
En primer término, es necesario referirse al alma tripartita. El alma humana, según Platón, se puede dividir en tres: el alma racional, el alma pasional y el alma concupiscente. Para entender esta división, es útil valerse del símil del cochero, en el cual se plasma la lucha humana de debatirse entre la razón y las pasiones y los ardores de la concupiscencia. En ese punto, para llegar a ser éticamente correcto es necesario imbuirse de equilibrio, mesura.
Pero, se preguntarán: ¿cómo llegar a ella? Para responder es muy necesario acotar que en el mundo hay dos planos: el sensible y el inteligigle. Si usamos a Kant, se puede equiparar esto con su plano fenoménico y su plano nouménico. Como pueden inferir, el ámbito sensible se refiere al mundo de los objetos, a lo que podemos percibir por los sentidos. Por su parte, el mundo inteligigle es el plano de las ideas, donde se haya el Bien platónico como cúspide última de la abstracción y la sabiduría. Aquí les pregunto, ¿prefieren seguir sus impulsos o darle prioridad a la razón?
Pasiones- Caos
Razón- Cosmos
Yo creo que todos nos debatimos entre estos dos planos constantemente. Es parte de nuestra naturaleza. No hay nada más difícil que el autodominio. Para entender mejor esta dicotomía pueden repasar el mito de la caverna, que se halla representado en el dibujo de este post.
Para finalizar, es oportuno anotar que Platón considera que el mejor gobierno es el aristocrático, pues garantiza la mesura, el equilibrio, la justicia. Como ven, la democracia de la polis solo consideraba ciudadanos a una élite.
Como ven, cada binomio tiempo- espacio posee su ética particular.
¿Cuál es la nuestra?
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