jueves, 24 de marzo de 2011

Historia de otoño


Siempre me ha sido difícil sobrellevar la vida en ausencia de escritura. He notado que solo puedo aguantar un par de días sin escribir. Algo de eso me ha sucedido esta semana. Debido al acopio de responsabilidades laborales y estudiantiles, no he podido sentarme a escribir en este blog ni sentarme frente a mi laptop a engrosar mis novelas. Estuve inactivo creativamente hasta ayer por la noche, momento en que comencé a escribir mi cuarta novela sin saber a dónde me llevará esa historia. Es la primera vez que comienzo a escribir sin saber de qué tratará la novela. Solo he garrapateado una página con una escena descriptiva: un hombre camina bajo la garúa- esa que nos sorprendió ayer con tenaces goterones que dieron inicio al otoño- y siente que la gente que camina en la calle es feliz, realizada. Esa sensación opera en detrimento del personaje, quien se siente agredido por la aparente felicidad del resto. Luego, se focaliza en las mujeres y las considera distantes, inasibles, superiores a él. Entonces, decide buscar meretrices en las callejas sórdidas. La secuencia terminaba así: "¿Hasta cuándo seguirá dañándolas?". Es todo lo que tengo por ahora. Eso es lo lindo de la literatura: nunca deja de sorprenderte. Dejaré que el azar y el tiempo moldeen mi nueva novela. La escribiré con calma.

Ayer, mientras trituraba el teclado con esta nueva historia, me salieron frases preciosistas, elegantoides, como si hubiera regresado al año 2007, época en que escribí la única novela que he publicado.

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