juzgada como una grosera negligencia. En un relato sobre María Elena que salió publicado en una revista virtual, aseguré que "nunca se encontraron sus restos", lo cual es una rotunda mentira, como se dan cuenta.
Soy un desastre. ¿Cuándo venceré mis defectos de fabulador holgazán?
Hay varias contradicciones en mis escritos si uno los analiza desde la realidad. Felizmente escribo- o intento escribir- literatura. No hago historia ni crónica ni sociología. Trato de ordenar de la mejor manera las tramas autónomas que diseño en la oscuridad como forma de redención. Deseo salvarme a mí mismo; deseo sanar las llagas de mi país con libros potentes, así me salgan tibios, vacilantes, triviales. Deseo aportar, ayudar. Quiero que mis libros sirvan a la gente. Llámenle literatura comprometida si desean. Si eso es lo que hago, lo acepto. Sé que muchos piensan que una literatura comprometida es mala literatura, infectada por ideologías. Sepan que todo texto tiene ideología.
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