Tiene brazos largos, mide 1.73, es flaca y no tan joven para ser boxeadora. En cierto momento, anclada en el extranjero, decidió cambiar de vida y cumplir un sueño: el box. Trabajó en oficios múltiples y así fue juntando dinero para pagar su sueño. Se compró unos guantes y comenzó a entrenar, día a día, con imbatible determinación. Cómo no pensar en la película One million dollar, baby del viejo Clint cuando veo pelear a Kina. Me gusta que tenga las agallas de hacer lo que desea.
Kina llegó a ser campeona mundial. Lo sigue siendo. En su más reciente defensa del título, triunfó una vez más. Y es paradójico que le arrebatara el título a la boxeadora que entrenó a la actriz de la película del talentoso Clint. Luego defendió su estatus de reina de su peso ante una flaca y juvenil brasileña. Más adelante, hizo lo mismo con una colombiana achorada. Ayer, volvió a erigirse como una ganadora ante la aguerrida y varonil Rhonda Luna. La norteamericana no fue fácil. Era pequeña, pero maciza y de golpes contundentes. Cada round fue una pugna pareja. Kina ejerció más dominio que Rhonda y por eso ganó por puntos. Rhonda ya le había ganado antes, así que nuestra campeona se cobró la revancha. No hay que pensar que la revancha es mala: nos vitaliza, nos da fuerza. Hay tantas acciones que realizamos por rabia y que nos resultan bien. Y en el box hay que apelar a la rabia, a la revancha, con el fin de bombardear de golpes la cara del oponente. Cuando la pelea ya se ha iniciado, los boxeadores son dos fuerzas, afirmó Norman Mailer, ese gran periodista y escritor. Él tiene razón. Pero no solo en el box: en todo ámbito, somos fuerzas colisionando, perseverando por imponerse.
calichín, si supieras cuantas de esas peleas de anoche estuvieron arregladas... el mundo del box es asi..
ResponderSuprimirAl menos los golpes parecían reales...y las caras se hinchaban igual.
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