Ya dejen en paz a Roberto Bolaño, lectores del campus católico. El chileno es un grande, claro que sí. Por lo tanto, no saturen los oídos con halagos convencionales. El chileno es un gigante, por supuesto, pero está de moda. Anagrama lo ha puesto de moda desde hace más de un lustro. Los detectives salvajes, rutilante novelón que ganó el Premio Herralde, es una gran obra. Es emotiva, inmensa, inolvidable. Lo mismo he oído decir de 2666, ladrillazo que aún no leo, pero que quiero leer. Por lo tanto, ya suéltenlo, ratones de editoriales españolas. No hablen tanto de Bolaño que me va a ocurrir lo mismo que me pasó con Rayuela, novela juguetona que nunca pude terminar. No podía zafarme de la cabeza las frases de toda la gansada alabando ese librón. Rayuela por aquí, Rayuela por allá. Me aburrieron tanto esas lenguas zanahorionas que me declaré enemigo del barbado trompetista, íntimo del cuasi humalista Vargas Llosa.
Roberto Bolaño me impactó desde la primera página de Los detectives salvajes. García Madero, una soplada de cuete, el real visceralismo. Bacán. Lo máximo. Al terminar el libro, me arropó la sensación de haber terminado un clásico, una obra maestra. Luego leí otros libros del mapochino. Una novelita lumpen me enterneció, Amberes me dejó perplejo. Saboreé como en un suculento bufet algunos cuentos de El gaucho insufrible, otros de Llamadas telefónicas, otritos de Putas asesinas. Monsieur Pain no me gustó tanto.
Como verán, no es que no me guste Bolaño. Para serles franco, me gusta cómo escribe. Por algo he chequeado con interés sus libros.
Sé que Roberto Bolaño enternece a los lectores, pero nótese que se trata de un tipo de lectores: los metaliterarios. He probado con personas ajenas al mundillo libromaníaco y Bolaño no los mueve tanto. Los que giramos en torno a la literatura nos vemos retratados en sus historias: aprendices de narradores y poetas, críticos cuya imaginación es un páramo solo idóneo para el higadismo, traductores, editores... Hay otro tipo de personajes, pero esta gama literaria es la que impera. Porque los libros de Bolaño rezuman vida literaria. Además, súmenle a ese hecho que la prosa de Bolaño sea lírica, pero no tanto. Llana, pero no tanto. Cabalga entre lo accesible y lo medianamente aceptable para un lector exigente de culo fruncido.
En suma, me parece que Bolaño pega porque, en primer término, es innovador en sus propuestas y no es difícil de digerir. Por ejemplo, yo considero a Juan Carlos Onetti mucho más apasionante que Bolaño, pero la gente- incluida la literaria- no le ha agarrado camote al charrúa porque es más tranca pe, admítanlo. No es fácil de leer, ratones.
Roberto Bolaño está de moda. Todos lo van a leer, todos lo leen, todos lo leemos. Leer a Bolaño es estar al día en la industria literaria venida de la Madre Patria. Leerlo es un placer. Y ojalá que no solo lo sea para la gente ligada a la literatura.
Falso. Bolaño no se agota en lo metaliterario. Hay que leer Nocturno de Chile, Estrella Distante, 2666, Putas Asesinas, Llamadas Telefónicas, etc.
ResponderSuprimirIncluso, cuando escribe sobre poetas (Detectives Salvajes) lo hace desde la acción. No desde sus textos. ¿Te has dado cuenta que en la novela no se publica ningún texto (o metatexto) de los personajes?
Por ello, te recomendaría que cuando des un juicio crítico medianamente serio sobre Bolaño debas leer algo más que los Detectives Salvajes y la crítica de tus amigos de la PUCP.
Saludos,
Carlos Trinidad
Es solo un comentario basado en mis impresiones. Me gustaría leer el resto de su obra, pero en esta época ando sin tiempo. Pero en ningún momento he afirmado que Bolaño se agote en lo metaliterario. Solo hablaba de la notoriedad de sus personajes literarios, presencia que jala mucho a determinado tipo de lectores.
ResponderSuprimirGracias por tu comentario.