domingo, 3 de abril de 2011

RAÚL ARQUÍNIGO, el Cantautor Nacional


Descubrí su nombre en una tela inmensa que tiritaba sobre una fachada de la avenida Pachacútec, a escasas cuadras de Villa María del Triunfo. Raúl Arquínigo formaba parte de un contingente de cantantes folclóricos que se presentaría en un local y una fecha que no pude leer. Apunté en mi libreta: Raúl Arquínigo.

Rato después, mientras me paseaba por el mercado de Villa María, reconocí el nombre en una pila de cidís. Decidí comprar el disco. En la portada, aparecía un hombre robusto de rostro rosado y peinado de formas añejas. Además, compré un disco de Fresialinda.

Días después, coloqué la música de ambos en mi mp3 y comencé a oír las canciones diariamente. Raúl Arquínigo y Fresialinda se convirtieron en la columna vertebral de la banda sonora de mi Lima Sur.

Tiempo después, cuando la novela ya había sido finalizada, decidí contactar a Raúl Arquínigo. Lo agregué al Facebook y le mandé un mensaje, en el cual mostraba mi interés por entrevistarlo y escribir una crónica sobre él. Arquínigo me respondió días después. Estaba contento de que apreciara su música y me dio su teléfono. Luego de unas semanas, decidí llamarlo al celular. Yo lo tuteé y él me trató de usted. Su voz era solemne, madura, de eses cerradas. Quedamos en que lo visitaría un domingo, que, por desgracia, era un día electoral. Por lo tanto, el encuentro no se llevó a cabo, pues no me dio el tiempo.

Y la rutina académica me impidió mantener el contacto con el músico ancashino.

Hace poco, alguna noche de verano, le escribí de nuevo al Facebook. Le di a entender que mi interés por escribir sobre él seguía latente. Le conté, además, que había escrito una novela donde él aparecía en algunas escenas y que el epígrafe era suyo: cuatro versos de su canción Cuando habla el corazón.

Mi madre me dijo

con blanquita ojos azules

pero mi pecho, mi corazón

de una morena se enamoró.


Cuando salga a la luz Lima Sur- en algún momento será publicada-, te regalaré un ejemplar, querido Raúl, e iniciaremos un vínculo que tal vez desemboque en una amistad real que supere al silencio de la literatura y a la fugacidad periodística.

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