sábado, 2 de abril de 2011

La perpetuidad del error

Hace unas horas revisé Lima Norte y cobré renovada conciencia del arsenal de falencias de redacción que presenta. Tres comas incorrectas fueron insertadas trágicamente por el editor. Lo demás corre por mi cuenta. Cuando escribí la novela, era un desordenado alumno de Literatura, a menudo envuelto en juergas junto a compinches de Derecho y Sociales. No reparaba tanto en la forma: escribía guiado por una turbia vehemencia. Influenciado por la lectura de A sangre fría, me sentía el cronista de mi ciudad, el descubridor de zonas ocultas. Chandler, Onetti, Vargas Llosa y Miguel Gutiérrez en mi cabeza. La Túpac Amaru, el Karamba, Collique y Retablo en mi cabeza.


Así pasó un año y la novela fue concluida.


Meses después, comencé a enseñar cursos de Redacción. Aquel año, 2008, intenté publicar la novela, pero una buena posibilidad no llegó a concretarse. Tendría que esperar hasta mediados de 2009 para publicar mi ópera prima. La corregí cuantiosas veces. La imprimí una y otra vez. Y siempre aparecían nuevos errores. Siempre nuevos. En un momento, pensé que la novela estaba bien pulida, pero el editor me hizo notar algunos errores. Es decir, la corrección nunca terminaba.


Vivo ansioso de publicar una segunda edición de Lima Norte y corregir todo aquello que hice mal. Inclusive, me gustaría escribirla de nuevo y agregarle escenas en el óvalo de Naranjal, en El Huaralino, en Plaza Lima Norte( no existía cuando escribía mi novelita), en el Metropolitano que escinde la Túpac Amaru...Desearía visitar Carabayllo y conocer de verdad Río Seco, localidad minera que solo he recorrido con la imaginación.

Más que una nueva versión, sería una nueva novela que abarque aquellos aspectos de Lima Norte que dejé sueltos.

Una tarea pendiente. Otra más.

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