
No tengo miedo de dar mis opiniones. Considero a los gorreros- choros como seres vulgares que tratan de aplastar al prójimo y aprovecharse de él. Pienso que esa clase de gente no dejará nada valioso al mundo. Solo quieren poder, prestigio. Revolotean en el mundo de las opiniones. Importa más el parecer que el ser. De esa clase de gente está llena nuestra política.
En el mundo letrado, abundan los sofistas: expertos en florear a medio mundo con términos altisonantes, con ínfulas eruditas. Paporreteros de cafetín y cantina, gente de coloquio, simposio y charla vana. No me interesa el discurso; me interesan los hechos, las obras. Me importa la producción, no el comentario ni el intento ni la duda. La charlatanería abunda en las humanidades. ¿Se consigue algo hablando de las lecturas realizadas? ¿ Hacia dónde nos lleva esa rutina decorativa, carente de emoción, esa rutina autosuficiente de palabritas y tonitos de voz que me irritan? Sofistas y más sofistas veo por doquier. Todos hablan y hablan. Pocos producen.
Me rebelo contra la gente que se nos acerca para obtener algo de nosotros. Qué horrible es ese aspecto de la vida. La criollada, esa tara que linda con lo delincuencial. Abunda la gente gorrera, que te picotea monedas, billetes, y jamás piensa pagarte. No soporto a esa clase de pendejitos. Quedar bien con todos no es mi estilo. Busco sinceridad, espontaneidad, no cálculo ni arreglos ni diplomacias mediocres.
Una vez más, me rebelo contra los sofistas de hoy.
oe no te metas con mi lectura de Coetzee
ResponderSuprimirNo hablaba de ti. Al contrario: tú eres la flor en medio del pantano sofista.
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