Listo. Terminaron las clases. Solo queda estudiar mucho para rendir bien mis exámenes finales del lunes.
A las doce, luego de mi clase de Ética, tuve que asistir a una charla en Comunicaciones. Solo estuvimos cinco personas. Me dieron un librillo donde se detalla la currícula de cada especialidad de mi nueva facultad y los procedimientos básicos en la matrícula.
Mientras oía a Víctor Casallo dar la información, caí en cuenta de que estudiar Periodismo será difícil debido a que tengo que trabajar en simultáneo para pagarme los estudios. De cuando en cuando, mi familia tendrá que ayudarme, claro que sí. Por lo tanto, me parece que terminaré la carrera a los 30 ó 31 años. Será difícil. Invertiré un dineral. Pero es necesario hacerlo. Si hubiera decidido continuar con mi rutinita de docencia y escritura inepta de novelas vergonzantes, estaría podrido de infelicidad ahora mismo, encerrado en mi cubil, escribiendo frasesillas sin alma, gansas. En cambio, como me hallo inmerso en un cúmulo de actividades, respiro la vida plena, me divierto, soy feliz. Duermo poco y mal, pero me siento bien. Hago lo correcto. Dios lo sabe.
No busco atiborrarme de dinero infeliz. Quiero trabajar en el día a día, entre cadáveres, destapes noticiosos y pesquisas de sabueso reportero.
Si no hubiera decidido cambiar de vida, hoy estaría muerto por dentro.
Y no te habría conocido, S.
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