
No pretendo promulgar un vitalismo empecinado como sustrato de la creación literaria. No. No. La teoría nutre al ser de igual modo que el trabajo de campo literario, el latido urbano. Por ejemplo, los copiosos textos que vengo leyendo desde hace un mes, escritos sobre ética y comunicaciones, me están nutriendo de manera esplendente. He penetrado en las mentalidades de múltiples épocas y aprendido cómo empezaron la fotografía, la televisión, el cine. De todo ello me alimento en el hoy. Todo ese magma de información ayudará a construir nuevas historias. O completar las que están pendientes. ¿De qué forma ayudarán? No de manera directa, como datos insertados de manera grosera. No. No. Me ayudarán porque siento que comprendo un poco más a la vida. Y la misión autoimpuesta es contar la vida en una hilera infinita de novelas peligrosas.
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