domingo, 13 de febrero de 2011

El déficit de la fabulación

Si se desea escribir como consecuencia de leer libros, duden de la transparencia de su pasión. Si bien ser un gran lector es requisito para ser un escritor, esto no es suficiente para lanzarse al ruedo de la ficción creativa. La literatura no es un mundo amurallado por los libros leídos y por leer. Hay mucho más: está el mundo. Si uno se limita a pensar que la creación se abastece de los libros leídos, el resultado será un menjunje poblado de referencias librescas, "homenajes", remakes, intertextualidad, datos eruditos. Es decir, menudearán todos esos ingredientes cerebrales que, al hallarse en abundancia, alejan más y más al lector. Se podrá obtener el respeto del lector, pero no su cariño, su afición, su amistad invisible. Una prosa bien trabajada puede hacerse notar entre escritores y críticos; empero, si se carece de una historia interesante, los personajes se caerán, la trama se diluirá y solo se impondrá el virtuosismo de la prosa. ¿Es suficiente? Me parece que no. La literatura debe contar historias y no limitarse a exhibir parrafadas atiborradas de frases culturosamente juguetonas con términos altisonantes.
Si debo ponerme más visceral, podría decir que ese cúmulo de referencias cumplen el rol de ocultar la ausencia del don de la fabulación. Para barajarla, se manipulan textos ajenos y se utilizan para crear uno propio. En ese caso, se efectúa un saqueo, no un juego intertextual.
Es todo un reto escribir una historia en estado puro. Si quieren descubrir si de verdad son capaces de crear una historia, prescindan de los epígrafes, las cursivas, los remakes. Olvídense de las películas y los libros preferidos como materia argumental. Esas son gansadas. ¿ O es que no hay más en nuestro interior que esos productos culturales? ¿Dónde están las obsesiones que rebullen en las tripas? Tal vez, a fin de cuentas, la creación literaria de esa clase carezca de la honestidad en estado puro. Hay que sincerarse en las páginas. Pongamos el ojo en los tabúes sociales y personales. La choledad, la identidad sexual, el crimen, la política, las mentes obsesivas y desquiciadas, las revoluciones, el terrorismo, el narcotráfico, las mafias médicas, la labor del periodismo, los pacientes psiquiátricos, el síndrome de guerra, los complejos raciales... Hay tantos temas por tratar que no tienen nada que ver con los libros ni las películas que vemos.

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