
Nunca me entusiasmó la idea de acoger las fórmulas de la vida social, sobre todo en el plano sentimental-sexual. Siempre consideré inútil ir al cine con una chica, pues si mi búsqueda es el afanamiento, estaría perdiéndome la película. Por eso al cine prefiero ir solo.
La comida, gran problema para mí. Odio comer con gente. Suena raro, pero es uno de los caballitos de batalla de mi trastorno de ansiedad social. Si de por sí aborrezco comer acompañado, mi incomodidad es mucho mayor si es que tengo que comer con una chica a la que quiero afanar o una chica que ya ha sido afanada por micky y tiene la desdicha de ser mi compañera de temporada. Me parece asqueroso, por ejemplo, comerme un lomo saltado mientras le hablo a una mujer sobre la belleza de sus ojos. Nada que ver. O decirle a la chica que su espíritu es muy refinado cuando, un segundo antes, le pedí una chanfainita o un seco de res al mozo de ocasión. Simplemente, no puedo pronunciar los nombres de los platos de comida si es que hay una chica que me interesa frente a mí o a mi lado. Además, detesto que me vean masticar.
Como notarán,no voy ni con el cine ni con la comida.
¿Qué me queda?, se preguntarán.
Hay un plano en el que, tristemente, me desenvuelvo con éxito: la juerga. Cuando hay alcohol en mi sangre, mi boca estalla en frases pícaras y obscenas que retratan muy bien el veneno que invade mi alma. No crean que al tomar me libero y que soy un reprimido. Yo creo que no, al menos. Me considero lo suficientemente sociable, mucho más desde que soy profesor en la universidad. El asunto es que me gusta el mundo sucio. Me gusta el desorden, el carnaval del infierno, la porquería. Eso me encanta. Todo lo bajo me atrae. Entonces, cuando estoy borracho, me vuelvo un ente hormonal que busca carne por doquier.
Por ello, habrán notado, amigos, que siempre les propongo ir a chupar y a juerguear, pero jamás les digo para comer o ir al cine. Y si lo hago es por presión o porque, luego del filme o la comidita, me desgarraré la conciencia con secos y volteados que me harán olvidar mi ineptitud como amante.
yo fui al cine contigo pero no comiste jajja
ResponderSuprimirContigo esas manías no existen, Silvia.
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