
Sé que está mal reseñar libros que aún estoy leyendo, pero el tiempo es escaso en estos días de estudiante recalentado. Me faltan cerca de cien páginas para culminar la dilatada novela Los Angeles Confidencial del norteamericano James Ellroy, un autor que goza de mi simpatía desde que me enteré de su existencia.
En esta monumental novela, tres policías de características muy disímiles entre sí son los protagonistas. Ellos se ven involucrados en un caso que los persigue durante varios años: una masacre acaecida en un café. En la odisea de la resolución del caso, cobran relevancia las redes de prostitución y ventas de drogas.
La prosa es austera, filuda. Sus frases breves martillan el cerebro. En mi opinión, Ellroy se excede por momentos en ese molde telegramático y la prosa corre con menos fluidez. Pero, en términos generales, esta novela posee todos los ingredientes para considerarla una obra de peso: una historia clara y contundente, sello personal en el estilo de la prosa, un ritmo de las escenas bien dosificado, diálogos de violenta precisión. Una buena novela que tiene pegada en las vísceras del lector fanático de la novela policiaca más oscura.
Los Ángeles Confidencial es una novela negra, pero muy negra. Lo peor del ser humano campea en sus páginas. Y, tras todo ese andamiaje turbio, se cierne la imbatible obsesión de Ellroy por ahondar en los meandros del hampa, ese submundo excrementicio donde un bastardo inubicable asesinó a su madre. La literatura lo redime.
Veremos en qué termina.
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