jueves, 14 de abril de 2011

Cuando pienso en revolución

Cuando pienso en revolución, jamás aterrizan en mi mente fusiles, cochebombas ni asesinatos. Viene hacia mí la figura de María Elena Moyano, quien afirmaba que la revolución no era muerte, sino afirmación de la vida. La revolución era construcción y no destrucción. Lo demás es ideología mal aplicada, anhelos pasadistas de querer emular a dictadores como Mao; el marxismo mal entendido como el discurso de eternos universitarios politiqueros, armados de términos altisonantes que se estancan en la banalidad de la retórica.

Cuando pienso en revolución, aterriza en mi mente el progreso paulatino de algunos sectores de los Conos, que han autogestionado su progreso. Sé que en ese despegue hay dinero de narcotráfico; sé que hay mafia, como en todo sector social. Sin embargo, ese rutilante protagonismo- siempre con pros y contras, claro está- se respira en sus calles, en sus manifestaciones culturales como el huayno moderno y la cumbia( y sus múltiples vertientes). Siempre habrá turbiedades, pero hay que apoyar esta revolución espontánea capaz de acallar la oxidación de ideales panfletarios de hoz y martillo.

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